El azul de la Virgen
- Автор: Шевалье Трейси
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El azul de la Virgen». Краткое содержание книги:
La primera de estas historias comienza en el último tercio del siglo XVI. El mismo día en que, en un pequeño pueblo francés, pintan el nicho de la Virgen de un azul intenso, a Isabelle se le enrojece el pelo. Desde aquel día es llamada La Rousse, como la Virgen María (ya que se decía que también tenía el pelo rojo). Pero ese apodo deja de ser cariñoso cuando los hugonotes proclaman que la Virgen se interpone entre los creyentes y Dios.
La segunda historia transcurre a finales del siglo XX. Mientras busca un pueblo interesante para establecerse con Rick, su marido, un arquitecto también norteamericano aunque sin raíces francesas, Ella Turner piensa que Francia es un banquete del que está dispuesta a probar todos los platos. Todo parece ir bien… hasta que empieza a tener pesadillas cada vez que hace el amor con su marido con la intención de concebir un hijo. Ella Turner sueña en azul, se siente arrastrada hacia un lugar lleno de azul.
Finalmente el secretario de Le Pont de Montvert procedió a explicar que Lefevre d'Etaples había sido el primer traductor de la Biblia latina al francés vernáculo, a fin de que otras personas, además de los sacerdotes, pudieran leerla.
– Aquello fue el comienzo -afirmó-. Aquello fue el comienzo de todo. ¡El mundo se partió en dos! -al hacer declaración tan capital, se inclinó hacia adelante en su taburete y fue a caer en medio del bar.
Traté de no sonreír, pero Mathilde se tapó la boca con la mano, Sylvie rió descaradamente y Jean-Paul sonrió mientras pasaba las hojas de la Biblia. Recordé que además estuvo examinando durante mucho tiempo la página con los nombres de los Tournier y que había garrapateado algo en el reverso de un sobre. Y yo estaba demasiado achispada para preguntarle qué hacía.
Pese a la indignación de Mathilde y a mi decepción, monsieur Jourdain fue incapaz de recordar quién le había hecho entrega de la Biblia.
– ¡Los registros tiene que llevarlos precisamente para eso! -le riñó Mathilde-. ¡Preguntas importantes, para alguien como Ella!
Monsieur Jourdain puso cara de estar muy avergonzado, apuntó los nombres de todos los miembros de la familia enumerados en la Biblia y prometió ver si podía encontrar algo sobre ellos, incluso aunque no se apellidaran Tournier.
Yo suponía que la Biblia procedía de los alrededores de Le Pont de Montvert, pero no se me ocultaba que podía haber llegado de cualquier otro lugar, de la mano de personas que se hubieran trasladado a la zona. Cuando sugerí esto último, sin embargo, tanto Mathilde como monsieur Jourdain dijeron que no.
– No la habrían llevado a la mairie si fuesen forasteros -explicó Mathilde-. Sólo una verdadera familia de las Cevenas se la habría entregado a monsieur Jourdain.
Aquí el sentimiento de la historia es muy fuerte, y objetos familiares como esta Biblia no salen de las Cevenas.
– Pero las familias se marchan. La mía lo hizo.
– Estaba de por medio la religión -replicó Mathilde con un movimiento desdeñoso de la mano-. Por supuesto que se marcharon entonces, y muchas familias más después de 1685. ¿Sabes? Es curioso que tu familia se fuera cuando lo hizo. Los protestantes de las Cevenas lo pasaron mucho peor cien años después. La Noche de San Bartolomé fue una… -se detuvo y se encogió de hombros, luego movió una mano en dirección a Jean-Paul-. Explíquelo usted -llevaba leotardos de color rosa y una minifalda a cuadros.
– Un acontecimiento burgués, más o menos -prosiguió él sin solución de continuidad, sonriéndole-. Destruyó la nobleza protestante. Pero los hugonotes de aquí eran campesinos y las Cevenas estaban demasiado aisladas para que se sintieran amenazados. Pudo haber tensiones con los pocos católicos locales, imagino. La catedral de Mende siguió siendo católica, por ejemplo. Podrían haber decidido salir a aterrorizar a unos cuantos hugonotes. ¿Qué opinas tú, mademoiselle? -dirigiéndose a Sylvie.
La niña lo miró desapasionadamente, luego sacó las piernas, agitó los dedos de los pies y dijo:
– Mira, ¡mamá me ha pintado las uñas de blanco!
Volví a ocuparme ahora de la lista de los Tournier Y la estudié detenidamente. Allí estaba la familia que debía de haber terminado en Moutier: Etienne Tournier, Isabelle du Moulin y sus hijos Jean, Jacob y Marie. Según la nota de mi primo suizo, Etienne había figurado en un registro militar en 1576 y Jean se había casado en 1590 Comparé las fechas; eran razonables. Y el Jacob hijo de Etienne y de Isabelle era uno de la larga lista que terminaba con mi primo. Tengo que contárselo, pensé. Voy a escribirle para que lo sepa.
Atrajeron mi atención unas palabras escritas en e interior de la cubierta que nadie había advertido antes Eran rasgos imprecisos y débiles, pero conseguí descifrar «Mas de la Baume du Monsieur». La Granja del Bálsamo, del Caballero, toscamente traducido. Había comprado un mapa muy detallado de la zona alrededor de Le Pont de Montvert: lo saqué y empecé a mirar. Busqué, mediante la técnica de círculos concéntricos a partir del pueblo, un nombre similar. Sólo tardé cinco minutos en encontrarlo, a unos dos kilómetros al noroeste de Le Pont de Montvert. Era una colina al norte del Tarn exactamente, cubierta a medias por bosques. Allí había algo para Jean-Paul
Aunque no debía de haber visto el nombre de la granja la noche anterior, porque lo habría señalado. ¿De qué estaría hablando al decir que sabía algo acerca de mi familia? Examiné despacio nombres y fechas, pero sólo encontré dos cosas poco corrientes en la lista: un Tournier se había casado con alguien de su mismo apellido y uno de los Jean había nacido un primero de enero.
Cuando llegué a la biblioteca la tarde siguiente con la Biblia en una bolsa, Jean-Paul se tomó muy en serio la ceremonia de presentarme a la otra bibliotecaria, quien, tan pronto como vio la Biblia, abandonó su aire desconfiado.
– Monsieur Piquemal es experto en libros antiguos, en historia -me explicó con voz cantarina-. Es su especialidad. Pero yo sé más sobre novelas, historias románticas, cosas así. Libros más populares.
Me pareció advertir una pulla contra Jean-Paul, pero me limité a asentir con la cabeza y a sonreír. Jean-Paul esperó a que termináramos de hablar y luego me llevó a una mesa en la otra sala. Abrí la Biblia mientras él sacaba del bolsillo su trozo de sobre.
– Veamos -dijo, expectante-. ¿Qué has descubierto?
– Tu apellido es Piquemal.
– ¿Y?
– «Picadura dolorosa.» Perfecto -le sonreí y frunció el ceño.
– Pique también puede significar lanza -murmuró.
– ¡Mejor todavía!
– Veamos -repitió-. ¿Qué has encontrado?
Le señalé el nombre de la granja en el interior de cubierta, luego extendí mi mapa y señalé el lugar. Jean-Paul asintió con la cabeza.
– Bien -dijo, examinando el mapa-. Ahora no hay edificios allí, pero al menos tenemos la seguridad de que la Biblia procede de la zona. ¿Qué más?
– Una boda entre dos Tournier.
– Sí; primos, probablemente. No era demasiado infrecuente entonces. ¿Qué más?
– Hum, hay uno que nació un primero de enero.
Jean-Paul alzó las cejas; me arrepentí de haber hablado.
– Algo más? -insistió.
– No -resultaba irritante una vez más, pero no le era posible estar a su lado y hablar como si la noche anterior no hubiera sucedido nada. Su brazo se hallaba tan cerca del mío que podía rozarlo sin hacer ningún esfuerzo. Esto es lo más cerca que vamos a llegar, pensé. Hasta aquí y nada más. Estar sentada junto a él me pareció un triste, inútil.
– ¿No has encontrado nada más interesante? -sopló Jean-Paul-. Bah, educación americana. Serías una mala detective, Ella Tournier -al ver mi expresión se calló y pareció avergonzado-. Lo siento -dijo, pasando al inglés como si aquello fuese a aplacarme-. No te gustan mis bromas.
Negué con la cabeza y seguí con los ojos fijos en la Biblia.
– No es eso. Si no quisiera que me tomaras el pelo no hablaría nunca contigo. No, es sólo que… -agité la mano como para cerrar el tema-, la otra noche -expliqué en voz baja-. Es duro estar aquí de esta manera
– Ah -seguimos juntos, mirando la lista de la familia, muy consciente cada uno de la presencia del otro.
– Curioso -rompí el silencio-. Acabo de darme cuenta. Etienne se casó con Isabelle un día antes de su cumpleaños. Veintiocho y veintinueve de mayo.
– Sí Jean-Paul me golpeó apenas la mano con un dedo-. Sí. Fue lo primero en lo que me fijé. Extraño. De manera que me pregunté si era una coincidencia. Luego vi la edad que tenía. Veinticinco el día después de la boda-
– Cumplió los veinticinco.
– Sí. Ahora bien, entre los hugonotes de la época, cuando un varón cumplía veinticinco años, ya no necesitaba el permiso de sus padres para casarse.
– Pero tenía veinticuatro cuando se casó, de manera que necesitaba el permiso.