Contra Todas Las Reglas
- Автор: Ховард Линда
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Contra Todas Las Reglas». Краткое содержание книги:
Al instante los brazos masculinos la rodearon y la abrazó fuerte.
– ¿Y por qué esos lloros ahora? -preguntó riéndose aliviado.
– No lo puedo remediar -dijo ella sorbiendo por la nariz.
El doctor se rió y le dio palmaditas en el hombro.
– Llore lo que quiera -dijo bondadosamente-. Él se pondrá bien, se lo prometo. Se lo podrá llevar a casa en poco más de un día y el dolor de cabeza por la conmoción debería mantenerlo en la cama el tiempo suficiente para que la pierna empiece a curarse bien.
– ¿Podemos verlo ahora? -preguntó Cathryn, limpiándose los ojos. Quería verlo, tocarlo, y que supiera que Lewis y ella estaban todavía allí.
– Todavía no. Lo hemos llevado abajo para hacerle una radiografía a la pierna. La avisaré cuando esté instalado en su habitación.
Lewis y ella esperaron en la sala de visitas con tazas de café amargo de la maquina expendedora de la esquina. Estaba agradecida por la presencia del hombre, aunque fuera un extraño. Ni una sola vez se había demostrado trastornado o fuera de control a pesar de la rapidez con la que había actuado. Si hubiera dejado translucir aunque fuera un poco de miedo, Cathryn sabía que ella se habría derrumbado.
Lewis se sentó desgarbadamente sobre la incómoda silla de plástico, sus largas piernas, con las botas y extendidas le recordaron a las de Rule. Al gruñir su estómago dijo:
– Rule debe estar muerto de hambre. Esta mañana no ha desayunado.
– No, no tendrá hambre hasta que su cuerpo se recupere de la conmoción -explicó Lewis-. Pero nosotros ya somos otra cosa. Vamos a buscar una cafetería. Podremos comer algo y tomar una taza de café decente.
– Pero Rule…
– No irá a ninguna parte -insistió Lewis, cogiéndola de la mano y levantándola de la silla-. De todas formas habremos vuelto antes de que hayan acabado. He tenido fracturas como la suya; sé cuánto tiempo tardarán.
Acertó. Aunque se entretuvieron en la cafetería ya había pasado más de una hora desde que habían vuelto cuando una enfermera se acercó a ellos y les dio la ansiada información de que Rule ya estaba en su habitación. Fueron al piso que les dijeron y encontraron al doctor en el pasillo.
– Ha sido una rotura limpia. Se pondrá como nuevo -les aseguró-. Estoy seguro de que no hay nada de lo que preocuparnos. Está demasiado malhumorado para estar muy mal -miró a Lewis y sacudió la cabeza algo intimidado-. Es más cabezota que… -le echó una rápida mirada a Cathryn y se interrumpió bruscamente-. Se negó a que le pusieran ninguna clase de anestesia, ni siquiera local. Dijo que no le gustaba.
– No -dijo Lewis suavemente-. No le gusta.
Cathryn se movió impaciente y el doctor sonrió.
– ¿Quiere verlo ahora? -preguntó divertido.
– Sí, claro que sí -contestó rápidamente Cathryn. Necesitaba ir al lado de Rule, para tocarlo y convencerse de que estaba realmente bien.
No sabía que esperar. Estaba preparada para ver contusiones y vendas, algo que no sabría si podría soportar al ser Rule el herido. Lo que encontró cuando abrieron la puerta fue un cabello negro alborotado, una cara que parecía tan somnolienta como enfadada y una pierna envuelta en un molde blanquísimo que se apoyaba en un cabestrillo colocado en un aparato al pie de la cama.
Le había puesto el camisón del hospital, pero no había durado mucho tiempo. La prenda estaba tirada de cualquier manera en el suelo, y supo que bajo la delgada sábana Rule estaba como vino al mundo. A pesar de sí misma, empezó a reírse.
Él empezó a girar la cabeza con muchísimo cuidado, y Cathryn oyó detrás de ella la risa sofocada de Lewis. Rule dejó de intentar mover la cabeza y en lugar de ello movió sólo los ojos. Incluso eso hizo que se estremeciera perceptiblemente.
– Pues que bien, allí parada regodeándote -gruñó a Cathryn-. Ven a coger mi mano. Ya podrías tener un poco de compasión.
Obedientemente, fue hacia la cabecera, y aunque todavía se reía, sintió la quemazón de las lágrimas en sus ojos. Le cogió la mano y se la llevó a los labios para darle un rápido beso en los delgados y poderosos dedos.
– Me has dado un susto de muerte -lo acusó, su voz era tan bromista como llorosa-. Y ni siquiera parece que estés herido, excepto por la pierna. ¡Sólo pareces un gruñón!
– Pues no ha sido un día para un picnic -dijo él dolido. Su mano apretaba la de ella y la acercó aún más a la cama; pero su mirada fue hacia Lewis-. Lew, ¿Redman está malherido?
– Nada serio -le reconfortó Lewis-. Caminaba bien. Lo vigilaré por si le sale algún golpe.
Rule se olvidó de su estado y asintió con la cabeza, un olvido que pagó inmediatamente. Gimió en voz alta y se puso la mano en la frente.
– Maldición -juró débilmente-. Tengo un maldito dolor de cabeza. ¿No han dejado una compresa con hielo o algo así?
Cathryn miró alrededor y encontró el hielo en el suelo, donde claramente había sido arrojado junto con el camisón de hospital. Lo recogió y se lo colocó en la frente. Él suspiró aliviado y volvió a dirigirse a Lewis.
– Vuelve al rancho -instruyó al capataz-. Hay mucho que hacer allí antes de la venta como para que no estemos ninguno de los dos, ni siquiera por un día. La yegua parda debería llegar mañana o pasado. Ponla con Irish Gale.
Lewis escuchó atentamente mientras Rule le decía lo que se debía hacer los próximos dos días. Hizo unas breves preguntas; después se fue antes de que Cathryn pudiera comprender que la había dejado allí. Rule no había liberado su mano en todo aquel tiempo. Ahora volvió su somnolienta mirada hacia ella.
– No te importa quedarte conmigo, ¿verdad?
Ni siquiera se le había ocurrido irse, pero el que se lo preguntara después de que se encontrara sin medios para hacerlo, hizo que le dirigiera una mirada sardónica.
– ¿Importaría mi opinión?
Sus ojos oscuros se volvieron aún más oscuros. Luego su mandíbula se tensó.
– No -dijo él rotundamente-. Te necesito aquí -se removió en la cama y murmuró una maldición cuando le palpitó la cabeza-. Esto cambia las cosas. No puedes dejar el rancho ahora, Cat. Con la venta tan cerca necesito tu ayuda. Hay demasiado trabajo para que Lewis pueda hacerlo solo, y en lo que se refiere a lo básico, es tu responsabilidad porque es tu rancho. Además, si alguna vez puedes estar a salvo de mí, es ahora. No puedo luchar ni contra un gatito, y mucho menos con una gata adulta [1].
Ni siquiera pudo reírse de su juego de palabras. Se le veía tan extrañamente indefenso que deseó no haber dicho nada. Toda idea de irse del rancho había desaparecido de su mente en el mismo momento en que oyó que Rule estaba herido, pero no se lo dijo. Simplemente aparto un mechón negro de la frente de él y dijo quedamente.
– Claro que me quedaré. ¿De verdad creías que me marcharía ahora?
– No lo sabía -refunfuñó-. No podría detenerte si quisieras irte, pero confiaba en que el rancho significa lo suficiente para ti como para que te quedaras.
No se quedaba por el rancho. Se quedaba por Rule. Pero su accidente no la había privado de su sentido común, por lo que tampoco le dijo esto. En lugar de eso, le subió un poco más la sábana sobre el torso y bromeó:
– Tengo que quedarme, aunque sólo sea para proteger tu modestia.
Él la miró con expresión pícara a pesar de la palidez de su cara y la mirada desenfocada de sus ojos.
– Ya es un poco tarde para proteger mi modestia. Pero si quieres proteger mi virtud, podrías ayudarme a rechazar a esas enfermeras casquivanas.
– ¿Tu virtud necesita que la protejan? -se sintió casi mareada por el insólito placer de bromear con él, de estar coqueteando. Era extraño que tuviese que estar acostado e incapaz de moverse para que se sintiera lo suficientemente cómoda para bromear, pero claro, siempre había sido cautelosa en todo lo referente a él. No era de sentido común el volverle la espalda a una pantera.
[1] Gata en inglés es Cat. Juego de palabras que hace el protagonista.