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Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:

No es fácil ser famosa cuando tu vida se cae en pedazos… Georgie York ha sido abandonada por su marido, una famosa estrella de cine; su propia carrera está yéndose por el retrete; y su imagen pública como heroína romántica en un culebrón corre grave peligro.
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
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Ella, de una forma predecible y patética, salió en defensa de Lance.

– Pues era un gran amante. Amable y considerado.

– ¡Qué aburrimiento!

– ¡Cómo no, tenías que decir algo sarcástico!

– Por suerte para ti, yo no soy amable ni considerado. -Deslizó el dedo por la parte interior del codo de Georgie-. A mí me gusta el sexo duro y sucio. ¿O acaso la idea de tener sexo con un hombre adulto asusta a nuestra pequeña Scooter?

Georgie se apartó de él.

– ¿Qué hombre? Yo lo único que veo aquí es a un chiquillo con un cuerpo grande.

– ¡Deja ya de joder, Georgie! He renunciado a muchas cosas por ti, pero no pienso renunciar al sexo.

Ella hacía tiempo que sabía que sólo podría evitar esta cuestión durante cierto tiempo. Si no le daba a Bram lo que quería, él no sentiría el menor remordimiento en buscar a alguien que se lo diera. Georgie odiaba sentirse atrapada.

– ¡Deja tú de joder! -replicó-. Los dos sabemos que la probabilidad de que seas fiel es menor que el saldo de tu cuenta.

– Yo no soy Lance Marks.

– Desde luego, pero Lance sólo me engañó con una mujer, mientras que tú lo harías con miles. -Dirigió su dedo índice a las facciones perfectas de Bram-. Ya me han humillado públicamente una vez y, llámame susceptible, pero no quiero que vuelva a ocurrirme.

– Yo puedo serle fiel a una mujer durante seis meses -Bram deslizó la mirada a sus pechos-, si es lo bastante buena en la cama para mantener mi interés.

La estaba provocando de una forma deliberada, pero aquellas palabras le hirieron de tal forma que su respuesta sarcástica no sonó nada sarcástica:

– Entonces, es obvio que tenemos un problema.

Bram frunció el ceño.

– ¡Eh, que yo soy el único que puede humillarte! Si lo haces tú misma, entonces no tiene ninguna gracia.

Georgie odió que él hubiera vislumbrado, incluso durante un breve instante, su baja autoestima.

– Me aseguraré de que no vuelva a ocurrir -dijo.

Bram parecía enojado.

– No puedo creer que permitas que aquel gilipollas te hundiera de esta manera. El problema es suyo, no tuyo.

– Ya lo sé.

– No creo que lo sepas. Vuestro matrimonio se derrumbó por culpa de su carácter, no del tuyo. Los tíos como Lance siempre andan detrás de la mujer que consideran más fuerte, y el Perdedor ha decidido que en este momento ésa es Jade.

Georgie perdió el control.

– ¡Claro que es Jade! ¡Ella lo tiene todo! Es guapa, una gran actriz, y en cuanto a generosidad, ella no se queda en las simples palabras. Jade está por ahí salvando vidas. Gracias a ella, ahora mismo muchas niñas asiáticas están asistiendo a la escuela en vez de verse obligadas a vender sus cuerpos a los pervertidos sexuales. Es probable que, cualquier día de estos, a Jade le concedan el Nobel de la Paz. Además, se lo merecerá. Resulta algo difícil competir con ella.

– Estoy seguro de que Lance está empezando a darse cuenta de ese hecho.

Todas las emociones que ella había intentado controlar salieron a la superficie.

– ¡Yo también me preocupo por los demás!

Bram parpadeó un par de veces.

– Sí, claro.

– ¡Claro que me preocupo! Sé que hay sufrimiento en el mundo, lo sé y haré algo al respecto. -Georgie se dijo a sí misma que se callara, pero las palabras seguían brotando de su boca-. Iré a Haití. En cuanto pueda organizarlo. Conseguiré suministros médicos y los llevaré a Haití.

Bram inclinó la cabeza a un lado. Se produjo una larga pausa y, cuando por fin habló, se mostró inusualmente amable.

– ¿No crees que eso es un poco… frío? ¿Utilizar la desgracia de ciertas personas como ardid publicitario?

Georgie hundió la cara en las manos. Bram tenía razón y ella se aborreció a sí misma.

– ¡Oh, Dios mío, qué horrible soy!

Bram la cogió por los hombros y la giró hacia él.

– Por fin me caso, y lo hago con la tía más loca de Los Ángeles.

Georgie se sentía avergonzada y no confió en la compasión que él le mostraba.

– Siempre has tenido un gusto espantoso en cuanto a mujeres.

– Y una idea fija. -Le levantó la barbilla con el dedo-. Aunque comprendo y simpatizo con tu vergonzosa crisis nerviosa, volvamos a las cuestiones más apremiantes.

– No.

– Mientras lleves mi anillo falso, te prometo que no te engañaré.

– Tus promesas no tienen valor. En cuanto hayas superado el reto, acecharás a una nueva presa. Y los dos lo sabemos.

– Estás equivocada. Vamos, Georgie, afloja.

– Necesito más tiempo para adaptarme a la idea de convertirme en una puta.

– Permite que te ayude a acelerar el proceso -repuso Bram, y de pronto la besó en la boca.

Aquel beso era real, sin fotógrafos al acecho ni directores preparados para gritar «¡Corten!». Georgie se dispuso a apartarse, pero entonces se dio cuenta de que no sentía la necesidad de hacerlo. Se trataba de Bram. Ella sabía lo golfo que era, lo poco que significaban sus besos, y eso mantenía sus expectativas bajas y cómodas.

Él le introdujo la lengua en una sensual exploración. Había aprendido a dar unos besos increíbles y ella echaba de menos la intimidad con un hombre más de lo que estaba dispuesta a admitir. Georgie le rodeó los hombros con los brazos. Bram sabía a noches oscuras y vientos peligrosos, a traición de juventud y abandono cruel. Pero como lo conocía tan bien y estaba empezando a confiar en sí misma, no se sintió emocionalmente en peligro. Bram quería utilizarla. Pues bien, ella también lo utilizaría a él. Sólo durante unos instantes. El tiempo que durara aquel beso.

Bram le apoyó una mano en la parte baja de la espalda para unir sus caderas. Su miembro estaba tieso y ella iba a decirle que no, y ese poder le dio la libertad de permitirse disfrutar del momento. Bram curvó la mano sobre su trasero. ¡Si al menos aquel hombre que olía tan bien, le hacía sentirse tan bien y besaba tan bien no fuera Bram Shepard!

La noche y la tenue luz del dormitorio de Georgie transformaron los ojos lavanda de él en azabache.

– ¡Te deseo tanto! -murmuró Bram.

Un escalofrío oscuro y erótico recorrió el cuerpo de Georgie, pero se vio interrumpido por una explosión de luz blanca y azul.

Él levantó la cabeza de golpe.

– ¡Mierda!

Georgie tardó unos instantes en reaccionar. Cuando procesó el hecho de que la repentina luz procedía del flash de una cámara, Bram ya había entrado en acción. Pasó las piernas por encima de la barandilla del balcón y saltó al techo del porche de la planta baja. Ella dio un respingo y se inclinó por encima de la barandilla.

– ¡Para! Pero ¿qué haces?

Él no le hizo caso y avanzó como pudo por el tejado, como Lance o su doble habían hecho docenas de veces en otras tantas películas. El fogonazo del flash había surgido de un árbol de gran tamaño que alcanzaba el jardín por encima del muro medianero.

– ¡Te vas a romper el cuello! -gritó Georgie.

Bram se deslizó por el borde del tejado del porche quedando suspendido, durante un instante, de los dedos de las manos y, a continuación, se dejó caer al suelo.

Las luces de seguridad de la parte posterior de la casa se encendieron. Bram se puso de pie, atravesó el jardín a todo correr y desapareció detrás de unas cañas de bambú. Segundos después, su cabeza y sus hombros aparecieron mientras escalaba el alto muro de piedra que separaba su propiedad de la de su vecino.

¡Menuda estupidez! Georgie bajó las escaleras a toda velocidad y salió corriendo al jardín, que estaba iluminado como si fuera mediodía. La idea de que un instante tan íntimo fuera expuesto al mundo le producía náuseas. Corrió por el sendero hasta el muro mientras sus Crocs le raspaban los talones. El muro se elevaba más de medio metro por encima de su cabeza, pero encontró puntos de apoyo en las piedras y empezó a escalarlo. Un borde afilado le hizo un rasguño en la espinilla. Al final, subió lo suficiente para apoyar los brazos en el borde y ver lo que ocurría al otro lado.

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