Lo que hice por amor
- Автор: Филлипс Сьюзен Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
– Por mí, bien.
Bram entró en el salón con el móvil pegado a la oreja. Iba vestido con unos vaqueros y una vieja camiseta de Nirvana.
– ¿Por qué me telefoneas en lugar de hablarme directamente?
Georgie cambió de oreja el teléfono.
– He decidido que nos comunicamos mejor a distancia.
– ¿Desde cuándo lo has decidido? Ah, sí, ya me acuerdo. Desde hace dos noches, cuando te besé en la playa. -Se apoyó en el marco de la puerta y la miró seductoramente de arriba abajo-. Lo sé por tu forma de mirarme. Te excito y eso te saca de quicio.
– Tú eres guapo y yo un poco putilla, así que ¿cómo resistirme? -Georgie se acercó más el teléfono a la oreja-. Por suerte, tu personalidad anula por completo el efecto. La razón de que te haya telefoneado…
– En lugar de cruzar la habitación y hablarme cara a cara…
– … es que lo nuestro es una relación de negocios.
– ¿Desde cuándo un matrimonio es una relación de negocios?
Eso la enfureció y Georgie cerró el móvil.
– Desde que me embaucaste para que te pagara cincuenta mil dólares mensuales.
– Buena observación. -Bram guardó su móvil en un bolsillo y se acercó con calma a Georgie-. He oído decir que el Perdedor no te dio ni un centavo por el divorcio.
Georgie podría haber conseguido que Lance le pagara millones como compensación, pero ¿para qué? Ella no quería su dinero, lo quería a él.
– ¿Quién necesita más dinero? ¡Ups… tú!
– Tengo que realizar unas llamadas -dijo Bram-. Dame media hora. -Introdujo la mano en el bolsillo de sus vaqueros-. Una cosa más… -Le lanzó a Georgie un estuche-. Lo he comprado por cien pavos en eBay. Tienes que admitir que parece auténtico.
Ella abrió el estuche: contenía un anillo con un diamante cuadrado de tres quilates.
– ¡Uau! Un diamante falso a juego con un marido falso. A mí ya me vale. -Se puso el anillo.
– Esta piedra es más grande que la que te regaló el Perdedor, el muy tacaño.
– Sí, pero el suyo era auténtico.
– ¿Como sus votos matrimoniales?
Una parte de Georgie se autoengañaba y todavía quería creer lo mejor del hombre que la había abandonado, pero reprimió la necesidad que experimentaba de salir en defensa de Lance.
– Lo guardaré siempre, como un tesoro -dijo lentamente mientras pasaba junto a Bram camino de las escaleras.
Georgie consultó el archivador de tres anillas de April y eligió unos pantalones de popelina y una camiseta fruncida de color verde musgo con mangas cortitas y abombadas. También se puso unas manoletinas de Tory Burch, pero renunció al bolso de diseño de tres mil dólares que April recomendaba. Las fans no eran conscientes de que los bolsos obscenamente caros que las famosas utilizaban con tanta ligereza eran regalos de los diseñadores, y Georgie estaba harta de formar parte de la conspiración concebida para que las mujeres corrientes se gastaran montones de dinero en el bolso que reemplazarían por otro el bolso antes incluso de que les cargaran el precio del primero en la cuenta. En su lugar, sacó del armario un bolso divertido y original que Sasha le había regalado el año anterior.
Georgie se arregló el pelo, se retocó el maquillaje y, cuando bajó las escaleras y vio a Bram vestido con los mismos vaqueros y la misma camiseta de Nirvana que llevaba antes, tuvo que tragarse su resentimiento. Por lo visto, Bram no había hecho nada para presentarse ante los fotógrafos y, aún más enervante, no necesitaba hacer nada. Su barba de varios días resultaba tan fotogénica como su pelo encrespado y despeinado. Otro signo de la conspiración hollywoodiense contra las mujeres famosas.
Él señaló la tarjeta que colgaba de un espléndido ramo de flores que había encima de la cómoda.
– ¿Desde cuándo Rory Keene y tú sois tan buenas amigas?
– ¿Es de ella?
– Nos desea lo mejor. Corrígeme si me equivoco, pero parece sentir un interés especial por ti.
– Apenas la conozco.
Eso era verdad, aunque en una ocasión Rory le había telefoneado para aconsejarle que no se involucrara en cierto proyecto. Georgie siguió su consejo y, efectivamente, la película tuvo problemas financieros y el rodaje se abandonó sin poder terminarla. Como Vortex no estaba implicada en el proyecto y Rory no ganaba nada con el consejo, a Georgie le intrigó su interés por ella.
– Supongo que se siente vinculada conmigo por el año que estuvo trabajando como ayudante de producción en Skip y Scooter.
Bram dejó la tarjeta sobre la cómoda.
– Pues no parece sentirse nada vinculada conmigo.
– Porque yo fui amable con ella.
Georgie apenas se acordaba de la Rory de aquellos días, pero sí de la costumbre de Bram de hacerle la vida difícil a los miembros del equipo.
– De una modesta ayudante de producción a la jefa de Vortex Studios en catorce años -declaró Bram-. ¡Quién lo habría dicho!
– Por lo visto, tú no. -Y lo obsequió con su sonrisa más burlona-. Cosechar lo que uno ha sembrado es un asco.
– Eso parece. -Bram se puso unas Ray-Ban negras de cristal reflector devastadoramente sexys-. Salgamos a enseñar tu anillo al público norteamericano.
Posaron para los paparazzi en la entrada del Cofee Bean & Tea Leaf, en el Beverly Boulevard. Bram la besó en el pelo y sonrió a los fotógrafos.
– ¡A que es guapa! Soy el tío más afortunado del mundo.
Después del horrible año cargado de humillaciones públicas, sus fingidas palabras de adoración fueron como un bálsamo para la magullada alma de Georgie. Qué patético, ¿no? Ella le dio un pisotón como respuesta.
Chaz regresaba a la casa después de limpiar el despacho de Bram cuando vio que el seboso asistente de Georgie estaba junto a la piscina, contemplando el agua. Se acercó a él.
– No deberías estar aquí.
Aaron parpadeó tras sus gafas. Aquel tío era un auténtico adefesio. Su pelo, castaño y áspero, salía disparado de su cabeza; quien hubiera elegido aquellas espantosas y enormes gafas debía de estar ciego. Vestía como un sesentón gordo, con la barriga colgándole por encima del cinturón y una camisa informal a cuadros que le tiraba de los ojales.
– Vale.
Aaron pasó junto a ella camino de la casa y Chaz se sacudió las manos.
– Por cierto, ¿qué estabas haciendo?
Él introdujo las manos en los bolsillos de su pantalón, lo que aumentó el volumen de sus caderas.
– Tomándome un descanso.
– ¿De qué? Tu trabajo es fácil.
– A veces, pero ahora es un poco ajetreado.
– Sí, realmente se te ve muy ajetreado.
Aaron no la mandó al cuerno, algo que se merecía por ser tan antipática, pero es que Chaz odiaba que hubiera gente deambulando por su casa. Además, lo que había ocurrido el día anterior en el despacho de Bram, con Georgie y la cámara, la había sacado de quicio. Tendría que haberse ido sin miramientos, pero…
Intentó rectificar su mal talante.
– Seguramente a Bram no le importaría que te bañaras en la piscina de vez en cuando, siempre que no lo hicieras muy a menudo.
– No tengo tiempo para baños.
Aaron sacó las manos de los bolsillos y se alejó en dirección a la casa.
Chaz ya no nadaba, pero cuando era pequeña le encantaba el agua. Probablemente, a Aaron le daba vergüenza el aspecto que ofrecía en bañador. O quizás eso sólo les ocurría a las mujeres.
– ¡Este lugar es muy recogido! -gritó Chaz-. ¡Nadie te vería!
Él entró en la casa sin contestarle.
La chica sacó una red de detrás de las rocas de la cascada y empezó a limpiar la piscina de hojas. Bram había contratado un servicio de limpieza para la piscina, pero a ella le gustaba hacer que el agua se viera limpia y clara. Bram le había dicho que podía nadar siempre que quisiera, pero ella no lo había hecho nunca.