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Recuerdos del futuro [Flashforward - es]

Электронная книга - «Recuerdos del futuro [Flashforward - es]». Краткое содержание книги:

Recuerdos del futuro es la historia de un asombroso descubrimiento en las instalaciones del CERN en Suiza. El equipo de investigación de Lloyd Simcoe y Theo Procopides está empleando el acelerador de partículas del laboratorio para buscar el esquivo bosón de Higgs, una partícula subatómica teórica. Pero su experimento sale terriblemente mal y, durante unos instantes, la conciencia de toda la raza humana es arrojada veinte años hacia el futuro.
Mientras la humanidad debe restañar los catastróficos efectos inmediatos del experimento (miles resultan muertos o heridos cuando el cuerpo de todos los hombres y mujeres queda inconsciente en el presente), las implicaciones más serias tardan algo en aparecer. Aquellos que no recibieron visión del porvenir tratan de descubrir cómo morirán, mientras que otros buscan a sus futuros amantes. Lloyd deberá superar la culpabilidad de haber provocado accidentalmente la muerte de la hija de su prometida, mientras Theo se ve atrapado en la investigación de su propio asesinato.
A medida que las verdaderas consecuencias de lo sucedido comienzan a hacerse claras, la presión para repetir el experimento aumenta sin cesar. Todos quieren un destello del futuro, una oportunidad para saltar y ser testigo de su éxito... o para aprender a evitar sus errores.
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A John G. Cramer, un físico que a menudo había trabajado en el CERN, pero que normalmente se encontraba en la Universidad de Washington en Seattle, no le gustaba el énfasis de la interpretación de Copenhague en el observador. En los años 80 propuso una explicación alternativa: IT, o Interpretación transaccional. Durante las dos décadas siguientes, IT se había hecho cada vez más popular entre los físicos.

Tomemos al indefenso gato de Schrödinger en el momento en que está encerrado en la caja, y el ojo del observador, que una hora más tarde comprueba el resultado. En IT, el gato envía una “oferta” en forma de onda física, que viaja adelante hacia el futuro y atrás hacia el pasado. Cuando la onda de oferta alcanza el ojo, éste envía una onda de “confirmación”, que viaja hacia el pasado y hacia el futuro. Las ondas de oferta y confirmación se cancelan en todo el universo, salvo en la línea directa entre el gato y el ojo, donde se refuerzan, produciendo una transacción. Como el gato y el ojo se han comunicado a través del tiempo, no hay ambigüedad y no hay necesidad de frentes de onda colapsados: el gato existe dentro de la caja en el estado exacto en que al fin será observado. Además, no hay división del universo en dos; como la transacción cubre todo el periodo relevante, no hay necesidad de ramificarse: el ojo ve al gato como siempre estuvo, ya sea vivo o muerto.

—A ti te gustaría IT, sí —respondió della Robbia—. Destroza el libre albedrío. Cada fotón emitido sabe qué terminará por absorberlo.

—Por supuesto —dijo Lloyd—, admito que IT refuerza el concepto del universo bloque, pero es tu interpretación de muchos mundos la que acaba de verdad con el libre albedrío.

—¿Cómo puedes decir eso? —protestó della Robbia con una expresión de exasperación italiana.

—Entre los muchos mundos no hay jerarquía —respondió el otro—. Imagina que voy paseando y llego a un desdoblamiento del camino. Podía ir a la derecha o a la izquierda. ¿Cuál elijo?

—¡El que quieras! —saltó della Robbia—. Libre albedrío.

—Claro que no. Según IMM, elijo el que la otra versión de mí no eligió. Si él va a la derecha, yo tengo que ir a la izquierda; si yo voy a la derecha, él tiene que ir a la izquierda. Y sólo la arrogancia me llevaría a pensar que siempre es mi elección la que el universo acepta, y que las demás opciones son simplemente la alternativa que debía ser expresada en otro universo. La interpretación de muchos mundos da la ilusión de la elección, pero en realidad es por completo determinista.

Della Robbia se volvió hacia Theo, abriendo los brazos a modo de llamada al sentido común.

—¡Pero IT depende de ondas que viajan atrás en el tiempo!

Theo intervino con voz suave.

—Creo que ya hemos demostrado de forma abundante la realidad del viaje de la información atrás en el tiempo, Franco. Además, lo que Cramer decía en realidad es que la transacción se produce de forma atemporal, fuera del tiempo.

—Además —dijo Lloyd, calentándose ahora que tenía un aliado—, tu versión de lo que sucedió es la que requiere del viaje en el tiempo.

Della Robbia parecía aturdido.

—¿Qué? ¿Cómo? Las visiones simplemente muestran un universo paralelo.

—Cualquier universo IMM paralelo que pudiera existir, sin duda se movería en sincronía temporal con el nuestro: si pudieras verlo, lo que verías sería el hoy, el 26 de abril de 2009; de hecho, todo el concepto de computación cuántica depende de que los universos paralelos estén en total sincronía con el nuestro. Así que, si pudieras ver un universo paralelo, podrías ver uno en el que te hubieras sentado a comer con Michel Burr, y no con Theo y conmigo, pero seguiría siendo ahora. Lo que sugieres es sumar el contacto con universos paralelos con la visión del futuro; ya es bastante difícil aceptar una de esas ideas sin tener que tragarse también la otra, y…

Jake Horowitz había aparecido en la mesa.

—Siento interrumpir —dijo—, pero tienes una llamada, Theo. Dice que es sobre tu mensaje en Mosaico.

Theo se marchó a toda prisa, dejando su kebab a medio comer.

—Línea tres —dijo Jacob, que trataba de seguirlo.

Justo al lado del comedor había un despacho vacío, en el que Theo entró. La identificación de la llamada sólo decía “Fuera de zona”. Levantó el auricular.

—Hola —dijo—. Soy Theo Procopides.

—Dios mío —dijo en inglés una voz de hombre al otro extremo de la línea—. Es raro… hablar con alguien que sabes que va a estar muerto.

Theo no tenía respuesta para aquello, de modo que se limitó a decir:

—¿Tiene información sobre mi asesinato?

—Sí, eso creo. En mi visión leía algo al respecto.

—¿Y qué decía?

El hombre le explicó todo cuando había leído. No había nuevos datos.

—¿Decía algo sobre supervivientes? —preguntó Theo.

—¿A qué se refiere? No fue un accidente de avión.

—No, no, no. Quiero decir sobre quién me sobrevivía, ya sabe, si tenía mujer o hijos.

—Ah, sí, déjeme a ver si recuerdo…

A ver si recuerdo. Su futuro era un mero incidente. A nadie le importaba de verdad. No era real, sólo algo sobre lo que un tipo había leído.

—Sí —dijo la voz—. Sí, dejará usted mujer y un hijo.

—¿Daba el periódico sus nombres?

El hombre resopló en el micrófono, como si estuviera pensando.

—El hijo era… Constantin, me parece.

Constantin. El nombre de su padre; sí, Theo siempre había pensado que podría ponerle el nombre a un niño.

—¿Y sobre su madre? ¿Mi mujer?

—Lo siento, no lo recuerdo.

—Inténtelo, por favor.

—No, lo siento. No lo recuerdo.

—¿Se sometería a hipnosis…?

—¿Está usted loco? No pienso hacer eso. Mire, le he llamado para ayudarle; suponía que le haría un gran favor, ¿sabe? Pensaba que estaría bien por mi parte, pero no voy a permitir que me hipnoticen, o que me llenen de drogas, o algo por el estilo.

—Pero mi mujer… mi viuda… Tengo que saber quién es.

—¿Por qué? Yo no sé con quién estaré casado dentro de veintiún años. ¿Por qué tiene que saberlo?

—Podría tener una pista sobre el motivo de mi asesinato.

—Bueno, supongo. Puede ser. Pero ya he hecho todo lo que podía por usted.

—¡Pero usted vio el nombre! ¡Lo sabe!

—Como le dije, no lo recuerdo. Lo siento.

—Por favor… le pagaré.

—Se lo digo en serio, por favor, no me acuerdo. Pero mire, si doy con ello, le volveré a llamar. No puedo hacer más.

Theo se obligó a no protestar de nuevo. Apretó los labios y asintió solemne.

—Muy bien, se lo agradezco. Gracias por su tiempo. ¿Podría darme su nombre, para anotarlo?

—Lo siento. Como le dije, si recuerdo algo le llamaré.

La línea quedó muda.

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