Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
Belle salió de su ensueño. "¿Hmmm? Oh, sí. Posee unos adorables destellos verdosos en los ojos. Creo que este color los realzará."
"¿De verdad?" Persephone sostuvo la pieza de terciopelo contra su rostro y se miró al espejo, inclinando la cabeza con un gesto de coquetería femenina.
"Oh, de verdad y si tanto le gusta el tono lavanda, quizás podría sustituirlo por este violeta profundo. Creo que la favorecerá muchísimo."
"¡Um!, tal vez tenga razón. Realmente adoro los tonos violetas. Siempre he llevado perfume de violetas."
Con el interés de Persephone correctamente encaminado, Belle vagó por la tienda de la no tan francesa propietaria como su nombre sugería, Madame Lambert.
"Oh, Lady Agabella," burbujeó Madame. "Es magavilloso tenegla de nuevo aquí. No la hemos visto en muchos meses."
"He estado en el campo," contestó Belle, con simpatía. "¿Puedo hacerle un encargo especial?"
Los ojos azules de Madame Lambert centellearon de entusiasmo, y también, por la perspectiva de que el encargo de Belle le hiciera ganar una gran suma de dinero. "¿Ouí? "
"Necesito un vestido. Un vestido muy especial. Dos vestidos muy especiales, en realidad. O quizás tres." Belle frunció el ceño mientras consideraba su pedido. Necesitaba tener un aspecto arrebatador cuando John llegara a Londres. Por desgracia, no tenía ni idea de cuando iba a llegar, o de – no quería ni pensarlo- si realmente vendría.
"Eso no tiene pog que seg un pgoblema, milady. "
"Necesito un vestido completamente diferente de los que por lo general compro. Algo más…fascinante."
"Ya veo, milady. " Madame Lambert sonrió perspicaz. "Tal vez desea atgaeg a un caballego en pagticulag. Conseguigue que tenga un aspecto facinadog. Bien, ¿paga cuándo necesita esos vestidos?"
"¿Esta noche? " La contestación de Belle fue más una pregunta que una respuesta.
"¡Dios mío!" gritó Madame Lambert, olvidando por completo su falso acento. "¡Soy buena, pero no puedo realizar milagros!"
"¿Puede hablar más bajo?" susurró Belle, con premura, mirando nerviosamente alrededor. Le caía muy bien Persephone, pero no creía que tuviera que saber que su protegida planeaba una seducción. "Sólo necesito uno de ellos para esta noche. El resto pueden esperar. Al menos hasta mañana. No debería ser tan difícil. Tiene todas mis medidas. Le aseguro que no he engordado ni un gramo desde mi última visita."
"Pide mucho, milady."
"Si no estuviera absolutamente convencida de que puede hacerlo, no se lo habría pedido. Después de todo, podría habérselo encargado a Madame Laroche." Belle sonrió y dejó que las palabras flotaran en el aire.
Madame Lambert suspiró dramáticamente y dijo, "Tengo un vestido. Ega paga otga dama. Bueno, no exactamente una dama." Ante la expresión de horror de Belle, se apresuró a añadir, "Pero tiene un gusto exquisito, se lo asegugo. Ella, humm, se quedó sin fondos y no pudo pagaglo. Con unos pocos ageglos, cgeo que le segvirá."
Belle asintió y avisó a Persephone de que iba un momento a la parte de atrás. Siguió a Madame Lambert, quien la condujo a un probador. "Si lo que desea es atgaer a un hombge sin pagecer vulgar," dijo la modista, "entonces esto es lo que necesita." Con un floreo, sacó un vestido de terciopelo azul medianoche que era llamativo por su simplicidad.
Libre de adornos, el elegante corte realzaba su estilo.
Belle acarició el suave terciopelo, admirando el modo en que el corpiño estaba bordado con hilos de plata. "Es encantador," dijo. "Pero no es muy diferente de los que ya poseo."
"Pog delante, es igual que el guesto, pero por detgas… “Madame Lambert giró el vestido, y Belle se dio cuenta de que la mayor parte de la espalda quedaría al desnudo. "Tendgá que llevag guecogido el cabello," continuó la modista, "y así no ocultagá su efecto. "
De mala gana Belle apartó la mirada del vestido y la clavó en la modista. "Me lo quedo. "
John se plantó en Londres en un tiempo record, considerando que no había avisado a Wheatley con mucha antelación. El eficiente criado había hecho su equipaje con notable velocidad. John esperó que no le llevara mucho tiempo reconquistar el favor de Belle, ya que dudaba poseer suficiente ropa elegante para mucho más de una quincena. Siempre había sido muy quisquilloso con respecto a la calidad, pero esta era cara, por lo tanto no poseía demasiado.
Suspiró mientras subía los escalones que llevaban a la puerta principal de la casa de la ciudad de su hermano mayor. No había visto a Damien en años, aunque recibió una breve nota suya de enhorabuena por su ascensión a la nobleza. Probablemente Damien no se sentiría conmovido al verlo, pero uno no podía echar a su propio hermano, ¿o sí? Y además, John no tenía otra opción. No disponía de tiempo para buscar una residencia conveniente y alquilarla. Por lo que él sabía, Belle podría estar ya prometida.
Suspirando otra vez, tomó la pesada aldaba de cobre y la dejó caer de golpe contra la puerta. Un mayordomo apareció casi al instante.
"¿Está el conde en casa? " preguntó John cortésmente.
"¿A quién debo anunciar?"
John le dio una prístina y crujiente tarjeta de visita. El mayordomo tomó nota de su apellido y alzó una ceja.
"Su hermano," dijo John simplemente.
El mayordomo introdujo a John en una espaciosa salita que daba al vestíbulo principal. Unos minutos más tarde Damien entró en el cuarto, y la sorpresa era evidente en su cara. Como siempre, John se sobresaltó por el parecido familiar entre ellos. Damien era una versión más vieja y ligeramente más suavizada de él mismo y no aparentaba sus treinta y nueve años. Siempre había sido muy bien parecido, de una manera clásica, mientras que el rostro de John era un poco demasiado delgado y anguloso para encajar en los patrones de aristocrática elegancia.
"Ha pasado una eternidad," dijo Damián, finalmente, tendiéndole la mano. "¿Qué te trae a la ciudad?"
John tomó la mano de su hermano y le dio un firme apretón. "Tengo un asunto urgente que resolver en Londres, y me temo que no he tenido tiempo para buscar alojamiento por adelantado. Esperaba poder abusar de tu hospitalidad mientras resuelvo mi negocio."
"Por supuesto."
John sabía que Damien estaría de acuerdo. Dudaba de que su hermano se sintiera entusiasmado, o siquiera remotamente complacido por su petición, pero Damien tenía en alta estima los buenos modales y la crianza y evidentemente no le negaría la hospitalidad a su propio hermano. A condición, por supuesto, de que su hermano no abusara de este privilegio
"Te lo agradezco," contestó John. "Te aseguro que si en una quincena no lo he resuelto, buscaré inmediatamente otro alojamiento. "
Damien asintió elegantemente. "¿Viene alguien contigo? "
"Solamente mi ayuda de cámara."
"Excelente, entonces ¿puedo asumir que has traído traje de etiqueta?”
"Sí."
"Bien. Me han invitado a una pequeña reunión esta tarde, y la anfitriona me ha enviado una nota no hace ni una hora preguntándome si podía llevar a un caballero más. Alguien ha enfermado a última hora, parece, y ahora hay demasiadas mujeres."
La idea de alternar en sociedad no atrajo a John lo más mínimo, pero accedió, porque así tal vez podría averiguar con quién pensaba Belle casarse.
"Excelente," contestó Damien. "Enviaré una nota a Lady Forthright inmediatamente. Oh, y así podrás conocer la mujer a la que estoy pensando pedir en matrimonio. Es hora de que me consiga una esposa, ya sabes. Necesito un heredero."