Un Regalo Extraordinario
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Regalo Extraordinario». Краткое содержание книги:
Pasó el resto de la noche en la mecedora, con Ollie en los brazos, sin volver a la cama. Era incapaz de acostarse junto a Seth; quizá no podría nunca más. Al día siguiente, se trasladó a la habitación de invitados.
Capítulo 9
El viernes, octavo día después del terremoto, informaron a los residentes del refugio de Presidio de que las autopistas y el aeropuerto volverían a estar abiertos al día siguiente. Se había instalado una torre de control provisional. Pasarían meses antes de que se reconstruyera la antigua. La apertura de las autopistas 280 y 101 significaba que se podría ir hacia el sur, pero el Golden Gate no funcionaría hasta al cabo de unos días, así que trasladarse directamente hacia el norte seguiría siendo imposible. Les dijeron que el Bay Bridge estaría cerrado durante muchos meses, hasta que lo repararan. Esto significaba que los que fueran al trabajo desde el este de la bahía tendrían que hacerlo por los puentes Richmond y Golden Gate o por el Dumbarton o el San Mateo, al sur. Esos traslados diarios serían una pesadilla y habría muchos atascos. Además, por el momento, solo los que vivían en la península podrían volver el sábado a su casa.
Se estaba abriendo el acceso a varios barrios, así que los vecinos podrían comprobar en qué estado se encontraba su casa. Otros se encontrarían con las barreras de la policía y la cinta amarilla, si era demasiado peligroso entrar. El Distrito Financiero era todavía un caos y terreno prohibido para todos, lo cual significaba que, de momento, muchas empresas no podrían volver a abrir. A lo largo del fin de semana, solo dispondrían de electricidad en una pequeña parte de la ciudad. Corrían rumores de que no se restablecería completamente hasta pasados unos dos meses, quizá uno si tenían suerte. La ciudad estaba patas arriba y empezaba a levantarse. Después de haber quedado arrasada durante los últimos ocho días, empezaba a dar señales de vida, pero pasarían meses hasta que San Francisco estuviera en pie de nuevo. En los refugios mucha gente había dicho que se iría de la ciudad. Llevaban muchos años viviendo con miedo a un terremoto importante y, ahora que había llegado, el golpe había sido demasiado fuerte. Algunos estaban dispuestos a marcharse; otros estaban decididos a quedarse. Los viejos decían que no vivirían lo suficiente para ver otro como este, así que no importaba. Los jóvenes estaban impacientes por reconstruirlo todo y empezar de nuevo. Y muchos, entre los unos y los otros, decían que no querían saber nada más de la ciudad; habían perdido demasiado y estaban demasiado atemorizados. Por los dormitorios, el comedor y los pasillos por donde la gente paseaba, incluso a lo largo de las playas que bordeaban Crissy Field, se oía un rumor constante de voces preocupadas. En un día soleado, era más fácil olvidar lo que les había pasado. Pero ya entrada la noche, cuando notaban las réplicas que habían empezado un día después del terremoto, todos parecían dominados por el pánico. Había sido una época traumática para los habitantes de la ciudad y todavía no había tocado a su fin.
Después de oír la noticia de que el aeropuerto iba a abrir al día siguiente, Melanie y Tom fueron a sentarse en la playa, para hablar y mirar hacia la bahía. Habían ido a sentarse allí cada día. Melanie le había contado lo sucedido con Jake y Ashley; dormía en el hospital desde entonces. Estaba ansiosa por volver a casa y huir de ellos, pero disfrutaba conociendo mejor a Tom.
– ¿Qué harás ahora? -preguntó ella en voz baja. Estar con él despertaba siempre en Melanie una sensación reconfortante y sosegada. Era de trato fácil, y transmitía confianza y dignidad.
Era agradable conversar con alguien que no estaba directamente relacionado con su trabajo ni con ningún aspecto del mundo del espectáculo. Estaba cansada de actores, cantantes, músicos y de todos los locos con los que trataba cada día. Había salido con varios de ellos y siempre acababa como con Jake; a veces, incluso peor. Eran narcisistas, drogadictos, lunáticos o, simplemente, gente que actuaba con maldad y que quería aprovecharse de ella, de una u otra manera. Por lo que había visto, no tenían conciencia ni moralidad y hacían lo que les venía en gana en cada momento. Pero ella quería algo mejor en la vida. Incluso a sus diecinueve años, era mucho más estable que ellos. No se drogaba y nunca lo había hecho, nunca había engañado a nadie, no mentía, no estaba obsesionada consigo misma y era una persona decente, moral y honesta. Sólo pedía lo mismo de los demás. Habían hablado mucho de la carrera de Melanie en los últimos días y de qué deseaba hacer con ella. No quería dejarla, pero sí tomar las riendas. Sin embargo, era poco probable que su madre se lo permitiera. Melanie le había dicho a Tom que estaba harta de que la dirigieran, controlaran, utilizaran y presionaran todos los que la rodeaban. Tom estaba impresionado por lo lógica, sensata y razonable que era.
– Yo tengo que volver a Berkeley y mudarme de mi apartamento -dijo Tom respondiendo a su pregunta-. Pero parece que pasará un tiempo antes de que pueda hacerlo. Para que pueda ir al este de la bahía, por lo menos el Golden Gate y el Richmond tienen que estar abiertos. Después iré a Pasadena. Iba a quedarme por aquí todo el verano, ya que tengo un trabajo en otoño, pero ahora todo podría cambiar; depende de cuánto tarden las empresas en volver a abrir. Puede que busque algo allá abajo. -Igual que ella, era una persona centrada, práctica y con una visión clara de sus objetivos. Tenía veintidós años, quería trabajar unos cuantos años y luego irá la escuela de negocios, quizá en UCLA-. Y tú, ¿qué? ¿Qué tienes previsto para las próximas semanas?
No habían hablado de ello en detalle hasta entonces. Sabía que se iba de gira en julio, después de un concierto en Las Vegas. Melanie le había dicho lo mucho que detestaba esa ciudad, pero era un lugar importante para ella, y la gira iba a ser un éxito. Después pretendía volver a Los Ángeles en septiembre, cuando acabara la gira. Pero no le había contado lo que pensaba hacer en junio. Todavía estaban en mayo.
– La semana próxima tengo una sesión de grabación para un nuevo CD. Grabaremos parte del material que usaré en la gira. Es un buen precalentamiento para mí. Aparte de eso, estoy bastante libre hasta el concierto en Los Ángeles, en junio, justo antes de marcharme. ¿Crees que habrás vuelto a Pasadena para entonces? -Le dijo la fecha, esperanzada.
El sonreía, escuchándola. Conocerla había sido maravilloso, y volver a verla sería un sueño. Pero no podía evitar pensar que en cuanto volviera a la ciudad, ella lo olvidaría.
– Me encantaría que fueras mi invitado en el concierto de Los Ángeles. Es bastante demencial cuando trabajo, pero podrías pasarlo bien. Puedes llevar a un par de amigos, si quieres.
– Mi hermana se volvería loca -dijo sonriéndole-. También estará en casa en junio.
– ¿Por qué no la llevas? -propuso Melanie. Luego, su voz se convirtió en un susurro-. Espero que me llames cuando vuelvas.
– ¿Contestarás a mi llamada? -preguntó con aire preocupado. Una vez fuera de Presidio y de vuelta a su vida real, Melanie era una gran estrella. ¿Qué podía querer de él? Solo era un ingeniero en ciernes; alguien que no formaba parte de su entorno. Pero parecía que le gustaba estar con él, tanto como él disfrutaba estando con ella.