Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Mujeres de Rosas - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Mujeres de Rosas

Электронная книга - «Mujeres de Rosas». Краткое содержание книги:

Las mujeres de Rosas ha sido el pretexto para reconstruir algunas biografías femeninas del siglo XIX sobre la base del material relativamente abundante que existe en lo que se refiere a la época de Rosas. Como era habitual en ese tiempo, estas señoras escribieron muchas cartas -parte de las cuales permanece inédita- y como eran personas estrechamente vinculadas con el dictador, sus historias interesaron a mucha gente. Por otra parte, en los archivos de sucesiones, se guardan algunos de sus secretos. Todo esto permite recuperar a través de la historia de un hombre prominente y de su círculo el peso de las mujeres en la historia social del poder.
Sería presuntuoso pretender que Agustina, Encarnación, Manuela, Eugenia y Josefa, las protagonistas de los cinco capítulos de este libro, puedan servir de prototipos femeninos. Fueron solamente seres particulares y únicos, pero además condicionadas por el medio en que nacieron y se educaron. Ricas o pobres, luchadoras, ganadoras o sometidas, sus vidas merecen ser reconstruidas con el respeto que se debe a quienes amaron, sufrieron y murieron antes que nosotros, pero con algo del humor y de la ironía que forma parte inseparable de la narración histórica.
La biografía tiene un encanto indudable, especialmente cuando se ocupa de esa parte olvidada de la gran historia, las mujeres, en este caso las más próximas a Juan Manuel de Rosas. Ellas han sido mi compañía intelectual en el curso de un año en el que las realidades políticas y económicas azotaron de manera implacable al país que en otro tiempo fue el suyo, esta tierra nuestra en la que entonces y ahora se viven desventuras y esperanzas.
Debo agradecer a los muchos amigos que colaboraron con estas páginas, especialmente a los que dieron generosamente documentos o pistas historiográficas logradas con años de trabajo y de búsqueda: Juan Isidro Quesada, Juan M. Méndez Avellaneda y Enrique Mayochi. A José M. Massini Ezcurra, descendiente de esas familias patricias. A María Esther de Miguel y a Juan Ruibal, que leyeron los originales. A Marta Pérez Extrach, que aportó su valiosa biblioteca. Al director del Archivo de Tribunales. Y a los infatigables empleados del Archivo General de la Nación que, escaleras mediante, superaron con buena voluntad las deficiencias técnicas.
1 ... 27 28 29 30 31 32 33 34 35 ... 56
Перейти на страницу:

Ese mismo año Manuelita daría prueba de que también ejercía su encanto, ya maduro para los cánones de la época, sobre la marina de guerra francesa. Se trataba en este caso del contralmirante Le Prédour, encargado de la misión de paz de su país ante las Repúblicas del Plata y que en mayo de 1849 estuvo a punto de llegar a un arreglo sobre esta materia. Con tal motivo el contralmirante y la Niña intercambiaron cartas, en las que se hacía alusión a los estudios de francés de Manuelita, a obsequios mutuos, a los flirteos entre las damas de la tertulia de Palermo y los oficiales de la flota bloqueadora y a la negociación diplomática.

Le Prédour demostró gozo por el presunto restablecimiento de la paz entre su país y la Confederación Argentina y satisfacción por el recibimiento benévolo que se le hizo en Buenos Aires, particularmente por “aquella que es su Providencia”: “Difícilmente me acostumbro a la mansión de mi Fragata, y creo que no podría vivir más en ella, si a cada paso no encontrara la ocasión de hablar de usted, de las señoras cuyo agradable conocimiento me ha hecho usted hacer y de la acogida tan cordial que me hizo Su Excelencia. Estos son asuntos inextinguibles de conversación y que volveré a tomar en familia cuando esté de vuelta en París donde haré saber a todos los que me son queridos, lo que hay de admirable, de gracioso y de bueno en la organización tan natural y tan franca de la señorita Manuelita”.

El uso político de la amabilidad proverbial de las criollas había dado frutos concretos. El contralmirante anoticiaba a la Niña del casamiento de uno de sus oficiales, Mazeres, con una señorita de Montevideo que se había mostrado largamente cruel y que se dejó ablandar durante la permanencia de su enamorado en Buenos Aires cuando supo que estaba rodeado de otras agradables mujeres. Le Prédour hacía referencia a otros enamoramientos, el de Laffone, más distraído que de costumbre, y el del Otro señor, de quien “no se podría creer hasta dónde va su pasión por la linda doña Dolores” (Marcet, una de las compañeras preferidas de Manuelita).

La hija del gobernador respondió en términos parecidos, congratulándose porque las señoritas del Plata hubieran contribuido a la felicidad personal del señor Mazeres: “Ellas, con Juanita, Tatita y yo, lo felicitamos por su virtuoso enlace”, decía, englobando en su expresión al séquito que la acompañaba en su tertulia y en el que había seductoras casi profesionales, que alarmaban, no sin razón, a los emigrados del partido liberal que no podían impedir que esta curiosa mezcla de diplomacia y galanteos desbaratara sus planes. [195]

No sólo los enviados ingleses y franceses participaban de dicho estilo de diplomacia. El encargado de negocios de los Estados Unidos, Guillermo Brent, disfrutaba asimismo de la sociabilidad de Palermo, pero en su caso, y en el de su familia, pues estaba acompañado por su esposa y por su hijo, su presencia debió ser bastante más pesada que la de los jóvenes oficiales europeos para la alegre corte de Manuela. En mayo del 49, Brent, ansioso de dialogar a solas con el gobernador, solicita a la Niña que aloje a los tres miembros de la familia en la quinta y que le envíe un coche para el traslado. Quiere tratar personalmente con don Juan Manuel la situación de su hijo que viaja al Paraguay y de paso ofrece seguridades de que su gobierno comparte los sentimientos del heroico pueblo argentino. Manuela accede a este pedido, y en su respuesta dice admirar altamente la determinación del norteamericano en la presente crisis de los asuntos del continente, se lamenta de los disgustos provocados por la detestable intervención inglesa y francesa, tan inmotivada y desastrosa, y asegura estar dispuesta a hacer los mayores sacrificios “por él (mi tatita) y por mi patria, siendo como soy argentina y merecedora del cariñoso afecto de un americano tan virtuoso como usted”. [196]

Hasta aquí la participación de Manuela en la diplomacia rosista, pero la hija del gobernador desempeñaba otros roles en el gobierno de su padre, como advirtió certeramente el ministro Southern. “En este gobierno cruel del Río de la Plata -diría Xavier Marmier en 1850- Manuelita tiene la cartera de un ministerio que no está comprendido en las teorías de los gobiernos europeos: el ministerio de la conmiseración.” [197] Y William Mac Cann, viajero inglés que recorre el país en 1847, comenta que: “Los asuntos personales de importancia, confiscación de bienes, destierros y hasta condenas a muerte, se ponían en sus manos como postrer esperanza de los caídos en desgracia. Por su excelente disposición y su influencia benigna para con su padre, doña Manuelita era para Rosas en cierto sentido lo que la emperatriz Josefina para Napoleón”. [198]

Tales reconocimientos de inteligentes testigos de la sociedad argentina en la época de Rosas aluden al valor de la gestión personal en los asuntos públicos; más que un funcionamiento institucional de la justicia, se prefiere el toque humano, aunque éste demuestre, en la mayoría de los casos, su ineficacia para torcer el rumbo político del gobierno. Existen en el archivo de Rosas múltiples ejemplos de los pedidos que llegaban a Manuelita, de manera directa a veces, otras utilizando a distintos miembros de la familia, por ejemplo a María Josefa Ezcurra, a las hermanas de Rosas, Mariquita, Mercedes, Agustina, o al general Mansilla, los Anchorena, etc. Podía tratarse de asuntos menores, como el pedido formulado por el canónigo Elortondo para hacer reformas en una casa de su propiedad, o la autorización requerida por Adolfo Saldías, padre del historiador, a fin de obtener empleo y título de escribano público. Otras veces los casos eran más patéticos, como la ayuda que pide el padre de ocho hijos aquejado de una grave enfermedad, o el militar cuyos bienes han sido saqueados por ladrones y que solicita una casa para vivir por cuenta del Estado; mujeres casadas con soldados que han salido a campaña, se ponen bajo la protección de la hija del gobernador; viudas de servidores públicos confían en ella para el cobro de algún subsidio. Pero en todos estos casos la Niña no actúa por cuenta propia: ella debe acelerar trámites ya iniciados en las oficinas de gobierno. [199]

Había asuntos que implicaban mayor responsabilidad que los simples pedidos; en sus Memorias, Antonino Reyes, que fue comandante de Santos Lugares y era íntimo amigo de Manuelita, relata la actuación de la hija del gobernador en un caso de corrupción que involucraba a Lorenzo Torres, una de las principales figuras del régimen. Este, asociado con un escribano de apellido Conde, habría usurpado tierras pertenecientes al oficial Matorras que servía a las órdenes del general Pacheco. Reyes descubrió este abuso y Manuelita, que por delegación de Rosas debía informarse del tema, escuchó desde una habitación contigua la conversación en la que Conde confesó ante Reyes su culpabilidad. Ella quedó asombrada del cinismo y la desvergüenza de esos hombres pues comprendió el mal que hacían a su padre, escribe Reyes. Cuando Torres admitió su culpa y Matorras recuperó sus bienes, la Niña dio por concluido el asunto, pero la historia relatada revela que el dictador encargaba misiones difíciles a su hija en las que se entreveraban cuestiones jurídicas con el comportamiento moral de su círculo íntimo. La base ética del régimen rosista se encontraba ya entonces muy deteriorada por el largo ejercicio del poder. [200]

вернуться

[195] Cartas intercambiadas por Manuela Rosas y Le Prédour, reproducidas por Saldías en Papeles de Rosas, tomo 1, pp. 331 y ss.

вернуться

[196] Carta de Guillermo Brent a Manuela Rosas, del 29 de mayo de 1849. AGN, Sala 10-22-10-6; la respuesta de Manuela, del 5 de junio de 1846, en el mismo legajo.

вернуться

[197] Xavier Marmier, Buenos Aires y Montevideo en 1850, Buenos Aires, El Ateneo, 1948, p. 86.

вернуться

[198] William Mac Cann, Viaje a caballo por las provincias argentinas, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1969, p. 210.

вернуться

[199] Los pedidos a Manuela Rosas de Felipe Elortondo, Adolfo Saldías, los hijos del finado Juan Miguens y otros, en AGN Sala 10-27-8-3-; en El testamento de Rosas, Buenos Aires, Oberón, 1957, pp. 179 y ss. Antonio Dellepiane reprodujo muchos de estos documentos.

вернуться

[200] Antonino Reyes, Memorias del edecán de Rosas. Arregladas y redactadas por Manuel Bilbao, Buenos Aires, Americana, 1943, p. 98.

~ 31 ~ Предыдущая страница Следующая страница var width = window.innerWidth || document.documentElement.clientWidth || document.body.clientWidth; if (width > 768) { (function(w, d, n, s, t) { w[n] = w[n] || []; w[n].push(function() { Ya.Context.AdvManager.render({ blockId: "R-A-430869-4", renderTo: "yandex_rtb_R-A-430869-4", async: true }); }); t = d.getElementsByTagName("script")[0]; s = d.createElement("script"); s.type = "text/javascript"; s.src = "//an.yandex.ru/system/context.js"; s.async = true; t.parentNode.insertBefore(s, t); })(this, this.document, "yandexContextAsyncCallbacks"); } var width = window.innerWidth || document.documentElement.clientWidth || document.body.clientWidth; if (width
1 ... 27 28 29 30 31 32 33 34 35 ... 56
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)