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Los Caballeros de Takhisis

Электронная книга - «Los Caballeros de Takhisis». Краткое содержание книги:

La Guerra de la lanza ya es historia. Las estaciones vienen y se van.
Es verano: un verano abrasador como jamás se había visto en Krynn. Afligido por una dolorosa pérdida, el joven mago Palin Majere trata de entrar al Abismo en busca de su tío, el famoso archimago Raistlin. La Reina Oscura ha encontrado nuevos paladines en los Caballeros de Takhisis, seguidores devotos y leales hasta el fin. Un paladín oscuro, Steel Brightblade, cabalga a lomos de un dragón azul para atacar la Torre del Sumo Sacerdote, la fortaleza que su padre defendiera hasta la muerte. En una pequeña isla, los misteriosos irdas se apoderan de un antiguo objeto mágico, la Gema Gris, y lo utilizan para garantizar su propia seguridad. Usha, una joven criada por los irdas, llega a Palanthas y dice ser la hija de Raistlin.
Será un verano mortal, quizás el último verano de Ansalon. Llamas ardientes consumen la hierba seca y Caos, padre de los dioses, regresa. El mundo entero puede desaparecer.
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—¿Es necesario eso? —preguntó Usha, indignada, al tiempo que señalaba las ataduras del kender—. No es un ladrón, ¿sabes?

Jenna miró a la joven de hito en hito, con las cejas enarcadas.

Usha, preguntándose qué era lo que le parecía tan extraordinario, se sonrojó y se mordió el labio.

—No me importa, de verdad —dijo Tas alegremente mientras observaba con admiración el cordón de seda que le ataba las muñecas—. Estoy acostumbrado.

—Es más por su propia seguridad y por la nuestra que porque me preocupe perder dinero —replicó Jenna. Pronunció una palabra que a Usha le sonó como si un hielo quebradizo chascara, y una lámpara que había en el cuarto se encendió de repente. Jenna lanzó una mirada penetrante a la joven—. No conoces mucho a los kenders, ¿verdad?

Usha repasó, frenética, lo que el Protector le había contado, deseando haber prestado más atención. Decidió tirarse un farol, aunque tenía la descorazonadora sensación de que estaba perdiendo el tiempo.

—Qué pregunta más rara. Por supuesto que sé cuanto hay que saber sobre los kenders. Todo el que vive en Ansalon lo sabe, ¿no?

—Por desgracia, sí. Y es por ello, precisamente, por lo que he preguntado. Venid por aquí. ¡Suelta eso! —ordenó a la joven con voz cortante. Usha se había parado para coger y examinar una bonita botella—. Si te cae una gota de eso en la piel, hará que tu carne se desprenda a trozos. Hazme un favor: ¡no toques nada más! Eres igual o peor que un kender. Vosotros dos, venid conmigo.

Usha dejó la botella en su sitio con cuidado y entrelazó las manos con fuerza a la espalda. Siguió presurosa a su anfitriona, intentando verlo todo a la vez, con el resultado de que fue muy poco lo que realmente vio. Su impresión principal de la tienda era el olor, que resultaba atractivo y, al mismo tiempo, repulsivo. Jarras con especias y hierbas de olor acre se alineaban junto a recipientes con cosas muertas y putrefactas. Libros de hechizos, algunos de ellos con olor a húmedo y moho en las pastas, estaban colocados ordenadamente en estanterías que cubrían toda una pared. Las piedras preciosas relucían desde el interior de estuches de cristal.

—En el sótano está mi laboratorio —dijo Jenna mientras abría una puerta—. ¡Tampoco debéis tocar nada allí!

La puerta marcada con extraños e ilegibles símbolos conducía a una escalera. Jenna escoltó a Tasslehoff, al que llevaba agarrado por el copete y le propinaba un doloroso tirón cada vez que el kender parecía tener intención de toquetear algo. Indicó con un gesto a Usha que bajara los escalones tras ellos.

El laboratorio era un sótano que estaba debajo de la tienda. Una luz se encendió al entrar ellos, pero era mortecina y de un espeluznante color azul, y alumbraba muy I poco. Usha hubo de tener cuidado para bajar la escalera.

—Y ahora, los dos, quedaos justo ahí y ¡no os mováis! —ordenó Jenna cuando llegaron al sótano. Desapareció en las sombras y, al cabo de un tiempo, la oyeron hablar con alguien en voz tan baja que las palabras eran indescifrables.

Usha cogió a Tasslehoff por el cuello de la camisa verde justo cuando el kender echaba a andar.

—¡Dijo que no nos moviéramos! —lo regañó.

—Lo siento —respondió Tas en un susurro. Parecía realmente contrito—. No era mi intención. Son mis pies. Mi cabeza les dijo que no se movieran, pero, a veces, lo que mi cabeza piensa no acaba de llegar tan abajo. Las ideas parecen detenerse en algún punto a la altura de las rodillas. Pero ¿no te parece que todo esto es realmente emocionante? ¡Mira allí! —Estaba sin respiración por el asombro—. ¡Es un cráneo humano! No creo que le importe si lo...

—Pues yo creo que sí le importaría —dijo Usha, enfadada—. Estate quieto de una vez. —Siguió agarrando a Tas, no porque en realidad temiera que el kender desobedeciera a Jenna, sino porque necesitaba desesperadamente estar agarrada a alguien.

»Me alegro de que te trajera a ti también —dijo de manera impulsiva—, aunque no sé muy bien por qué lo ha hecho. No parece que le haga gracia que estés tú.

—Oh, no tenía otra alternativa —contestó Tas, que se encogió de hombros—. No después de lo que dije sobre Raistlin.

—¿Qué quiere decir eso..., que me parezco a Raistlin? No lo entiendo. ¿Quién es Raistlin?

—¿Que quién es Raistlin? —repitió Tasslehoff, pasmado, olvidándose de hablar en voz baja—. ¿No has oído hablar de Raistlin Majere? ¡Creía que no había nadie en Ansalon que no hubiera oído hablar de él!

Al darse cuenta de que había cometido un error, Usha soltó una risita.

—¡Oh, ese Raistlin! Bueno, desde luego que he oído hablar de él. Lo que pasa es que no sabía a cuál Raistlin te referías. Ese es un nombre corriente en el lugar de donde vengo. En nuestro pueblo hay varios que se llaman Raistlin. Es un nombre elfo, ¿no?

—No lo creo —contestó, pensativo, Tas—. Raistlin no era un elfo, ¡y, desde luego, Caramon no lo es! Caramon es lo bastante grande como para que saques tres elfos de él si lo haces trozos. Además, eran gemelos, y entre los elfos no suelen nacer muchos gemelos, que yo recuerde. Hace bastante tiempo que no paso por Qualinesti. No me dejarían cruzar la frontera, aunque conozco al nuevo Orador de los Soles. Es Gil, el hijo de Tanis. Habrás oído hablar de Tanis el Semielfo, ¿no?

—¡Y quién no! —exclamó Usha, aunque no tenía la menor idea de quién era.

Por lo menos había descubierto que Raistlin era un hombre, cosa que no había tenido clara hasta ahora. Y que tenía algo que ver con alguien llamado Caramon. Felicitándose por haber salido airosa del atolladero, pensaba la siguiente pregunta que iba a hacer al kender cuando Jenna regresó.

—Sabe quién es Raistlin. No te dejes engañar, kender. Vamos, vosotros dos. He hablado con Dalamar y...

—¡Dalamar! ¿Está aquí? ¡Dalamar! —Tasslehoff saludó con las manos atadas y gritó:— ¡Hooola! Soy yo, Tas. ¿Me recuerdas? Te...

—No está aquí —lo interrumpió Jenna con tono frío y severo—. Está en la torre. Tenemos medios para comunicarnos entre nosotros. Bien, ¿veis ese círculo de sal en el suelo?

Usha no lo veía; ni siquiera veía el suelo en aquella penumbra, pero al instante la luz de la lámpara se intensificó de forma repentina. El círculo se hizo claramente visible.

—Entrad en él con cuidado —instruyó Jenna—. Aseguraos de que no movéis la sal.

—¡Ya sé! —gritó Tas, extremadamente excitado—. Vi a Par-Salian hacer esto con Caramon. Fue cuando, de manera accidental, me convertí en un ratón. Verás, Usha, estaba en la Torre de Wayreth y encontré un anillo, blanco, con dos piedras rojas, y me lo puse en el dedo, y...

—¡Por Gilean bendito! —juró Jenna—. ¡Cierra el pico de una vez o seré yo quien te convierta en ratón, y yo me transformaré en gato!

—¿De verdad puedes hacer eso? ¿Qué clase de gato? —siguió charla que te charla Tasslehoff—. En lugar de ratón, ¿por qué no me transformas en gato? Nunca he sido un gato y...

—Cogedme de las manos, los dos —siguió Jenna, haciendo caso omiso del kender—. Cerrad los ojos y así no os marearéis. Y, ocurra lo que ocurra, no os soltéis de mi mano.

Pronunció unas palabras que se retorcieron y se arrastraron por la mente de Usha. De repente pareció que el suelo se hundía, y la muchacha sintió un vacío en el estómago y la impresión de ser azotada por un ventarrón. Se aferró a la hechicera, aterrorizada.

Y entonces se encontró de repente pisando suelo sólido. El sonido y la sensación del viento cesaron. La oscuridad había desaparecido. Usha cerró los ojos con fuerza para resguardarlos de una luz intensa.

—Ahora podéis mirar —dijo la voz de Jenna—. Hemos llegado. Os encontráis sanos y salvos en la Torre de la Alta Hechicería de Palanthas.

Usha no estaba segura de querer abrir los ojos. Por la descripción del kender, esta Torre de la Alta Hechicería debía de ser un lugar maligno y terrible. Tasslehoff ya estaba parloteando alegremente con alguien que le respondía con un tono amable pero distraído, como si sus pensamientos estuvieran en otra parte.

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