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Donde Cruzan Los Brujos

Электронная книга - «Donde Cruzan Los Brujos». Краткое содержание книги:

Hace veinte años, el antropólogo Carlos Castaneda electrizó a millones de lectores con la descripción de su iniciación y acceso a otra realidad bajo la tutela del indio brujo yaqui don Juan. Ahora, Taisha Abelar, que fue instruida por los miembros femeninos del grupo de don Juan, narra su propio `cruce` en este llamativo libro. Mientras se encontraba viajando por México, Taisha Abelar se involucró con un grupo de brujos y comenzó un riguroso proceso de entrenamiento físico y mental, diseñado para permitirle romper los límites de la percepción ordinaria. En el libro Donde Cruzan los Brujos narra los detalles de ese proceso, aportando a los lectores un enfoque sumamente práctico acerca de las responsabilidades y peligros que debe afrontar una bruja. La cautivadora historia de Taisha Abelar es de un valor incalculable ya sea como trabajo antropológico o como un `manual para brujos`, a la vez, también es una provocativa obra sobre la espiritualidad femenina.
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Me pregunté cómo se sentiría ser tan vaporosa como una nube y flotar por el aire sin nada que obstruyera mis ires y venires, luego mi mente pisó el suelo otra vez y me sentí obligada a afirmar:

– Toda esta conversación acerca de estar consciente del tiempo y pasar al mundo de las sombras, Clara, me resulta imposible de aceptar o de entender. No forma parte de mi tradición o bien, como tú dirías, no forma parte del inventario en mi almacén.

– Sí, así es -asintió Clara-. ¡Esto es brujería!

– ¿Quieres decir que la brujería aún existe y se practica en la actualidad? -pregunté.

De súbito Clara se puso de pie y agarró su bulto.

– No me preguntes más al respecto -pidió, categórica-. Más luego averiguarás todo lo que quieras saber, pero alguien con mayor capacidad que yo para explicar estas cosas te lo dirá.

10

Clara estaba sentada en el sillón de ratán a la orilla del patio, cepillándose su lustroso cabello negro. Lo acomodó con las puntas de los dedos hasta que todo quedó en su lugar. Al terminar de arreglarse, se llevó la palma de la mano izquierda a la frente y la frotó suavemente con un movimiento circular. Luego se pasó la mano por encima de la cabeza y hasta la base de la nuca, para finalmente sacudir las muñecas y los dedos en el aire. Repitió esta secuencia de frotar y sacudir varias veces más.

Observé sus movimientos, fascinada. No tenía nada de descuidados o casuales. Los ejecutó con intensa concentración, como si estuviese realizando una tarea de suma importancia.

– ¿Qué estás haciendo? -pregunté, rompiendo el silencio- ¿Te estás dando una especie de masaje facial?

Clara me echó un vistazo. Yo estaba sentada en el otro sillón, imitando sus movimientos.

– Estos movimientos circulares impiden la formación de arrugas en la frente -indicó-. Tal vez te parezca un masaje facial, pero no lo es. Son pases brujos, movimientos de la mano diseñados para reunir la energía con un propósito específico.

– ¿Qué propósito específico es ése? -pregunté, sacudiendo las muñecas en la misma forma que ella.

– El propósito de estos pases brujos es conservar la apariencia juvenil al impedir que se formen arrugas -replicó-. El propósito fue determinado con anterioridad, no por mí ni por ti sino por el poder mismo.

Debí admitir que, con respecto a Clara, si esa era la cuestión, definitivamente funcionaba. Tenía un cutis espléndido que hacía resaltar sus ojos verdes y cabello oscuro. Siempre había creído que su apariencia juvenil se debía a sus genes indígenas. No sospeché nunca que deliberadamente la cultivara por medio de movimientos específicos.

– Siempre que se reúne energía, como en el caso de estos pases brujos, lo llamamos poder -continuó Clara-. Recuerda, Taisha, que poder es cuando la energía se reúne, ya sea por sí sola o bajo el mando de alguien. Escucharás hablar mucho más acerca del poder, no sólo por mí sino también por mis parientes. Van a regresar cualquier día de estos.

Aunque Clara se refería constantemente a sus parientes, yo había perdido toda esperanza de conocerlos. Su referencia al poder era otro asunto muy diferente. No entendí nunca qué quería decir con poder.

– Te enseñaré unos pases brujos que debes ejecutar todos los días de tu vida a partir de ahora -anunció.

Lancé un suspiro quejumbroso. Eran tantas las cosas que me había enseñado y que según ella debía de hacerlas todos los días de mi vida: la respiración, la recapitulación, los ejercicios de kung fu, las largas caminatas. Si alineaba una tras otra las cosas que me dijo que hiciera, las horas del día no alcanzarían ni para la mitad.

– ¡Por favor! No me tomes tan literalmente -dijo Clara al ver mi expresión afligida-. Estoy llenando tu cerebrito de todo lo posible, porque quiero que sepas de todas estas cosas. El conocimiento reúne energía, por eso el conocimiento es poder. Para hacer que funcione la brujería, debemos saber lo que estamos haciendo cuando enfocamos nuestro intento, no en el propósito, date cuenta, sino en el resultado del acto de brujería. Si intentamos el propósito de nuestras acciones de brujería, estaríamos creando brujería; tú y yo no tenemos tanto poder.

– No te entiendo, Clara -dije, acercando mi silla un poco- ¿Para qué no tenemos suficiente poder?

– Quiero decir que ni siquiera entre las dos juntas podemos reunir la energía abrumadora que se requeriría para crear un nuevo propósito. Pero en forma individual definitivamente podemos reunir suficiente energía para enfocar nuestro intento en el resultado de estos pases brujos: que no nos salgan arrugas. Es todo lo que podemos hacer, puesto que su propósito -mantenernos joven y de apariencia juvenil- ya está establecido.

– ¿Es como la recapitulación, cuyo resultado final fue creado de antemano por el intento de los antiguos brujos? -pregunté.

– Exactamente -dijo Clara-. El intento de todos los actos de brujería ya está establecido. Sólo tenemos que enganchar nuestra conciencia con él.

Colocó su sillón en frente de mí, de modo que nuestras rodillas apenas se tocaban. Luego frotó cada pulgar vigorosamente en la palma de la otra mano y se los puso en el caballete de la nariz. Con trazos ligeros y parejos se los pasó sobre las cejas hasta las sienes.

– Este pase impedirá que se te hagan surcos entre las cejas -explicó.

Después de frotar los índices rápidamente uno con otro, como dos palos para encender un fuego, se los acercó a ambos lados de la nariz en posición vertical y suavemente los desplazó varias veces con un movimiento lateral sobre las mejillas.

– Esto es para despejar las cavidades de los sinus -indicó, estrechando deliberadamente los pasajes nasales-. En lugar de hurgarte la nariz, efectúa este movimiento.

No me agradó su referencia a que me hurgara la nariz, pero intenté el movimiento y en efecto me despejó los sinus, como lo había dicho.

– El siguiente es para evitar que se cuelguen las mejillas -señaló.

Frotó las palmas de las manos enérgicamente la una contra la otra y, con movimientos largos y firmes, se las deslizó hacia arriba sobre las mejillas hasta las sienes. Repitió el movimiento siete veces, siempre con trazos ascendentes lentos y uniformes.

Observé que tenía la cara sonrojada, pero aún no se detenía. Colocó el filo interno de la mano, con el pulgar doblado sobre la palma, arriba del labio superior, y se frotó de un lado a otro con un vigoroso movimiento de sierra.

Explicó que el punto en el que se unen la nariz y el labio superior, al frotarse enérgicamente, estimula el flujo de energía con destellos suaves y uniformes. De requerirse descargas mayores de energía, era posible obtenerlas picando el punto en el centro de la encía superior, debajo del labio superior y debajo del tabique de la nariz.

– Si te da sueño en la cueva al recapitular, frota enérgicamente el punto debajo de tu nariz y te reanimarás al instante -dijo.

Me froté el labio superior y percibí que se me destapaban la nariz y los oídos. También experimenté una ligera sensación de entumecimiento en el paladar. Duró pocos segundos, pero me quitó el aliento. Me dejó con la sensación de que estaba a punto de descubrir algo velado.

A continuación, Clara movió los índices de lado a lado debajo de la barbilla, otra vez con un rápido movimiento horizontal como de sierra. Explicó que estimular el punto debajo de la barbilla produce un estado sereno de alerta. Agregó que también podemos activar este punto descansando la barbilla sobre una mesa baja al estar sentados en el piso.

Siguiendo su sugerencia, pasé mi cojín al piso, me senté en él y apoyé la barbilla en un huacal que estaba justo en el nivel de mi cara. Al inclinarme al frente, ejercí una leve presión sobre el punto del mentón indicado por Clara. Tras unos cuantos momentos, sentí que mi cuerpo se tranquilizaba; un hormigueo me subió por la espalda y penetró en mi cabeza y mi respiración se tornó más profunda y más rítmica.

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