El Príncipe de la Niebla
- Автор: Сафон Карлос Руис
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «El Príncipe de la Niebla». Краткое содержание книги:
- Entonces, ¿Roland no sabe quién es en realidad? -preguntó Max.
El anciano negó repetidamente y Max advirtió que finalmente había lágrimas de rabia en sus ojos, castigados por demasiados años vigilando en lo alto del faro.
- ¿Quién está enterrado entonces en la tumba de Jacob Fleischmann en el cementerio? -preguntó Max.
- Nadie -respondió el anciano -. Nunca se construyó esa tumba ni se ofició un funeral. La tumba que viste el otro día apareció en el cementerio local a la semana siguiente de la tormenta. Las gentes del pueblo creen que Fleischmann la mandó construir para su hijo.
- No lo entiendo -replicó Max -. Si no fue Fleischmann, ¿quién la construyó y para qué?
Víctor Kray sonrió amargamente al muchacho.
- Caín -respondió finalmente -. Caín la colocó allí y la ha estado reservando desde entonces para Jacob.
- Dios mío -murmuró Max, comprendiendo que tal vez había desperdiciado un tiempo precioso al obligar al anciano a confesar toda la verdad -. Hay que sacar a Roland de la cabaña ahora mismo…
El envite de las olas que rompían en la playa despertó a Alicia. Ya había caído la noche y, a juzgar por el intenso repiqueteo del agua sobre el tejado de la cabaña, una fuerte tormenta se había desencadenado sobre la bahía mientras dormían. Alicia se incorporó, aturdida todavía, y comprobó que Roland seguía tendido en el catre, murmurando palabras ininteligibles en su sueño. Max no estaba allí y Alicia supuso que su hermano estaría afuera, contemplando la lluvia sobre el mar; a Max le fascinaba la lluvia. Se dirigió hasta la puerta y la abrió, echando un vistazo a la playa.
Una densa niebla azulada reptaba desde el mar hacia la cabaña como un espectro acechante y Alicia pudo percibir docenas de voces que parecían susurrar desde su interior. Cerró la puerta con fuerza y se apoyó contra ella, decidida a no dejarse llevar por el pánico. Roland, sobresaltado por el ruido del portazo, abrió los ojos y se incorporó trabajosamente, sin comprender muy bien cómo había llegado hasta allí.
- ¿Qué está pasando? -consiguió murmurar Roland.
Alicia despegó los labios para contestar, pero algo la detuvo. Roland contempló estupefacto cómo una densa niebla se filtraba por todas las junturas de la cabaña y envolvía a Alicia. La muchacha gritó y la puerta sobre la que había estado apoyada salió despedida hacia el exterior, arrancada de los goznes por una fuerza invisible. Roland saltó del catre y corrió hacia Alicia, que se alejaba en dirección al mar envuelta en aquella garra formada por la niebla vaporosa. Una figura se interpuso en su camino y Roland reconoció al espectro de agua que le había arrastrado a las profundidades. El rostro lobuno del payaso se iluminó.
- Hola, Jacob -susurró la voz tras los labios gelatinosos -. Ahora sí que vamos a divertirnos.
Roland golpeó la forma acuosa y la silueta de Caín se desintegró en el aire, dejando caer en el vacío litros y litros de agua. Roland se precipitó al exterior y recibió el golpe de la tormenta. Una gran cúpula de espesas nubes purpúreas se había formado sobre la bahía. Desde su cima, un rayo cegador cayó sobre uno de los picos del acantilado y pulverizó toneladas de roca, esparciendo una lluvia de briznas incandescentes sobre la playa.
Alicia gritó, luchando por zafarse del abrazo letal que la aprisionaba y Roland corrió sobre las piedras hasta la orilla. Intentó alcanzar su mano hasta que una fuerte sacudida del mar le derribó. Cuando se puso en pie de nuevo, toda la bahía temblaba bajo sus pies y Roland escuchó un enorme rugido que pareció ascender desde las profundidades. El muchacho retrocedió unos pasos, luchando por mantener el equilibrio y pudo ver que una gigantesca forma luminosa ascendía desde el fondo del mar hacia la superficie, levantando olas de varios metros en todas direcciones. En el centro de la bahía, Roland reconoció la silueta de un mástil emergiendo de entre las aguas. Lentamente, ante sus ojos incrédulos, el casco del Orpheus salió a flote, envuelto en un halo espectral.
Sobre el puente, Caín, envuelto en su capa, alzó un bastón plateado al cielo y un nuevo rayo cayó sobre él, prendiendo de luz resplandeciente todo el casco del Orpheus. El eco de la cruel carcajada del mago inundó la bahía mientras la garra fantasmal soltaba a Alicia a sus pies.
- Es a ti a quien quiero, Jacob -susurró la voz de Caín en la mente de Roland -. Si no quieres que ella muera, ven a buscarla…
Capítulo dieciséis