Canticos de la lejana Tierra [=Voces de un mundo distante / The Songs of Distant Earth - es]
- Автор: Кларк Артур Чарльз
- Год: 1979
- Язык: испанский
- Переводчик: Francisca Graelis Reynoso
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Canticos de la lejana Tierra [=Voces de un mundo distante / The Songs of Distant Earth - es]». Краткое содержание книги:
Sin embargo, a pesar de sus modos de vida totalmente diferentes, Mirissa y él tenían mucho en común. La curiosidad e inteligencia de ella eran rasgos que había que fomentar; no había nadie, ni siquiera entre los demás miembros de la tripulación, con quien pudiera mantener unas conversaciones tan estimulantes. A veces Kaldor se encontraba en un aprieto tan grande para contestar a sus preguntas que su única defensa era un contraataque.
— Me sorprende — le dijo a Mirissa tras un examen particularmente exhaustivo de la política Solar—que nunca asumieras las responsabilidades de tu padre y trabajaras aquí con plena dedicación. Este trabajo sería idóneo para ti.
— Estuve tentada. Pero él se pasó la vida respondiendo a las preguntas de otras personas y acumulando archivos para los burócratas de la Isla Norte. Nunca tuvo tiempo de hacer nada por sí mismo.
—¿Y tú?
— Me gusta reunir datos, pero también me gusta ver cómo se usan. Por eso me hicieron subdirectora del Proyecto de Desarrollo de Tarna.
— Lo cual, me temo, puede haber sido ligeramente saboteado por nuestras operaciones. O eso me dijo el director cuando me encontré con él al salir del despacho de la alcaldesa.
— Ya sabes que Brant no hablaba en serio. Es un plan a largo plazo con fechas de finalización sólo aproximadas. Si el Estadio Olímpico de Hielo acaba construyéndose aquí, es posible que el proyecto tenga que ser modificado… para mejorarlo, según creemos la mayoría. Naturalmente, los norteños quieren tenerlo en su zona: piensan que nosotros ya tenemos bastante con el Primer Aterrizaje.
Kaldor rió entre dientes; lo sabía todo sobre la vieja rivalidad que había existido durante generaciones entre las dos islas.
— Bueno… ¿y no es así? Especialmente ahora que nos tenéis como un atractivo adicional. No debéis ser demasiado codiciosos.
Habían llegado a conocerse, y a gustarse, tan bien, que podían bromear acerca de Thalassa o la Magallanes con idéntica imparcialidad. Y ya no había secretos entre ellos; podían hablar con franqueza sobre Loren y Brant; y, por fin, Moses Kaldor vio que podía hablar de la Tierra.
— Oh, he perdido la cuenta de mis distintos empleos, Mirissa; de todas formas, la mayor parte de ellos no eran muy importantes. El que tuve durante más tiempo fue el de profesor de ciencias políticas en Cambridge, Marte. Y no puedes imaginarte la confusión que se producía a causa de ello, porque había una Universidad más antigua en un lugar llamado Cambridge, en Massachussets… y otra aún más antigua en Cambridge, Inglaterra.
« Pero hacia el final, Evelyn y yo nos involucramos cada vez más en los problemas sociales inmediatos, y en la planificación del Éxodo Final. Parecía que yo tenía un cierto talento oratorio… y podía ayudar a la gente a afrontar lo que el futuro les deparaba.
« Sin embargo, nunca creímos de verdad que el Final llegaría en nuestra época… ¡Quién podía pensarlo! Y si alguien me hubiera dicho que debía abandonar la Tierra y todo lo que amaba…
Un espasmo de emoción cruzó su rostro y Mirissa esperó, con un silencio de comprensión, hasta que recuperó su compostura. Había tantas preguntas que le quería hacer, que le llevaría una vida entera contestarlas a todas, y sólo tenía un año antes de que la Magallanes partiera de nuevo hacia las estrellas.
— Cuando me dijeron que se me necesitaba utilicé toda mi habilidad filosófica y dialéctica para demostrarles que estaban equivocados. Les dije que era demasiado viejo; que todo lo que yo sabía estaba almacenado en los bancos de memoria; que otros hombres lo harían mejor… todo excepto la auténtica razón.
« Finalmente, Evelyn tomó la decisión por mí; es verdad, Mirissa, que en ciertos casos las mujeres sois mucho más fuertes que los hombres… Pero, ¿por qué te estoy contando esto a ti?
« Su último mensaje decía: « Ellos te necesitan. Hemos pasado cuarenta años juntos… y ahora sólo queda un mes. Te dejo mi amor. No trates de encontrarme. «
« Nunca sabré si vio el fin de la Tierra como yo lo vi… cuando abandonábamos el Sistema Solar.
25. Escorpio
Había visto a Brant desnudo antes, cuando hicieron aquel memorable viaje en barca, pero nunca se había dado cuenta de los formidables músculos de aquel joven. Aunque Loren siempre había cuidado bien su cuerpo, había tenido pocas ocasiones de practicar algún deporte o ejercicio desde que dejaron la Tierra. Por el contrario, era probable que Brant realizase todos los días un ejercicio físico duro… y eso se notaba. Loren no tendría absolutamente ninguna posibilidad frente a él, a menos que pudiera valerse de una de las supuestas artes marciales de la antigua Tierra… ninguna de las cuales él conoció jamás.
Todo aquello era absolutamente ridículo. Allá estaban sus colegas oficiales sonriendo estúpidamente. Y también el capitán Bey, sosteniendo un cronómetro. Y Mirissa, con una expresión que sólo podía calificarse de presumida.
— dos.. uno… cero… ¡Ya! — dijo el capitán. Brant atacó como una cobra. Loren trató de evitar la embestida, pero descubrió horrorizado que no controlaba su cuerpo. El tiempo parecía discurrir más lentamente… Estaba a punto de perder no sólo a Mirissa, sino su propia virilidad…
En este momento, afortunadamente, se había despertado, pero el sueño todavía le preocupaba. Sus orígenes eran obvios, pero ello no le tranquilizaba en lo más mínimo. Se preguntó si debía contárselo a Mirissa.
Desde luego que nunca podría contárselo a Brant, que seguía siendo muy amable con él, pero cuya compañía encontraba ahora molesta. Sin embargo, hoy sí que se alegraba de verle; si estaba en lo cierto, se enfrentaban ahora con algo mucho más importante que sus asuntos personales.
Estaba impaciente por ver la reacción que tendría Brant al ver el inesperado visitante que había llegado durante la noche.
El canal de hormigón que llevaba el agua del mar a la planta congeladora tenía cien metros de largo y acababa en un estanque circular que contenía justo el agua suficiente para hacer un copo de nieve. Como el hielo puro era un material mediocre para la construcción, era preciso reforzarlo y las largas hebras de algas marinas de la Gran Pradera Oriental constituían un refuerzo conveniente y barato. El compuesto había sido apodado « hieligón » y estaba garantizado que no se desplazaría, como un glaciar, durante las semanas o meses de aceleración de la Magallanes.
— Ahí está.
Loren se hallaba junto a Brant Falconer al borde del estanque, mirando por una brecha de la enmarañada balsa de vegetación marina. La criatura que comía las algas estaba constituida según el mismo plan general que una langosta terrestre… pero tenía más del doble de la altura de un hombre.
—¿Habías visto algo así antes?
— No — se apresuró a contestar Brant—, y no lo lamento. ¡Qué monstruo! ¿Cómo lo atrapasteis?
— No lo hemos hecho. Ha venido nadando (o arrastrándose) hasta aquí desde el mar, siguiendo el canal. Luego ha encontrado las algas y ha decidido almorzar gratis.
— No me extraña que tenga pinzas como ésas; estos tallos son muy duros.
— Bueno, al menos es vegetariano.
— No estoy seguro de querer comprobarlo.
— Esperaba que pudieras contarnos algo sobre él.
— Conocemos sólo una centésima parte de las criaturas del mar thalassano. Algún día construiremos submarinos de investigación y nos adentraremos en aguas profundas. Pero hay otras muchas prioridades, y no demasiada gente interesada.