La Fuga De La Novia
- Автор: Морган Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La Fuga De La Novia». Краткое содержание книги:
Su inesperado y poco dispuesto anfitrión, un tipo serio llamado Kam Caine, pensó que estaba loca, pero al menos no la arrojó a la oscuridad de la noche con su arrugado vestido de novia. Y de alguna forma, sin proponérselo, le estaba mostrando toda la pasión que Ashley había echado en falta en su noviazgo.
Viéndolos, Ashley pensaba lo maravillosos que eran los niños y se preguntaba cuándo sabía una mujer si estaba embarazada. Ella nunca lo había estado, pero tenía una extraña sensación física que le hacía preguntarse cuáles serían los síntomas. A veces le entraba la duda, pero pronto ahuyentaba esos pensamientos, diciéndose que cosas así no pasaban en la realidad.
Los días pasaban y Kam no la llamaba. Telefoneó a Shawnee en un par de ocasiones, siempre preguntando por Ashley, pero nunca la llamó directamente. Shawnee trató de sonsacarle por qué se comportaba de una manera tan cruel, pero él la ignoraba.
– Tiene miedo -comentó Shawnee a Ashley-.Eso es lo que le pasa.
Ashley rió. La idea le parecía absurda.
– ¿Por qué iba a tener miedo? -preguntó.
Shawnee reflexionó antes de contestar.
– Sabes que durante años he querido que Kam se casara -dijo al fin.
– ¿Y si él no quiere casarse? -preguntó Ashley, concentrando su atención en sus uñas.
– Ese es el problema -dijo Shawnee-, que no quiere casarse. Pero ahora que yo he comprobado lo maravilloso que es estar casada, no pienso parar hasta conseguirlo.
Ashley no quería participar en los planes de Shawnee, pero hubiese querido que Kam supiera que ella no tenía deseos de atraparlo.
Si el no quería aceptar un compromiso matrimonial, ella estaba dispuesta a aceptarlo. Sólo quería estar con él, y le dolía que él no la necesitara de la misma manera. Ashley ansiaba hablar con él y aclarar las cosas.
Mientras, debía tranquilizarse. Se sentía en medio de una tormenta a punto de estallar, y lo único que podía hacer era esperar.
– Como te dije ayer, llevo años busacando la mujer apropiada para Kam -comentó Shawnee al día siguiente mientras hacían la caja-, pero he desistido.
– ¿Es una causa perdida? -dijo Ashley, secamente.
– No -respondió Shawnee dirigiéndole una rápida mirada-. Creo que él mismo la ha encontrado. -¿Quién es? -preguntó Ashley, tratando de aparentar indiferencia.
– Tú.
– ¿Yo? -sacudió la cabeza, riendo-. No creo. -¿Por qué no?
Ashley suspiró.
– No se me dan bien las relaciones. Es un problema innato. Nunca he mantenido una relación estable, y no creo que lo consiga en el futuro.
Ashley hablaba tal y como le dictaba el pasado, pues ya no sentía lo mismo. El conocer a Kam le había hecho cambiar de opinión, pero mientras él no coincidiera con ella, prefería seguir apegada a sus viejas creencias.
– No digas tonterías -dijo Shawnee-. No se te darán bien las malas relaciones, pero ya verás lo bien que se te da una buena relación.
Shawnee era más optimista que Ashley.
Esta trabajaba en el restaurante y por las tardes se dedicaba a pensar en lo que Kam estaría haciendo y a preguntarse por qué no llamaba. Tenía tanto tiempo para pensar que a veces le costaba seguir la línea de sus propios pensamientos. Se sentía algo aturdida y no dejaba de preguntarse qué haría Kam y por qué estaba tan hambrienta por las mañanas.
– Tengo que llevar el dinero al banco. ¿Te importaría llevarle la comida al tío Reggie? -preguntó Shawnee uno de aquellos días.
Ashley cogió las llaves de debajo de la barra y pensó en el tío de Kam y en su misteriosa espera. Desde que trabajaba en el restaurante había oído hablar mucho de él, pero todavía no lo había conocido.
– Por supuesto. Se la llevaré de camino a casa. ¿Dónde vive? -preguntó.
– En una cabaña que ha contruído él mismo en lo alto del acantilado -dijo Shawnee-. Tiene un apartamento en el pueblo, pero ha decidido vivir como un mendigo y esperar a su sirena.
– ¿Cuándo empezó a creer en la sirena? Shawnee suspiró.
– Todo empezó con un documental sobre las sirenas de Hamakua Point.
Había sirenas de verdad -preguntó Ashley, sorprendida.
– Por supuesto que no -dijo Shawnee, poniendo los ojos en blanco.
– ¿Entonces…?
– Es una historia demasiado complicada para contártela ahora.
– Shawnee -dijo Ashley-. ¿Habéis considerado la posibilidad de llevarlo a un psiquiatra?
– He hecho que le vieran distintos médicos, y todos dicen que está más cuerdo que todos nosotros. He llegado a pensar que son ellos los que necesitan terapia.
Ashley se sintió un poco inquieta teniendo que llevar las hamburguesa a aquel extraño hombre, pero éste la hizo sentir cómoda de inmediato. Era alto y guapo, de cabello cano. A pesar de las condiciones en las que vivía, tenía un excelente aspecto.
– Adelante -la invitó, abriendo la puerta de su guarida.
La habitación estaba ordenada y limpia. En las paredes había numerosos dibujos de sirenas.
– Son muy hermosos -dijo Ashley, contemplándolos-. ¿Quién los ha hecho?
– Yo -respondió Reggie.
– Me encantan -comentó Ashley-. ¿Ha pensado alguna vez en hacer ilustraciones para cuentos?
– Sólo hago sirenas -respondió él, con solemnidad.
Ashley no supo qué decir.
– Tengo que volver al trabajo -dijo él, bruscamente.
– ¿Cuál es su trabajo? preguntó Ashley, divertida.
– Otear el horizonte -dijo él, mostrando unos prismáticos-. ¿No lo sabías?
– Como ves, hay una conexión mal hecha en nuestra información genética -masculló Shawnee cuando Ashley le contó a la mañana siguiente su visita a Reggie-. Es espantoso que la gente te pare en la calle y te pregunte qué le ha pasado a tu tío, siendo un hombre tan cuerdo como solía ser.
– Era un tipo estupendo -intervino Jimmy, el hijo de Shawnee, que las había ido a ver al restaurante-. Trabajamos juntos en un documental. Entonces no estaba así.
Shawnee sacudió la cabeza.
– No te preocupes -dijo Jimmy-. Sabes que estos periodos de locura se le acaban pasando.
– No lo sé -dijo Shawnee, con tristeza.
Pero su melancolía se pasó en cuanto Jimmy y ella se sentaron a discutir el futuro viaje del chico a Asia.
– Jimmy va a dejar el colegio por un año -explicó a Ashley, cuando ésta les trajo una taza de café-. Acaba de romper con su novia y tiene que cambiar de aires. Yo le pago la mitad del viaje y su padre le dará algo de dinero para que no le falte. Atravesará Japón en tren y tal vez vaya a Australia. Va a ser una gran experiencia.
Más tarde, cuando Ashley vio lo triste que Shawnee se ponía al marcharse Jimmy, pensó en lo difícil que iba a ser para ella pasar doce meses sin su hijo, y revivió su propia tristeza al decir adiós a Kam. Sólo entonces había descubierto lo traumático que podía ser despedirse de un ser amado. Había pasado ya un mes.
– ¿Por qué no viene? -preguntó a Shawnee, no pudiendo reprimirse por más tiempo-. Ha pasado ya un mes. ¿Por qué no ha venido ni siquiera un fin de semana.
– Siempre tarda en venir -dijo Shawnee, esquivando la mirada de Ashley.
– Pero podía haber venido a verme -protestó Ashley.
– Tienes razón -dijo Shawnee, frunciendo el ceño-. Ha llegado el momento de hacer algo. Shawnee llamó a Kam al día siguiente.
– ¿Por qué sigues en Honolulu? -le preguntó, en cuanto Kam se puso al teléfono.
– ¿No sabes que aquí es donde trabajo? -¿No te importa Ashley? Kam guardó silencio unos segundos.
– Por supuesto que me importa Ashley -admitió, al fin-. Pero puede cuidar de sí misma.
– Tal vez.
– ¿Qué quieres decir? ¿Pasa algo? -dijo, preocupado.
– No pasa nada, pero te echa de menos. Kam se tranquilizó. -Shawnee, no te metas en esto -dijo. -No quieres volver a enamorarte. ¿Es eso? -No es asunto tuyo.
Shawnee apretó el auricular como si fuera un bate de béisbol.
– Tratas de ocultarte en el mundo ordenado de la ley, donde todo es lógico y no hay cabida para los sentimientos.
Hubo un silencio. Cuando Kam respondió, lo hizo en tono irritado.
– Iré cuando pueda. Ahora vete a la cama y deja de intentar arreglar la vida de los demás.