Fronteras del infinito [Borders of Infinity - es]
- Автор: Буджолд Лоис Макмастер
- Год: 1992
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-2526-X
- Переводчик: M
- Жанр: Космическая фантастика
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Incluye los relatos:
Las Montañas de la Aflicción
Laberinto
Fronteras del Infinito
Premio Hugo a la mejor novela corta 1990 por Las Montañas de la Aflicción.
—¿Has pensado alguna vez en volver a la colonia Beta y buscar a alguien que sea como tú? —le preguntó.
Thorne se encogió de hombros.
—Demasiado aburrido. Por eso me fui. Es tan seguro, tan estrecho. …
—Un lugar excelente para criar hijos. —Miles esbozó una sonrisa. Thorne también.
—Exacto. ¿Sabes que eres un betano perfecto? Casi. Tienes el mismo acento, humor…
Miles se puso a la defensiva.
—¿Y dónde fallo?
Thorne le rozó la mejilla. Miles se apartó, con brusquedad.
—Reflejos —dijo Thorne.
—¡Ah!
—No pienso traicionarte.
—Lo sé.
Bel se inclinaba hacia él de nuevo.
—Podríamos pulir ese punto…
—No importa —dijo Miles, y enrojeció un poco—. Ahora tenemos una misión.
—Inventario —soltó Thorne con sorna.
—Ésa no es la misión —protestó Miles—. Ésa es la tapadera.
—Ajá. —Thorne se enderezó—. Por fin.
—¿Por fin?
—No hace falta ser un genio. Vinimos a recoger un pedido, pero en lugar de traer la nave de mayor capacidad de carga, elegiste la más rápida de la flota, el Ariel. No hay rutina más monótona que la del inventario, pero en lugar de enviar a un comisario competente, prefieres supervisarlo en persona.
—En realidad, quiero contactar con el nuevo barón Fell —contestó Miles sin darle importancia— La Casa Fell es la mayor proveedora de armas de este lado de la colonia Beta y no es quisquillosa en cuanto a la identidad de sus clientes. Si me gusta la calidad de la primera compra, podría convertirla en nuestra proveedora habitual.
—Una cuarta parte de las armas de Fell son de fabricación betana, con otra marca —señaló Thorne— Ajá de nuevo.
—Y mientras estamos aquí —continuó Miles—, se va a presentar un cierto individuo de edad madura que va a firmar un contrato con los mercenarios de Dendarii como técnico médico. En ese momento, cancelamos todo lo que tengamos pendiente con la estación, terminamos de cargar cuanto antes y nos vamos.
Thorne sonrió, satisfecho.
—Un rescate. Muy bien. Y bien pagado, supongo…
—Muy bien. Si llega a destino con vida. Ese hombre es el experto en genética más importante de los laboratorios de la Casa Bharaputra. Un gobierno planetario capaz de protegerlo de los largos brazos del barón Luigi Bharaputra le ofreció asilo. Su casi ex empleador se pondrá furioso en menos de un mes. Nos pagan para dejarlo en manos de sus nuevos señores vivo y con, ejem, con todos los secretos de su oficio.
»Como la Casa Bharaputra, probablemente, puede comprar y vender a toda la Flota Libre de los Mercenarios de Dendarii dos veces sólo con su calderilla, preferiría no tener que enfrentarme a los hombres del barón Luigi. Así que vamos a ser unos ingenuos. Lo único que vamos a hacer es aceptar a un hombre en la flota. Y nos enfureceremos cuando el hombre deserte en la escala que haremos en Escobar.
—Me parece bien —aceptó Thorne—. Simple.
—Eso espero —suspiró Miles cargado de esperanza—. Después de todo, ¿por qué no pueden ir bien las cosas sólo por esta vez?
Las oficinas de compra y exposición de las mercancías letales de la Casa Fell estaban cerca de los muelles, y la mayoría de los compradores menores de esa casa nunca se adentraban más allá en la estación. Pero poco después de que Miles y Thorne pasaran su pedido —largo e impresionante—, apareció una persona muy obsequiosa con el uniforme de seda verde de la Casa Fell e insistió en que aceptaran una invitación para el almirante Naismith a una recepción en los cuarteles del barón.
Cuatro horas después, Miles entregaba el pase al mayordomo del barón Fell a la entrada del sector privado de la estación, y echaba un último vistazo al atuendo de Thorne y al suyo propio. El uniforme de gala de los Dendarii era una túnica de terciopelo gris con botones de plata en los hombros y ribete blanco, pantalones grises con vivos blancos y botas grises de ante sintético… ¿tal vez un tanto decadente? Bueno, él no lo había diseñado, sólo lo había heredado. Tenía que vivir con él.
La interconexión con el sector privado era muy interesante. Miles captó varios detalles mientras el mayordomo los registraba para ver si llevaban armas. El sistema de apoyo de vida, en realidad, todos los sistemas parecían ser independientes de los del resto de la estación. El área no sólo era aislable, sino que podía desprenderse. En realidad, no era una estación, sino una nave… con maquinaria y armamento disimulado en alguna parte, juraría Miles, aunque podía resultar mortal pretender constatarlo sin escolta. El mayordomo los hizo pasar y se detuvo para anunciarlos por el comunicador de muñeca:
—Almirante Miles Naismith, comandante de la Flota Libre de los Mercenarios de Dendarii. Capitán Bel Thorne, comandante del crucero rápido Ariel, de la Flota Libre de los Mercenarios de Dendarii.
Miles se preguntó quién estaría al otro lado del comunicador.
La sala de la recepción era amplia y estaba bien arreglada, con escaleras flotantes iridiscentes y niveles que creaban áreas privadas sin destruir una ilusión general de espacio abierto. Cada una de las entradas (Miles contó seis) tenía un guardia musculoso con uniforme verde que intentaba parecer un sirviente, sin acabar de conseguirlo. Había toda una pared transparente que daba sobre los muelles llenos de vida de la estación Fell y la curva de Jackson’s Whole que dividía el horizonte salpicado de estrellas. Un ejército de mujeres elegantes con saris de seda verde se deslizaban entre los invitados ofreciendo comida y bebida.
Después de echar un vistazo a los otros invitados, Miles decidió que el terciopelo gris era una elección discreta para el uniforme. Bel y él podían hacer conjunto con las paredes. Los pocos asistentes privilegiados llevaban un despliegue impresionante de las más atrevidas modas planetarias. Pero formaban un conjunto receloso, dividido en grupitos que se mantenían juntos sin mezclarse. Los guerrilleros, según parecía, no hablaban con los mercenarios, ni los contrabandistas con los revolucionarios y los santos gnósticos, claro está, hablaban sólo con el único Dios Verdadero, y tal vez con el barón Fell.
—Qué fiesta —comentó Bel—. Una vez fui a una exposición de mascotas en la que se respiraba este ambiente. El clímax llegó cuando una lagartija goteada de Tau Ceti se soltó y se comió a la estrella de la sección de perros.
—Shhh. Esto es parte del trabajo.
Una mujer de sari verde se inclinó en silencio frente a ellos y les ofreció una bandeja. Thorne alzó una ceja mirando a Miles…
—¿Comemos?
—¿Por qué no? —susurró Miles—. A la larga, lo vamos a pagar. Dudo que el barón envenene a sus clientes, es malo para el negocio. Aquí lo que mandan son los negocios. El capitalismo laissez faire desatado y salvaje.
Seleccionó un bocadito rosado que parecía un loto, y un misterioso trago brumoso. Thorne se sirvió lo mismo. Por desgracia, el loto resultó ser alguna especie de pescado crudo. Crujía entre dientes. Miles, en un aprieto, se lo tragó. La bebida, en cambio, era muy alcohólica y después de un sorbito para bajar el loto la dejó sobre la primera superficie plana que encontró. Su cuerpo enano se negaba a tolerar el alcohol y él no tenía ningún deseo de encontrarse con el barón Fell en estado semicomatoso o riéndose sin control. Thorne, más afortunado metabólicamente, retuvo la copa en su mano.