Fuera de un evidente destino
- Автор: Фалетти Джорджо
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Fuera de un evidente destino». Краткое содержание книги:
Coleman continuó su análisis dirigido a Cohen Wells.
– Sea de quien sea el mérito o la culpa, los navajos ya no andan por ahí con arcos y flechas. Son un Estado dentro del Estado. Entre ellos hay gente que ha estudiado, gente que sabe qué sucede en el mundo y a la que ya no se compra con un espejito o con cuatro mantas. Ya han aprendido la lección. Las mantas las fabrican ellos, y las venden al precio de las alfombras persas. Y dentro de la reserva disponen de suficientes recursos que explotar. Tienen uranio, cobre, petróleo, carbón…
Wells lo interrumpió, masticando por enésima vez un bocado amargo que no quería tragar. Aunque sabía que no se trataba de una novedad, de todos modos lo escupió sobre la mesa.
– Es eso lo que me enfurece. Extraen el carbón taladrando la madre tierra sin consideración y lo transportan a lo largo de varias decenas de kilómetros mediante una tubería alimentada con agua. Ahora no me dirás que el agua que necesitamos para alimentar los cañones de nieve artificial tiene mayor incidencia que la que ellos emplean todos los días para su actividad, ¿verdad?
Coleman explicó con paciencia a aquel niño el motivo por el que debía comer los cereales y las verduras.
– Se trata de dos cosas distintas. Una es vida, economía, trabajo. Además, no podemos interferir en el carácter sagrado de los Peaks. Los navajos lo defienden a capa y espada y lo harán a ultranza. Es preciso actuar con cautela. Un ataque frontal podría llevar a un estancamiento de la situación que tardaría años en resolverse. La determinación de los indígenas ha aumentado con el tiempo, junto con la capacidad de vivir el presente.
Hizo una concesión al malhumor de Wells y cortó de cuajo toda tentativa de objeción.
– Es cierto que tienen sus problemas. ¿Quién no los tiene? En el pasado mostraron cierta inclinación hacia el alcoholismo, que en parte persiste. También una fuerte propensión al suicidio. Elementos que denotan un malestar endémico y muy difundido. En el seno del Consejo de las Tribus existen divisiones, pero de ser necesario pueden contar con un apoyo mediático sin precedente. Son la etnia más numerosa de los nativos de América y una de las más conocidas en el mundo. En libros, folletos y películas del Oeste siempre se ha hablado de ellos. Forman parte del imaginario colectivo, lo que los vuelve mucho más fuertes de lo que permiten suponer su cantidad y su posición política.
– Randy, ¿acaso me crees idiota? Todo esto ya lo sabía. Lo único que quiero es convertir esa zona en un rincón del paraíso.
– Para ellos ya es un rincón del paraíso. En el sentido literal del término. Sería como pedir a un cristiano que instalara una estación de esquí en el Gólgota.
– Pero habría innumerables ventajas también para ellos.
– Es probable que la vida que llevan los vuelva refractarios a las lisonjas del dinero.
Wells sufrió un nuevo acceso de ira. El tono de su voz pasó a tonos amenazadores.
– ¡Pero por el amor de Dios! Basta con ir a dar una vuelta por la reserva. Hay lugares que claman venganza al cielo. Leupp, Kayenta… hasta en Window Rock se respira la miseria, y todos llevan pintada la desolación en la cara. Nadie puede desear vivir en esas condiciones.
– Esas condiciones, sean cuales sean, son fruto de la autodeterminación. En el pasado han superado pruebas que por nuestra parte han sido crueles hasta el extremo del genocidio. Aparte de los episodios denominados «de guerra», como lo ocurrido en Bosque Redondo, cargan a la espalda hechos que históricamente rayan en el peor de los abusos. Como la Larga Marcha o el campo de concentración de Fort Defiance, cuando en lugar de mantas y vestimentas para protegerse del frío les enviaron de Washington chaquetas de terciopelo de cuello alto y botines de mujer. ¿Quieres que continúe?
– Esas son cosas del pasado, que no pueden repetirse.
– Serán cosas del pasado, pero los hombres de hoy las recuerdan muy bien. Forman parte de su historia, aunque bastante reciente. Y, como sabes, el gato escaldado del agua fría huye.
Cohen Wells permaneció sentando un instante, pensativo, frotándose el mentón con la mano. Después cedió con un gesto la palabra a la representante del Bureau.
– ¿Rosalynd?
Antes de responder, la mujer se acomodó la falda sin ninguna necesidad.
– ¿Qué quieres que te diga? Todo se puede obtener. Pero Randy tiene razón. Es preciso proceder con pies de plomo. Un paso mal dado y podríamos encontrarnos en una situación espinosa de la que no lograríamos salir.
Coleman consideró oportuno concluir con una nota positiva.
– Tenemos la suerte de que Richard Tenachee ya no represente el símbolo de esta disputa. Con su desaparición, el frente de los opositores ha perdido mucha fuerza y empieza a mostrar alguna grieta. Verás como poco a poco lograremos disolverlo. De un modo o de otro.
El banquero asintió, no del todo convencido. Por otro lado, a Coleman le habría asombrado lo contrario. Luego alzó hacia los presentes un rostro decidido. Y no solo en cuanto a sus adversarios.
– Muy bien. Ahora que he escuchado todas las teorías derrotistas, espero que en breve me presentéis propuestas constructivas. Digamos que estoy harto de oír motivos por los cuales esto no puede hacerse. Dadme razones que nos permitan actuar en el sentido opuesto. Eso es lo que espero de vosotros: algo a cambio de lo que ya habéis obtenido de mí…
Estas palabras declaraban concluida la reunión. Pero también subrayaban con precisión la posición subordinada de sus interlocutores con respecto a él.
Resignado, Coleman saludó y se dirigió hacia la puerta. Rosalynd Stream se levantó del sillón con evidente alivio, cogió el bolso y lo siguió. El alcalde la imitó, contento de no haberse visto obligado a tomar la palabra.
Ya casi había llegado a la puerta cuando lo detuvo la voz de Wells.
– Tú no, Colbert. Hay algo que quisiera discutir contigo un momento.
Eso era lo que el alcalde temía. Y lo que temía había llegado.
Cerró la puerta tras la salida de sus compañeros, que sin ninguna envidia lo vieron desaparecer. Aguardó con cierta aprensión lo inevitable: tener que decepcionar por enésima vez a Cohen Wells. Este le hizo exactamente la pregunta que esperaba.
– ¿Hay novedades?
Gibson meneó la cabeza.
– Ninguna. He buscado en los archivos de la ciudad, pero sin éxito. Por mi parte trataré de poner todos los obstáculos posibles. Los documentos no están, y además son viejísimos. Tal vez en los archivos estatales de Washington…
Wells lo interrumpió con gesto decidido.
– Por Washington no te molestes. Ya tengo gente que se está ocupando. ¿Y en el otro frente?
– Hemos registrado la casa de arriba abajo y no hemos encontrado nada. El título de propiedad, si en realidad existe, podría estar en cualquier otra parte. En una caja de seguridad, por ejemplo.
– No. Eso puedes excluirlo. Nuestro héroe era más del tipo de los que esconden el dinero bajo el colchón. Por si acaso he hecho investigaciones, pero no ha aparecido ninguna caja de seguridad a ese nombre ni al de ninguna otra persona que pudiera serle cercana.
Tras una pausa de reflexión, Wells se convenció de estar en lo cierto.
– No, ese maldito papel está en alguna parte. Y hay que encontrarlo. Registrad de nuevo la casa, con más calma. Sin duda se os ha pasado algo por alto.
Gibson bajó la voz sin darse cuenta.
– En estos momentos, el tío que en general se encarga de hacernos esos trabajos se encuentra en la cárcel.
– Lo sé. Ese capullo se ha dejado coger durante uno de sus desequilibrios hormonales. Sabía que tarde o temprano ocurriría. Ya me he encargado de buscarle un abogado, pero solo para mantenerlo tranquilo. Creo que no nos causará problemas.
– No querría que ese loco decidiera abrir la boca. Tal vez para obtener clemencia de los jueces.
– No lo hará. Es loco pero no estúpido. Sabe que en un caso así evitaría una pena de muerte solo para garantizarse otra.