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Una guirnalda de estrellas [A Wreath of Stars - es]

Электронная книга - «Una guirnalda de estrellas [A Wreath of Stars - es]». Краткое содержание книги:

En el verano de 1993, millones de gentes observan en el cielo con incredulidad, ayudados por los recientemente inventados lentes Amplite, mientras el planeta de Thornton se acerca peligrosamente a la Tierra. Diseñados para ver en la oscuridad, los lentes Amplite, iluminan un misterioso mundo de materia antineutrínica que coexiste con la Tierra en otra dimensión
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Estalló otra carcajada general que inspiró a Snook una ocurrencia maligna: se preguntó cuántos del grupo seguirían divirtiéndose cuando aparecieran los avernianos, si es que aparecían. Se dirigió hacia el conducto sur, y advirtió que Prudence caminaba a su lado dirigiéndose a un ramal contiguo. Llevaba un letrero y una linterna, pero la figura esbelta y la vestimenta elegante eran incongruentes contra el fondo de superficies rocosas y artefactos de excavación. Snook sintió un involuntario aguijonazo de inquietud.

— ¿Entrará allí sola? — dijo.

— ¿No le parece que tengo que hacerlo? — la cara era inescrutable detrás de las lentes azules de los Amplite.

— Francamente, no.

Prudence curvó los labios.

— No le vi demasiado preocupado por mi seguridad mientras sus amigos se divertían en el portón…

— ¡Mis amigos! — la injusticia de la observación sorprendió tanto a Snook que no pudo articular frase alguna hasta que Prudence continuó caminando por el túnel. La siguió con la mirada, moviendo los labios en silencio, y luego reinició la marcha maldiciéndose interiormente por haber cometido la tontería de hablarle.

Los depósitos de arcilla diamantina habían sido anchos y profundos en aquel punto, y al retirarlos había quedado algo semejante a una caverna subterránea natural. Los proyectores parasónicos reducían la roca y la arcilla a polvo sin afectar la dureza de los diamantes, y además tenían la ventaja de que no resquebrajaban ni forzaban la estructura rocosa, de modo que se requería poco apuntalamiento. Snook siguió la curva del espacioso túnel hasta que calculó haber recorrido unos cien metros, se detuvo y encendió un cigarrillo. Desde los tubos fluorescentes del hueco principal le llegaba una iluminación muy tenue, pero las gafas la transformaban en un muro visible de luz que le parecía lo suficientemente intenso para detectar cualquier fantasma que apareciera. Por lo tanto, dio la espalda a la luz y se enfrentó a la parte más oscura del túnel. Aun así, el fulgor del cigarrillo era casi intolerable visto a través de las gafas de magniluct. Snook lo aplastó con el pie y se quedó perfectamente tieso, esperando.

Trascurrieron unos pocos minutos, largos como horas, y luego, imprevistamente, un enorme pájaro de luz emergió velozmente de la pared del costado, le relampagueó ante los ojos y desapareció en la roca esculpida del extremo opuesto del túnel. La imagen había sido tenue, pero Snook tuvo la impresión de que había podido verla hasta un segundo después que entró en la pared, como si la piedra misma estuviera volviéndose traslúcida e insustancial.

Jadeando entrecortadamente, se volvió hacia el hueco principal. La pared de luz azulada seguía allí como antes, pero ahora presentaba varios rectángulos más oscuros. Snook, frunciendo el ceño, se preguntó por qué no había reparado antes en aquellas manchas angulosas, y luego cayó en la cuenta de que estaba mirando el perfil de unos ventanales.

— ¡Por aquí! — gritó, mareado por el susto pero incapaz de contener el ansia de avanzar hacia ellos—. ¡El túnel sur! ¡Hay algo en el túnel sur!

Avanzó directamente hacia uno de los rectángulos pálidos, titubeó un instante y penetró en la barrera vertical y luminosa. De pie frente a él se hallaba un averniano que acunaba en los brazos un objeto borroso. Los complejos pliegues de la túnica ondeaban ligeramente en una brisa que no existía en la Tierra. Los ojos de la criatura rotaban lentamente cerca del extremo superior de la cabeza velluda, y la ancha boca estaba parcialmente abierta.

— Rápido — rugió Snook—. ¡Estoy en una habitación con uno de ellos!

— Calma, Gil — dijo una voz tranquilizadora que retumbó en la distancia.

El contacto auditivo con otro ser humano aplacó el torbellino de la mente de Snook. Se esforzó conscientemente por observar, y vio que el averniano parecía más alto que los otros. Le miró los pies y descubrió que el plano horizontal de resplandor azul y lechoso que era el suelo de los avernianos estaba en el mismo nivel que sus rodillas. Mientras observaba, el nivel le subía lentamente por los muslos. A esa velocidad, el piso fantasma pronto se elevaría por encima de la cabeza de Snook. Echó un vistazo a la estancia y distinguió formas que obviamente eran muebles, una mesa y sillas de curiosas proporciones. El averniano se hamacaba ligeramente, en una danza sin nombre, sin advertir que su intimidad era violada por un observador de otro universo.

— Rápido, por Dios — gritó Snook—. ¿Dónde está usted, Boyce?

— Aquí — la voz sonó muy cerca, y Snook vio que se acercaban figuras humanas—. La máquina es más pesada de lo que pensé. Quédese quieto… Trataré de alumbrarle para que él lo vea. ¡Así! Ahora levante el letrero por encima de la cabeza y hágalo girar.

Snook había olvidado el letrero. El estanque de tenue luminosidad le llegaba al pecho, pero la velocidad de ascenso había disminuido. Alzó el letrero por encima de la cabeza, luego se desplazó a un costado y quedó frente a la criatura… Clavó los ojos en los del averniano. Los ojos del averniano se fijaron en los de él. Y nada ocurrió.

«No soy real — pensó Snook—. No existo.»

— Esto no funciona — le dijo a Ambrose—. No hay ninguna reacción.

— No se desanime… Estoy aumentando la intensidad del campo.

— Bien — al fondo se oyó el chasquido de unas cámaras.

Snook notó que el nivel del piso del otro cuarto empezaba a bajarle de nuevo por el cuerpo, y después advirtió que el averniano no se había movido en varios segundos y aún mantenía los ojos fijos en él. El ancho tajo de la boca se torció en una mueca.

— Me parece que está pensando algo — dijo Snook.

— Puede ser — Ambrose se le había acercado y ahora estaba al lado de Snook en el cuarto extradimensional.

La criatura se volvió abruptamente, la primera acción rápida que Snook veía realizar a los de su especie, y atravesó la habitación. Pareció sentarse a la mesa y allí movió los brazos extrañamente articulados. El nivel del suelo traslúcido continuó descendiendo hasta que se fundió con el suelo rocoso del túnel, luego los pies de palmípedo del averniano empezaron a hundirse en él.

— No nos queda mucho tiempo — dijo Ambrose—. Creo que nos equivocamos al esperar una reacción.

Quig se les unió, la cámara apoyada en el ojo.

— De todos modos estoy registrando todo lo que puedo.

En ese momento el averniano se incorporó con un movimiento lánguido y se volvió hacia ellos. Extendía los brazos desde los mantos plegados y sostenía en las manos un cuadrado de material delgado apenas visible. A causa de la transparencia de la criatura y todo cuanto la rodeaba, a Snook le costó descubrir las marcas en la hoja cuadrángulas Entornó los ojos y distinguió un dibujo casi invisible: ondas cerradas, una flecha, ondas abiertas.

— Es nuestro mensaje — jadeó Ambrose—. Hemos logrado comunicarnos. ¡Y tan pronto!

— Allí hay algo más — dijo Snook; en la parte inferior del cuadrado tenue había otro diagrama: dos círculos ligeramente irregulares, casi superpuestos.

— Es astronómico — dijo Ambrose, ronco de entusiasmo—. ¡Están al tanto de lo que ocurre!

Snook siguió mirando el segundo diagrama, y en el fondo de las entrañas sintió la pulsación helada de la premonición. Los símbolos del diagrama superior eran de trazado impecable: las sinuosidades exactamente regulares, las líneas de la flecha bien rectas, lo cual sugería que el averniano era buen dibujante. Y sin embargo los dos círculos superpuestos del diagrama inferior — que según suponía Ambrose representaban dos esferas casi perfectas— presentaban irregularidades inequívocas. Además tenían varias marcas internas…

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