Pantaleón Y Las Visitadoras
- Автор: Llosa Mario Vargas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Pantaleón Y Las Visitadoras». Краткое содержание книги:
– Ese Servicio solo existe en sus mentes podridas, mis amigos-lo interrumpe, les sonríe, los mira con benevolencia, con afecto paternal el general Scavino-. ¿Cómo se les ocurre pedir audiencia para semejante disparate?
Si la prensa se enterara de esta petición, no le duraría mucho la Alcaldía, señor Paiva Runhui.
– Estamos dando el mal ejemplo a los civiles, llevando tentaciones a pueblos que vivían en una pureza bíblica-se demuda el padre Beltrán-. Espero que cuando lean este memorial, se les tuerza la cara de vergüenza a los estrategas de Lima.
– Escucha esto y cáete de espaldas, Tigre-estruja el teléfono, lee el memorial con ira el general Scavino-.
Ya empezó a circular la noticia por todas partes, mira lo que piden esos tipos de Nauta. Se nos viene encima el escándalo que tanto te advertí.
– Qué cuentas saca con los dedos-alza la presa de pollo y da un mordisco el teniente Bacacorzo-. Como dice Scavino, ustedes los de Intendencia terminan siempre con la locura matemática.
– Vaya conchudos, antes protestaban porque la tropa se tiraba a sus mujeres y ahora porque les hacen falta mujeres para tirarse juguetea con un secante el Tigre Collazos-. No hay manera de tenerlos contentos, lo que les gusta es protestar. Ponlos de patitas en la calle y no les recibas solicitudes tan cojudas, Scavino.
– Horror de los horrores-se cuelga la servilleta en el pecho. condimenta la ensalada con aceite y vinagre, empuña el tenedor y come el capitán Pantoja-. Si ampliaran el Servicio a los civiles, teniendo en cuenta la población masculina de la Amazonía la demanda subiría de diez mil a un millón de prestaciones mensuales cuando menos.
– Tendría que importar visitadoras del extranjero-liquida los últimos restos de carne, deja el hueso blanquísimo, bebe un trago de cerveza, se limpia la boca y las manos y delira el teniente Bacacorzo-. La selva se convertiría en un solo bulín y usted, en su oficinita del Itaya, tomaría el tiempo de ese diluvio de polvos con un millón de cronómetros. Confiese que le gustaría, mi capitán.
– No te imaginas lo que he visto, Pochita-pone la canasta en el repostero, saca un paquete y lo ofrece Alicia-. En la panadería de Abdón Laguna, que es hermano, han comenzado a hacer panes del mártir de Moronacocha. Les llaman los panes- niño y la gente los compra a montones. Te traje uno, mira.
– Te pedí diez y me traes veinte-observa desde la baranda las cabezas lacias, crespas, morenas, pelirrojas, castañas Pantaleón Pantoja-. ¿Crees que voy a pasarme el día tomando examen a las candidatas, Chuchupe?
– No es mi culpa-va bajando la escalerilla prendida del pasamanos Chuchupe-. Se corrió la voz que había cuatro vacantes y empezaron a salir mujeres como moscas de todos los barrios. Hasta de San Juan de Munich y de Tamshiyaco vinieron. Qué quiere, señor Pantoja, a todas las chicas de Iquitos les gustaría trabajar con nosotros.
– La verdad es que no lo entiendo-baja tras ella mirando las rollizas espaldas, las gelatinosas nalgas, las tuberosas pantorrillas Pantaleón Pantoja-. Aquí ganan poco y les sobra trabajo. ¿Qué caramelo las atrae tanto? ¿El buen mozo de Porfirio?
– La seguridad, señor Pantoja-señala con la cabeza los vestidos multicolores, los grupos que zumban como enjambres de abejas Chuchupe-. En la calle no hay ninguna. Para las lavanderas, a un día bueno siguen tres malos, nunca vacaciones y no se descansa el domingo.
– Y el Mocos es un negrero en sus bulines-las hace callar con un silbido y les indica que se acerquen Chupito-. Las mata de hambre, las trata mal y a la primera quemada a su casa. No sabe lo que es consideración ni humanidad.
– Aquí es distinto-se endulza, se toca los bolsillos Chuchupe-. Siempre hay clientes, las jornadas son de ocho horas y usted lo tiene todo tan organizado que a ellas les encanta. ¿No ve que hasta las multas le aguantan sin chistar?
– Lo cierto es que el primer día me dio un poco de aprensión-corta, pone mantequilla, mermelada, prueba un bocado y mastica la señora Leonor-, pero que le vamos a hacer, el pan-niño es el más rico de Iquitos. ¿A ti no te parece, hijito?
– Bueno, vamos a seleccionar a esas cuatro-decide Pantaleón Pantoja-. Qué esperas, hazlas formar Chino.
– Sepálense un poco, muchachas, pa que se luzcan mejol-coge brazos, presiona espaldas, hace avanzar, retroceder, ladearse, coloca, mide el Chino Porfirio-.
Las enanitas delante y las gigantas detlás.
– Aquí las tiene, señor Pantoja-brinca de un lado a otro, indica silencio, da ejemplo de seriedad, las alinea Chupito-. Ordenadas y formalitas. A ver, chicas, volteen a la derecha. Así, muy bien. Ahora a la izquierda, muestren su lindo perfil.
– ¿Que suban una pol una a su oficina pal examen calatitas, señol?-se acerca y le susurra al oído el Chino Porfirio.
– Imposible, me demoraría toda la mañana-mira su reloj, reflexiona, se anima, da un paso al frente y las encara Pantaleón Pantoja-. Voy a pasar revista colectiva, para ganar tiempo. Escúchenme bien, todas: si alguna tiene reparos en desvestirse en público, salga de la fila y la veré después. ¿Ninguna? Tanto mejor.
– Todos los hombres afuera-abre el portón del embarcadero, los azuza, les da empellones, regresa Chuchupe-. Rápido, flojos ¿no han oído? Sinforoso, Palomino, enfermero, Chino. Tú también, Chupón. Cierra esa puerta, Pichuza.
– Abajo faldas, blusas y sostenes, me hacen el favor -se coge las manos a la espalda y camina muy grave escudriñando, sopesando, comparando Pantaleón Pantoja-. Pueden quedarse en calzón, las que llevan.
Ahora, media vuelta en el mismo sitio. Eso mismo. Bueno vamos a ver. Una pelirroja, tú. Una morena, tú. Una oriental tú. Una mulata, tú. Listo, cubiertas las vacantes. Las otras, déjenle la dirección a Chuchupe, tal vez haya una nueva oportunidad pronto. Muchas gracias y hasta la próxima.
– Las seleccionadas, aquí mañana a las nueve en punto, para la revista médica-anota calles y números, las acompaña hasta la salida, las despide Chuchupe-. Bien bañaditas, muchachas.
– A ver, a ver, sírvanse esto calientito que si no, no es rico-distribuye los platos de sopa humeante la señora Leonor-. El famoso timbuche loretano, por fin me animé a hacerlo. ¿Qué tal me salió, Pocha?
– Qué buen gusto ha tenido para elegirlas, señor Pan Pan -sonríe con malicia, mira chispeando, canta la Brasileña -. De todos los colores y sabores. Sáqueme de la curiosidad ¿no tiene miedo que viendo tanta calata un día se acostumbre y ya no sienta nada con las mujeres?
Dicen que les pasa a algunos médicos.
– Está riquísimo, señora Leonor-toma la temperatura con la punta de la lengua, sorbe una cucharada Pochita-. Se parece mucho a lo que en la costa llamamos chilcano.
– ¿Estás tratando de tomarme el pelo, Brasileña? -arruga las cejas Pantaleón Pantoja-. Te advierto que ser un hombre serio no es ser un cojudo, no te equivoques.
– La diferencia es que todos los pescados de esta sopita son del Amazonas y no del Océano Pacífico-vuelve a llenar los platos la señora Leonor-. Paiche, palometa y gamitana. Uy, qué gustosa.
– Es usted el que se equivoca, no estoy tomándole el pelo sino haciéndole una broma-hace una caída de pestañas, quiebra la cadera, palpita los senos, modula la Brasileña -. ¿Por qué no me deja ser su amiga? Apenas le hablo se pone chúcaro, señor Pan-Pan. Cuidadito, mire que soy como los cangrejos, me encanta ir contra la corriente. Si me basurea tanto, me voy a enamorar de usted.
– Uf, pero qué calor da-se abanica con la servilleta, se toma el pulso Pochita-. Pásame el ventilador, Panta. Me ahogo.
– Ese calor no es del timbuche, sino del cadetito-le toca el vientre, le acaricia la mejilla Panta-. Debe estar bostezando, estirándose. A lo mejor es esta noche, chola. Buena fecha: 14 de marzo.
– Ojalá no sea antes del domingo-mira el calendario Pochita-. Que primero llegue la Chichi, quiero que esté aquí cuando el parto.
– Según mis cálculos todavía no has salido de cuentas-transpira, acerca la cara congestionada a las aspas susurrantes la señora Leonor-. Te falta lo menos una semana.
– Claro que sí, mamá ¿no has visto el organigrama de mi cuarto? Será entre hoy y el domingo-chupa las espinas de pescado, frota el plato con un pedazo de pan, toma agua Panta-. ¿Le hiciste caso al doctor, caminaste un poco hoy? ¿Con tu inseparable Alicia?
– Sí, fuimos hasta " La Favorita " a tomar un helado -resopla Pochita-. Oye, de veras ¿tú sabes qué es eso de Pantilandia, amor?
– ¿Eso de qué?-se inmovilizan las manos, los ojos, la cara de Pantita-. ¿Cómo has dicho, amor?
– Algo cochino, se me ocurre-recibe el aire del ventilador suspirando Pochita-. Unos tipos hacían chistes colorados en " La Favorita " sobre las mujeres de, oye, qué gracioso, ¡Pantilandia es como si viniera de Panta!
– Achis, hmmm, pshhh-se atora, estornuda, lagrimea, tose Pantita.
– Toma un poco de agua-le coge la frente, le alcanza un pañuelo, le alza los brazos la señora Leonor-.
Eso te pasa por comer tan rápido, siempre te lo digo. A ver, unos golpecitos en la espalda, otro trago de agüita.
SVGPFA
Instrucciones para los centros usuarios
El Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines se permite hacerle llegar estas instrucciones, que, de ser estrictamente aplicadas, permitirán a su unidad aprovechar de manera racional y fructífera los servicios del SVGPFA y a este organismo cumplir su misión con eficacia y prontitud:
1. Apenas alertado por el SVGPFA de la llegada del convoy, el jefe de la unidad hará disponer los emplazamientos de las visitadoras, los mismos que deberán reunir las siguientes características: techados, no contiguos, dotados de cortinas que los protejan de miradas indiscretas y aseguren una luz pobre o penumbra y de mecheros o focos provistos de pantallas rojas o recubiertas de trapos o papeles de dicho color por si las prestaciones son nocturnas. Cada emplazamiento estará equipado de: camastro con colchón de paja o jebe, revestido de hule o lona impermeable y sabana; silla, banco o clavo para colocar las prendas de vestir; bacinica o recipiente que haga sus veces como balde o lata grande; lavador con su respectivo depósito de agua limpia; un jabón; una toalla; un rollo de papel higiénico- un irrigador con tripa y vitoque. Se sugiere añadir algún complemento estético femenino, como ramo de flores, grabado o dibujo artístico, para imprimirle una atmósfera atrayente. Aunque conviene que la unidad tenga listos los emplazamientos a la llegada de las visitadoras, para el arreglo de los mismos el oficial responsable puede asesorarse por el jefe del convoy, quien le brindará toda la ayuda necesaria.