No pidas sardina fuera de temporada
- Автор: Martin Andreu, Jaume Ribera
- Язык: испанский
- Жанр: Крутые детективы
Электронная книга - «No pidas sardina fuera de temporada». Краткое содержание книги:
La fuerza combinada de los dos golpes provoco un grito y una caida, y aumento en un cien por cien el peligro que llenaba aquel patio siniestro.
Ahora atacaba el Puti. Yo, desenganemonos, no me veia capaz de defender mi posicion mucho rato. De modo que hice caer otro par de cajas, me volvi hacia el rincon y, sin pensarlo dos veces, me vi agarrado a los salientes de la caneria de desague, y empezando a escalar con movimientos sincopados y rigidos, mientras gritaba: «?Socorro! ?Auxilio! ?Socorro! ?Auxilio!»
En el recuerdo, me veo tan comico como una senora gorda subida a una silla porque ha visto un raton. Pero en aquel momento no le veia ninguna gracia a la situacion, palabra. Yo trepaba hacia la ventana del primer piso y, detras de mi, escalando con los pies y las manos, echando chispas por los ojos y fuego por la boca, sabia que venia el Puti dispuesto a todo.
Su mano derecha arrugaba la foto de la sardina, y aquello me recordo algo que deje para mas tarde. No obstante, la imagen me quedo grabada.
Un pie aqui, otro alla, siempre hacia arriba con la intencion de colarme por la ventana del primer piso, mientras la mano del Puti me aranaba las zapatillas sin poder agarrarme…
… Y yo que llego al alfeizar de la ventana, y me izo a fuerza de brazos, apoyando siempre los pies aqui y alla, porque las canerias tienen unos salientes muy faciles de escalar…
Me perseguian los gritos y la mala leche del Puti. Se habia puesto como loco. No estaba dispuesto a dejarme escapar, ni en broma. Oi el tintineo de las botellas de cerveza a las que se encaramaba, adivine que se subiria a lo alto, que me agarraria por los pies, que tiraria y que yo caeria…
?Cuantos metros habria hasta el suelo? ?Tres?, ?cuatro? ?Cuanto dano puedes hacerte cayendo desde esa altura?
?La ventana estaba cerrada!
La golpee con el puno.
– ?Abran! ?Abran! -grite.
No podia detenerme. Aunque no mirara («Por lo que mas quieras, no mires hacia abajo, o te marearas y caeras»), presentia la presencia del Puti. Imaginaba su mano lanzandose hacia mi, como el brazo del Hombre de Goma de Los Cuatro Fantasticos. Imaginaba que me cogia por el tobillo y tiraba…
… Y ahora la caida seria de mas metros, porque yo ya habia escalado un par de peldanos mas, dos salientes de caneria mas, apuntalando los pies en el alfeizar de la ventana cerrada, buscando la proxima…
La proxima ventana estaba abierta.
Me temblaban las manos, me pesaba la mochila en la espalda, era consciente de que, si perdia el equilibrio hacia atras, no habria nada que parara mi caida. Y eso me hacia calcular la anchura de las canerias, y me daba cuenta de que mis talones apenas si tenian apoyo, e iba subiendo tembloroso, incluso en silencio, para concentrarme mejor en lo que tenia entre manos, como si temiera que el aire expirado al gritar pudiera proyectarme hacia el vacio…
Consegui llegar hasta la ventana del segundo piso. Eche una mirada al interior. Vi a una mujer sentada en la taza del water, con las bragas bajadas. Y no le vi nada, no habia nada que ver, pero ella se puso furiosa, emitio un chillido capaz de romper copas de duralex, y empujo el batiente de la ventana.
El batiente me pillo los dedos, y me dolio.
Grite, me solte, estuve a punto de caer, sujetandome tan solo a la caneria…
… Y, en ese preciso instante, la mano del Puti me agarro del tobillo.
Senti que una descarga electrica me recorria el cuerpo. Grite y, sin poder evitarlo, mire hacia abajo. Habia unos seis o siete metros de caida libre, y esto es muchisimo mas de lo que parece.
Bajo mi, el rostro odioso del Puti riendo, y su mano agarrandome.
Me aferre con las dos manos y con todas mis fuerzas a la caneria y separe el pie libre de su soporte, para dejarlo caer a plomo.
Con todo el peso de mi cuerpo, cayo sobre la nariz del Puti. Todavia se reia cuando se vio chafado por el dolor perdiendo pie, con los ojos cerrados, y empezo a caer…
… Todavia me sujetaba el tobillo cuando empezo a caer, y tiro, y yo note como se me despegaban los dedos de la caneria, resbalando hacia abajo…
… Pero me solto en el ultimo instante y oi el grito y el estrepito infernal de botellas y cajas que se producia al fondo del patio interior, y que parecia amplificarse ensordeciendo a todo el vecindario…
… Y mis dedos atraparon otro saliente, y mis pies hallaron donde apuntalarse, y no me cai, no me pregunteis como lo hice, el caso es que no cai.
Durante unos instantes, el mundo dejo de rodar. Acto seguido, se puso a rodar demasiado deprisa. Oi aplausos y, al mirar hacia arriba, vi rostros amables que me sonreian y me animaban «?Muy bien, chico! ?Sube, ven para aca, sube…!»
Continue subiendo. A fin de cuentas, todavia quedaba un Tercer Simio, armado con una navaja, en el interior del bar.
Subir, llegar arriba, avisar a la policia y explicarles todo lo que sabia y acabar de una vez por todas con aquella aventura.
– ?Dame la mano, chaval! -decia un vecino, tendiendome el brazo.
Le di la mano, y entonces me parecio que me abandonaban las fuerzas. Tuve la tentacion de soltarme y confiar que aquel hombre me sujetara.
Pero un ultimo esfuerzo me empujo hacia la ventana, y pataleando un poco me meti de cabeza dentro de un piso que me parecio lleno de juguetes infantiles.
– Muy bien, chico, ?que te ha pasado? ?Que querian hacerte esos dos gamberros?
– Ya lo ve… Querian jugar conmigo…
– Pues no creo que te pidan la revancha, no… Mirales…
Mire hacia abajo.
En el fondo del patio interior (que ahora ya no me parecia tan lejano) habia un monton informe de cajas verdes y rojas. En la cima de la montana, el Puti se quejaba de dolores agudos en una pierna. Bajo el, medio sepultado por las cajas y los cristales, chapoteando en un liquido de color indefinido, distingui al Piter. Ambos parecian tan mal parados como yo deseaba.
Fernando Esteso se asomo al patio intentando sonreir.
– ?No pasa nada! -dijo a todo el vecindario-. ?No es necesario que llamen a la policia, ya lo he hecho yo! -Y a mi me dijo-: ?Chaval, ?quieres bajar un momento?!
Claro que queria bajar. Sobre todo si iba a venir la policia. Me despedi precipitadamente de la familia que me habia rescatado y, con la misma precipitacion, me lance escaleras abajo.
Mas sereno, empezaba a reflexionar de nuevo sobre todas las sensaciones que habia ido recogiendo en los ultimos momentos. Sabia que tenia nuevos datos de los que sacar conclusiones, pero no acababa de concentrarme.
Ademas, me estaban esperando.
Estaban en la porteria, pero yo no les vi.
Yo bajaba saltando los peldanos de dos en dos. Ya corria hacia el portal cuando aquella mano me agarro por el brazo y otra me tapo la boca. Y entre las dos me alzaron en vilo, y ni siquiera pude patalear, y me vi en la calle, y reconoci el Talbot Solara que el dia anterior habia estado aparcado ante los talleres Longo, y tambien vi aquella cabellera rizada, y me empujaron al interior del coche lleno de gente y una mano me amordazo.
El coche arranco y yo no oi ni sirenas de policia ni gritos de protesta ni tiros ni nada por el estilo.
– Tranquilo, chaval, tranquilo… -me decia una voz femenina.
Yo estaba de bruces y solo podia ver unos pantalones de gabardina, arrugados y sucios, que apestaban a cloaca. Los reconoci: los del gitano del sombrero, el que por la manana registraba las ropas de Elias recien atropellado. Alguien me sujetaba las manos a la espalda, me tiraba de la mochila, me la quitaba, me arremangaba el impermeable y el chandal y me ataba las munecas con un esparadrapo muy grueso.
Oi el riiiip de la tela engomada y el siguiente trozo me lo pusieron en la boca, para que no gritara.