La Ley De La Calle
- Автор: Уолтерс Майнет
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La Ley De La Calle». Краткое содержание книги:
Minette Walters toma en esta novela unos acabados perfiles psicológicos, al tiempo que denuncia la dureza de la vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad británica. Aunque su sombría descripción de los hechos siempre deja un lugar a la esperanza…
«La ley de la calle resuena como la sirena de la policía en medio de la noche. Un thriller impresionante.» Daily Mail
«Impresionante. Walters hilvana magistralmente las distintas historias humanas con la acción. Un cóctel de violencia terrorífico y letal.» The Times
«Una lectura apasionante, que atrapa, cuya acción transcurre a un ritmo vertiginoso… Una novela negra memorable.» Sunday Express
«Un logro espectacular.» Daily Telegraph
– ¿Se lleva usted bien con ella?
– Apenas la conozco. Es como si fuera una prima lejana.
– ¿Tiene celos de ella?
La hermana de Laura era la mujer de un granjero bajo y fornido con las mejillas agrietadas por el viento y las manos curtidas.
– Antes sí -reconoció-, ahora ya no. Perdió brillo cuando se casó con Martin.
– ¿Vio a Amy cuando visitaron a sus padres?
– Oh, sí. Laura la trajo una tarde.
– ¿Qué impresión le causó?
La hermana mostró una sonrisa más bien cínica.
– Es un clon de su madre. Cantaba y bailaba sin parar, si creía que con el numerito iba a conseguir algo… si no, se quedaba quieta como una estatua. Sedujo a mi marido en dos segundos exactos para que le diera una propina de cincuenta peniques. Le pareció la niña más adorable que había conocido en su vida.
– ¿Y a usted? ¿También la sedujo?
Se quedó pensativa un instante.
– En cierto modo, supongo que sí. Amy era como un monito de feria… todo el rato encima de ti quisieras o no. En eso, desde luego, ha salido a Laura. Nosotros solo nos damos un beso en la mejilla de tarde en tarde, pero Laura es una persona muy tocona. En eso es muy poco Biddulph. -Hizo una pausa-. O lo era -añadió con un toque de sorpresa-. Ahora que lo pienso, no recuerdo que se mostrara afectuosa el verano pasado.
Los vecinos de Portisfield estaban ansiosos por ayudar, demasiado en algunos casos, pero la información que ofrecían resultaba decepcionante. Los que conocían a Amy llevaban dos semanas sin verla, y los que no la conocían mandaban a la policía tras pistas falsas.
«Deberían registrar la casa que hay al final de Trinity Street… Hay un tipo que ronda por los columpios… si quieren saber mi opinión, merece que le den un buen puntapié…»
«He visto a la madre unas cuantas veces… Le dije a mi amiga: “¿Qué hará ese memo de Gregory con una mujer la mitad de joven que él?”. “Viejo verde”, me dijo mi amiga. Kimberley se va a morir de celos. Espera y verás. Esos no tardarán en matarse entre ellos.»
«Vi a una niña parecidísima a la de la foto… menudita, con el pelo largo y oscuro… Estaba con un hombre en un coche… se pararon a mi lado en un semáforo… era un coche negro, creo… no un Mini o un Rolls, esos son los únicos que reconozco…»
La policía había tomado la sacristía contigua a la iglesia católica de Portisfield como centro de coordinación. En un rincón, el inspector jefe Tyler informaba a su comisario a primera hora de la tarde del sábado.
– Hay algo que me huele raro en todo esto… y no logro averiguar qué es. Laura Biddulph está angustiada, de eso no cabe duda… se pasa el día sentada como una zombi, gritándole a Kimberley Logan… y luego se niega a abandonar la casa o a hacer un llamamiento por Amy. Martin Rogerson es todo lo contrario… sensato, educado, sereno, dispuesto a hacer todo lo que le pidamos… pero en cuanto le plantan una cámara delante se echa a llorar.
– ¿Por qué le sorprende?
– Antes de que empezara la rueda de prensa se puso a contar chistes. Machistas, la gran mayoría. -Giró la mano dando pie a una réplica-. ¿Cuál es el femenino de «echarse una siesta»?
– No lo sé.
– Fregar los platos.
– Mmm. -El comisario se acarició la nuca con la mano, pensativo-. Podría ser su versión de pasarse el día gritando a la chica de Logan. No siempre somos capaces de hacer y decir lo indicado en el momento apropiado. -Hizo una pausa-. Dice usted que los padres se odian, ¿no es así?
Tyler asintió.
– Rogerson prefiere evitar el tema, dice que no tenían nada en común por la barrera de edad… que fue un tonto al casarse con ella… que debería haber previsto lo que ocurriría… que lo de Townsend estaba cantado. Reconoce que parte de la culpa fue suya porque pasaba demasiado tiempo en el trabajo, pero afirma que no le guarda rencor, incluso da a entender que se alegra de habérsela quitado de encima. -Tyler mostró una sonrisa cínica-. Al menos, eso dice.
– ¿No le cree?
Tyler meditó sobre ello.
– No lo sé. No hace más que insistir en que solo le preocupa el bienestar de Amy cuando, según reconoce él mismo, no paga el mantenimiento de la niña y lleva nueve meses sin verla. Lo justifica culpando a Laura por devolver los cheques cuando ella vivía con Townsend, antes de que desapareciera por completo. Dice que Laura manipula los sentimientos de la niña para tener una baza a la hora de negociar las condiciones del divorcio. Tú no la has mantenido, la niña no te quiere, no desea vivir contigo… esa clase de cosas.
– Suele pasar. Los niños se convierten en pelotas de fútbol en estas situaciones. Es triste, pero ocurre con frecuencia.
– Precisamente por eso no me cuadra, señor. Porque no veo que sea esa la situación. Es extraño que a un padre le concedan la custodia, sobre todo si trabaja tantas horas como Rogerson, así que ¿por qué está convencida Laura de que va a perder a la cría? No tiene sentido. Deberían tratar de conseguir la custodia compartida, y todo el mundo estaría contento. -Hizo una pausa para afianzar sus ideas-. Otra cosa que no tiene sentido es la casa de Rogerson. Nadie diría que allí ha vivido alguna vez un niño. No hay juguetes… la tele de quince pulgadas… no hay vídeos… ni columpios en el jardín… valiosas piezas de porcelana por toda la casa. Amy debía de ir con miedo de romper algo cada vez que salía de su habitación. -Tyler se encogió de hombros-. Lo que pongo en duda es que quisiera tener un hijo, y menos aún la custodia de la niña si la esposa se largaba.
Otro prolongado «mmm». Quien no conociera al comisario bien podría suponer que titubeaba para sus adentros. Quien lo conocía estaba acostumbrado a aquellas elipsis verbales que le servían para darse tiempo a pensar. La mayoría de sus subordinados habían adquirido aquel hábito, aunque se guardaban muy mucho de imitarlo en su presencia.
– Interesante. ¿Le ha comentado algo de esto a Rogerson?
Tyler asintió.
– Antes de la rueda de prensa. Le pregunté por qué se habían peleado por la niña cuando con la custodia compartida habrían solucionado el problema, y me dijo que estaba de acuerdo pero que no podía hacer nada al respecto si su mujer se negaba a hablar con él.
– ¿Y qué dijo Laura a eso?
– Martin es convincente, por eso es abogado. O viceversa.
– Tiene razón. Son todos unos malditos tiburones.
El inspector jefe sonrió.
– De todos modos, tiene que haber algo más, señor. Uno de ellos tiene dominado al otro, pero no sé cuál de los dos ni por qué. El instinto me dice que Rogerson oculta trapos sucios sobre su esposa, relacionados seguramente con Townsend; de lo contrario ella no se habría vendido a Logan para tener un techo.
– ¿Qué sabemos de Townsend?
– No mucho. Está de vacaciones en Mallorca con su novia actual. Rogerson sigue trabajando para él, lo que me parece un poco raro. Uno esperaría que lo hubiera mandado a paseo cuando le birló la mujer. -Tyler alzó la vista con las cejas arqueadas.
– ¿En qué ámbito? ¿Personal? ¿Laboral?
– En ambos. Laura dice que están siempre hablando por teléfono.
El comisario se quedó meditabundo.
– Tal vez habría que darle la vuelta a la cuestión y preguntarse por qué razón querría Townsend como abogado a un hombre al que le ha puesto los cuernos. Eso resulta más interesante, ¿no le parece? Podría ser que tuvieran más cosas en común que Amy y su madre.
– ¿Cómo qué?
– ¿Secretos? ¿Puede que sea uno de ellos quien tenga dominado al otro? ¿Dónde vive Townsend? ¿A qué se dedica su empresa?
– En Southampton. Es una constructora llamada Etstone. Rogerson nos dio las dos direcciones. Tenemos un coche en la puerta de casa de Townsend desde las nueve de la noche de ayer por si aparece la niña, y hemos hablado con los vecinos. Unos pocos recuerdan a Laura y Amy, pero ninguno tenía un trato especial con ellas. Todos coincidieron en calificar a Townsend de mujeriego («está para comérselo», fue como lo describió una mujer) y dijeron que se ausentaba a menudo de casa. Ha estado casado dos veces. Su primer matrimonio duró tres años; el segundo, solo doce meses. Ha tenido un montón de aventuras pero Laura ha sido la única novia a la que permitió mudarse a su casa. Según la misma mujer, le interesan mucho más los ligues de una noche que las relaciones serias. Gary Butler, el agente que la entrevistó, dijo que no había duda de que se trataba de una de sus ligues de una noche, cosa que a la mujer no le alegraba demasiado.