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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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Se sentía extraño poder salir a horario al fin de la jornada, y llegar a casa a tiempo. Era extraño entrar por la puerta del frente y no tener a Summerset al acecho en el vestíbulo, listo con algún agudo comentario u observación. En realidad se encontró esperando ahí por un minuto o dos, esperándolo, antes de darse cuenta de lo que hacía.

Raramente avergonzada, empezó a subir las escaleras, casi convencida de que él estaba ahí, en una especie de espera a escondidas. Pero hizo todo el camino hacia el dormitorio sin una señal de él. O del gato.

Eso hacía, cavilò, que no se sintiera realmente en casa.

Hasta que escuchó correr la ducha, y las voces murmurando desde el baño adjunto. Se detuvo dentro y vió la figura larga y delgada de Roarke a través del vidrio ondulado de la pared de la ducha.

Era suficiente para hacer que una mujer quisiera relamerse los labios.

Las voces venían desde una pantalla enpotrada en los azulejos de la ducha, y parecían ser una especie de reporte financiero. La mente del hombre estaba llena de números la mitad del tiempo, pensó, y dedidió volverlo hacia otra ocupación.

Se desnudó donde estaba, y entrando silenciosamente en los chorros cruzados por detrás de él, le deslizó las manos alrededor de la cintura. Y hacia abajo.

El cuerpo se le puso rígido, en un rápido reflejo de músculos e instinto animal.

– Querida. -Su voz ronroneó. -Mi esposa puede llegar en cualquier momento.

– Clávala.

El rió. -Con mucho gusto. -dijo, y volviéndose la presionó contra los azulejos mojados.

– Subir la temperatura del agua a ciento un grados.

– Demasiado caliente. -murmuró él contra su boca cuando los chorros se calentaron, echando vapor.

– Lo quiero caliente. -En un rápido movimiento, ella invirtió sus posiciones, clavándole sus dientes en la mandíbula. -Te quiero caliente.

Ella ya estaba húmeda y estaba acelerada. Sus manos y boca se ocuparon con él, sometiéndolo a una suerte de alegre ataque. El no pudo escuchar más las voces enérgicas en la pantalla, detallando el último reporte de acciones, las proyecciones del mercado. Sólo el siseo de los chorros y el golpe de su propia sangre.

El era capaz de desearla cada minuto de cada día. Ella era lo único que echaría en falta despúes de haber muerto. Ella era el pulso, la razón, el aliento.

Cuando atrapó su cabello goteante con su mano, levantándole la cabeza para que su boca pudiera fundirse en ella, fue como alimentar a un hambriento que nunca, nunca estaría saciado.

Ella lo sintió venir de él, el filo de ese violento apetito que a menudo enmascaraba con elegancia, estilo y paciencia. Cuando ella lo saboreó, la hizo ansiar lo primitivo, hizo que su lujuria se liberara ante el peligro de dejar que el animal dentro de ellos quedar suelto para alimentarse.

Con él, ella podía ser tierna, donde nunca había tenido ternura. Y con él, ella podía ser brutal, sin miedo.

– Ahora. Ahora, ahora, ahora! Dentro de mí.

El la agarró de las caderas, dedos hábiles resbalando sobre la piel mojada, enterrándose en ella. Contuvo el aire cuando él empujó su espalda contra los azulejos, liberándolo con un grito cuando se impulsó dentro de ella.

Su cuerpo se precipitó a través del primer brutal orgasmo, apurándose luego por más.

Los ojos de ella se clavaron en los de él. Podía verse a sí misma ahí, nadando, ahogándose en ese vívido azul. Confiando en la fuerza de él, ella le enroscó las piernas alrededor de la cintura para tomarlo más a fondo.

El vapor los envolvía en una fina neblina. Ríos de agua, lluvia caliente. El empujó duro y profundo, mirando, siempre mirando el demoledor placer que irradiaba el rostro de ella. Podía ver que ella trataba de llegar al clímax otra vez, en la forma en que sus ojos se desenfocaban, el castaño dorado se profundizaba un instante antes de quedarse ciegos, un instante antes de que su cuerpo se alzara, para luego estremecerse.

Ella se envolvió con fuerza alrededor de él, un caliente y húmedo puño, y casi lo arrastró con ella.

– Toma más. -Su voz sonó ronca, sus pulmones ardían. -Toma más, y más, hasta que grites por mi.

Ella podía escuchar el agudo y rítmico batir de carne contra carne, de carne contra azulejos, y pudo saborear, cuando la boca de él cruzó sobre la suya, una vez más la escandalosa necesidad en él. Y cuando se hundió dentro de ella, cuando el placer y el dolor y la locura se unieron en una sólida masa dentro de ella, se escuchò a si misma gritar.

Flojos como trapos, enredados en una maraña, se deslizaron hacia el piso de la ducha.

– Cristo Jesus. -articulò él.

– Vamos a quedarnos aquí por una hora o dos. Posiblemente no nos ahogaremos. -Su cabeza cayó sobre el hombro de él como una piedra.

– Es posible que nos vayamos por los desagües. -Pero no hizo el esfuerzo de moverse.

Ella volvió la cabeza para que el chorro cayera sobre su cara. -Pero se siente bien.

El le acarició los pechos. -Dios lo sabe.

– Donde diablos están todos?

– Creo que están aquí. -Sus pezones aún estaban duros, aún calientes, y lo inspiraron a acercarse lo suficiente para saborearlos.

Ella parpadeó para sacar el agua de sus ojos. -Debes estar bromeando.

– No creerás que lo hago si me das unos minutos aquí. Menos si el agua no estuviera tan ferozmente caliente.

– Baja la temperatura y verás mi ira. -Ella le enmarcó la cara con las manos, levántandole la cabeza. Sonrió. -Mejor que salgamos como el diablo de aquí. El nivel del agua está subiendo.

Una vez que lograron levantarse el uno al otro, ella se fue al tubo de secado. Roarke atrapò una toalla.

– En serio, donde están todos?

– La última vez que miré, Phoebe se estaba pasando un buen momento jugando en el invernadero. Sam y Summerset tenían sus cabezas juntas en la cocina sobre algún recipiente. Estaban viendo como mezclar hierbas y salsas y lo que sea. Escuché que iban a salir con Peabody por la noche, así que no debes preocuparte por entretenerlos.

Ella saliò del tubo, tomando la bata que él le ofrecía, y observando como se envolvía una toalla flojamente en las caderas. -Feeney y yo vamos a volar a Chicago mañana, y tomaremos un rápido a Dockport. Y no -dijo antes de que él pudiera hablar. -no vamos a tomar uno de tus transportes. Vamos a usar el de línea, como la gente común.

– Bien por ti. Algùn nuevo avance?

– Nada en firme todavía. -Ella lo siguió al dormitorio, atrapando un par de jeans. -Encontré que la primera esposa de Pettibone y la esposa del comandante son íntimas. Lo hace un poquito difícil, aunque pienso que ella no está al tope de mi lista. Pedí hacer un segundo nivel de búsqueda en las finanzas de los principales jugadores.

El levantó la vista mientras sacaba pantalones limpios, encontrando el ceño fruncido de ella. -No voy a decir lo que pienso.

– No puedo escuchar lo estás pensando, amigo, y no. Pedí autorización para un segundo nivel, y es lo más profundo que voy a ir por ahora. No necesito que uses tu equipo sin registrar para zambullirme a otra profundidad. Ya estuvimos jugando suficiente con el libro de reglamento.

– Nunca te preguntaste quien escribió ese libro?

– El largo brazo de la ley. Si tienes algo de tiempo libre, yo no podría imaginarme que te estás metiendo en las finanzas. Tú ves números diferentes a los que yo veo.

– Teniente, siempre tengo tiempo para ti.

El le dió dos horas, y después se instalaron a comer pizza en oficina de ella mientras estudiaban los asuntos financieros de la familia Pettibone y los altos ejecutivos y asociados de negocios. Depósitos, retiros, transferencias, recibos y bonos. -No hay nada que me llame la atención. -dijo Roarke al final. -Tienes aun par de asociados de negocios que podríanusar mejores consejos en sus portafolios, y esa cuenta en Tribeca debería rendir un poco más por año, así que no me sorprendería que un poco de eso vaya a algún bolsillo aquí y ahí. Nada importante, pero si fuera mía, taparía los agujeros.

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