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El Misterio De Wraxfor Hall

Электронная книга - «El Misterio De Wraxfor Hall». Краткое содержание книги:

Londres, década de 1880. La joven Constance Langton crece en un entorno familiar marcado por un padre distante y una madre en perpetuo luto por el hijo muerto. Tras acudir a una sesión de espiritismo con trágicas consecuencias, Constance se queda sola y lo único que recibe es una misteriosa herencia: la lúgubre mansión de Wraxford Hall, envuelta en una leyenda maldita.
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»Contaba con un par de horas libres antes de que mi tío saliera de la biblioteca a las siete, así que salí de la casa de nuevo para observar más detenidamente los cables de los pararrayos.

»En esta ocasión comprobé que la ventana de la galería que se encuentra más cerca del cable principal, y justamente sobre el punto en el que el cable desaparece en el muro, estaba ligeramente entreabierta; los fallos de la carpintería en la ventana, probablemente, están demasiado altos para que mi tío pueda advertirlos. Y aunque no podía estar completamente seguro, me pareció bastante probable que la armadura estuviera colocada exactamente allí, bajo la ventana. Estas sospechas a medio elaborar bullían en mi mente, y, sin embargo, no podría definir exactamente qué significaba todo aquello. Hice una ronda completa por la mansión, pero no se había modificado nada más».

Estaba tan ensimismado con su historia que me sobresaltó la llamada de alguien a la puerta; era Josiah, que venía a encender las lámparas y a avivar un poco el fuego, y entonces comprobé que ya casi era de noche en el exterior.

– Lo siento -dijo Magnus-, creo que le estoy robando demasiado tiempo, y quizá usted tenga otros asuntos de los que…

Le aseguré que no tenía ningún asunto del que ocuparme. Este hombre poseía un extraordinario talento natural para ajustar su discurso a la lengua y el ritmo de su oyente, tan sutilmente que uno apenas era consciente de ello, y sin embargo ya sentí, apenas tras una hora de charla, que me encontraba en compañía de un viejo amigo en quien podía depositar toda mi confianza. Y así, habiéndome comunicado que se había hospedado en The White Lion, le rogué que se quedara a cenar en mi casa, lo cual, después de las habituales excusas, aceptó muy agradecido, y mientras se cumplía la hora, tomamos un refrigerio y continuó con su relato.

– En general -dijo-, las comidas con mi tío se celebran en una pequeña sala de desayunos que se encuentra en la parte trasera de la casa. Pero en esta ocasión Drayton había dispuesto dos cubiertos en el cavernoso comedor, un mausoleo polvoriento y revestido con paneles de madera oscura, situado justamente debajo de la biblioteca. Allí no hay chimenea. Mi tío se presentó con una bufanda y gruesos guantes de lana; por mi parte, hubiera agradecido tener a mano mi gabán. Comimos a la luz de unas pocas velas, en una mesa en la que podrían comer cuarenta, con Drayton rondando detrás de mí en algún lugar indeterminado, en la oscuridad. Mi tío continuaba lanzándome miradas furtivas y después apartaba sus ojos de mí… Una docena de veces pensé que estaba a punto de dirigirme la palabra, hasta que al final carraspeó, le hizo una señal con la mano a Drayton para que abandonara la sala y sacó un manojo de papeles del interior de su abrigo.

»"Ya sabes", me dijo mi tío, dando golpecitos sobre el documento, "que te he hecho mi heredero. Ahora quiero que tú me hagas un favor. Si yo muriera de forma natural…" (me hubiera gustado preguntarle qué otra forma de morir tenía en mente, pero me contuve), "tengo algunas instrucciones para el mantenimiento de la propiedad que me gustaría que tuvieras en cuenta". Y comenzó a leer una lista de piezas y objetos que bajo ningún concepto deberían venderse o sacarse de la casa, comenzando por la mesa en la que estábamos comiendo. Continuó con los objetos que había en otros salones, marcándolos en la lista con el dedo, pero mecánicamente, al acaso, como si su pensamiento estuviera en otro lugar.

»Pero cuando llegó a lo que él llamaba "mis aposentos", es decir, la galería, la biblioteca y el estudio de la planta superior, su comportamiento cambió por completo. La armadura de la galería debía dejarse exactamente tal y como se encontraba, durante el tiempo en que la mansión perteneciera a la familia. Esto me lo dijo con vehemencia terminante, y en un tono que impedía cualquier contradicción: me dijo que pretendía que esa orden fuera una condición para la recepción de la herencia. Aunque yo no sé si… y tal vez sería poco adecuado preguntar si…

– No he sabido nada de su tío desde hace años -dije-. Y puede que haya consultado a otras personas, desde luego.

– No: estoy seguro de que les habría pedido consejo a ustedes. Y ha añadido la misma cláusula por lo que respecta a la biblioteca, pero la pasión ya le había abandonado, y después de señalar los contenidos de algunas salas más, dijo que lo redactaría todo como un codicilo anejo a su testamento.

»Después se quedó en silencio, tamborileando con sus dedos enguantados sobre la mesa.

»"Si yo desapareciera", dijo repentinamente, "es decir, en caso de que pareciera que yo hubiera desaparecido… si Drayton, por ejemplo, te informara de que no me pueden encontrar, en ese caso, nadie debe entrar en mis aposentos. Nadie, ¿comprendes? No es preciso que se lleve a cabo ninguna búsqueda; y no debe informarse a ninguna autoridad; no debe hacerse nada, hasta que hayan transcurrido tres días y tres noches. Y después, si yo no diera señales de vida, puedes entrar en mi taller y… hacer lo que consideres necesario. Pero no debes mover nada, te lo repito: nada, o perderás cualquier derecho a la herencia. ¿Aceptas estas condiciones? Responde: ¿sí o no?".

»Cogió el documento, que evidentemente era su testamento, y lo agarró con las dos manos, como si se dispusiera a romperlo en mil pedazos si yo no le complacía.

»"Muy bien: de acuerdo", contesté, "pero seguramente sería más conveniente consultarlo con el señor Montague".

»Cuando dije esto, él dejó escapar un gruñido, con perdón: "No me fío de los abogados y, además, tú tienes más que perder que él. ¿Me das tu palabra de honor? Muy bien. Y ahora debo continuar con mi trabajo. Drayton se ocupará de ti y te servirá el desayuno por la mañana. Estoy seguro de que querrás ponerte en camino tan pronto como te sea posible…".

»Se levantó, recogió sus papeles y abandonó la sala sin mirar atrás.

– Discúlpeme, pero… -le interrumpí, y no pude evitar preguntarle-: ¿Su tío es siempre así de… brusco?

– Así de insultante, más bien, aunque usted sea demasiado educado para decirlo. Bueno… no. Incluso para sus modos habituales, esto fue excepcionalmente descortés, pero en realidad apenas lo noté. Me quedé solo durante algún tiempo más, sentado a la mesa, absorto y meditando su extraña petición, mientras las velas se consumían y la estancia se quedaba aún más fría. ¿Había pasado mi tío de la excentricidad a la locura más absoluta? Tal era la conclusión obvia, y, sin embargo, no me parecía que hubiera estado en presencia de un lunático. ¿O le había estado dando vueltas a la desaparición de su predecesor hasta que…? ¿Hasta dónde? La respuesta debía de estar en la galería, si es que estaba en algún lugar. Pero… ¿cómo entrar? Cuando mi tío se retira por la noche, cierra y echa los cerrojos de todas las puertas de la casa. Hubiera dejado por imposible cualquier averiguación, pero entonces, cuando me retiraba a mi habitación, pensé en el cable.

»La luna estaba en su cuarto creciente; y puesto que el cielo estaba claro, había suficiente luz como para salir fuera y poder ver. Le dije a Drayton que necesitaba tomar el aire, y que no me esperara levantado; ya cerraría yo las puertas cuando volviera a entrar. Desde las sombras de las viejas cocheras estuve observando la casa mientras transcurrían las horas. La medianoche llegó y pasó; era más de la una y media cuando se apagó la luz en el estudio de mi tío. Esperé otra media hora, volví a la fachada de la casa y comencé a escalar la pared.

»Aunque la noche era perfectamente serena, y sólo unos jirones de nubes cruzaban al acaso frente a la luna, lancé más de una mirada aprensiva al cielo cuando saqué un par de guantes y comencé a escalar. El muro estaba lo suficientemente descascarillado como para proporcionar algunos apoyos a mis pies, y a pesar del frío, ya estaba empapado en sudor antes de alcanzar el estrecho parapeto que recorría toscamente el nivel del piso de la galería. Un poco por encima de la cornisa, el cable desaparecía en la pared. El antepecho de la ventana al menos estaba a siete pies por encima del parapeto; para alcanzar la siguiente sección del cable, tendría que elevar todo mi peso mientras mantenía el equilibrio en la cornisa, agarrar el cable con la mano izquierda y balancearme hasta alcanzar la ventana entreabierta con la mano derecha.

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