Cerca del punto critico [Close to Critical - es]
- Автор: Клемент Хол
- Год: 1977
- Язык: испанский
- Год: Edaf
- ISBN: 84-7166-220-5
- Переводчик: Rafael Lassaletta Cano
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Cerca del punto critico [Close to Critical - es]». Краткое содержание книги:
A pesar de ello… allí había vida, vida inteligente.
Durante más de veinte años, científicos terrestres estudiaron a sus habitantes desde un laboratorio en órbita... y habían encontrado un medio de entrenar y educar a un grupo de ellos.
¡Luego ocurrió lo inesperado! Una joven terrestre y el hijo de un poderoso e iracundo diplomático extraterrestre quedaron encerrados en un batiscafo que flotaba hacia la mortal superficie del planeta.
¡Solo los primitivos tenebritas podían rescatarlos!
—¿Qué quieres decir? Ellos se trajeron el fuego de nuestro poblado.
—Lo trajeron, pero sólo sabían hacer un fuego a partir de otro. Dejaron que se extinguiera al día siguiente de nuestra llegada y han estado sin fuego desde entonces. Han hecho todo lo posible para enseñarme su lenguaje para que yo, pudiera enseñarles cómo hacer más, pero he tenido muchos problemas…; por ejemplo, no puedo producir algunos de sus sonidos agudos. No obstante, debo decir que Swift ha sido notablemente paciente. Ahora le será más fácil avanzar, pero a mí no me será tan fácil marcharme.
—Entonces quizá hubiera sido mejor no haber venido. Lo siento.
—Yo no. Mi plan original para entrar en contacto contigo había fallado; por tanto, si no hubieras venido, todo hubiera sido peor. Lo que quiero decir es que debemos planear algo ahora. Tú podrías irte unas horas mientras yo pienso; no ganaremos nada si dejamos que te capturen.
—Pero ¿cómo volveré después? Tienen el fuego ahora…; tan pronto como regresen sabrán que he estado aquí y probablemente comenzarán a seguirme. Incluso aunque me marche ahora me encontraré a la vista de ellos; está empezando a llover y no puedo viajar sin una antorcha, que sería visible en varias millas a la redonda. Creo que es mejor que vengas conmigo ahora.
—Comprendo tus problemas, pero no sé qué hacer al respecto. Swift puede volver en pocos minutos —Fagin se detuvo, como si estuviera pensando; Nick, por supuesto, no supo que esas pausas significaban una tensa conferencia entre varios hombres que se encontraban a ciento sesenta mil millas de distancia—. Nick, fíjate en si hay gran cantidad de material combustible en los alrededores.
—Así es.
—¿Y no hay sólo un camino hasta lo alto del risco que está formado por una estrecha hendidura?
—Ciertamente, si no se utiliza ése hay que dar un rodeo de unas cuatro millas.
—Me gustaría que fuera mayor. ¿Crees que podrás hacer un fuego lo suficientemente grande para bloquear el pie de ese camino durante un tiempo para retrasarlos mientras nos vamos? Tendrás que trabajar con rapidez; puedes regresar ahora mismo, a no ser que te estén buscando en la cima.
—Lo intentaré —Nick comprendió que no era momento para discutir—. Probablemente alguien habrá mirado por el borde del risco y me habrá visto, pero nada podemos perder. Si no te alcanzo, dirígete hacía el nordeste hasta que llegues al mar, luego sigue por la orilla durante el día hasta que te encuentres con los otros. Yo haré lo que pueda por interferir a los rastreadores de Swift; es mejor que te vayas ahora mismo.
Nick no esperó una respuesta; ya estaba corriendo hacia el pie del camino del risco reuniendo a su paso todo el combustible que pudo. Su antorcha ya casi se había consumido, pero pudo encender un montón de leña unas cuantas yardas dentro de la hendidura. Luego recorrió los alrededores y lanzó todas las piezas de material combustible que pudo encontrar en la grieta de cuatro yardas de anchura.
Una gota de lluvia se abrió camino por el barranco y desapareció al aproximarse al fuego, pero la noche apenas había comenzado y dejó en él una buena cantidad de oxígeno. Nick se alegró; era evidente que todavía no había en el camino ningún habitante de las cuevas llevando una antorcha, pues en caso contrario la gota se habría destruido mucho antes. Eso le daba más tiempo para actuar.
Cuando la pila era lo suficientemente grande para quedar satisfecho, se marchó en busca de Fagin. Hasta Nick podía seguirlo; no era difícil ver un rastro de cinco pies de anchura en una vegetación aglomerada, excepto cuando entraba en hoyos ya llenos de agua líquida. Todavía podía pasar por ellos con su antorcha, pues el líquido era todavía lo suficientemente seguro para respirarlo, pero prefirió rodearlos. A pesar de ello se encontró con Fagin a una milla de distancia.
—Continúa —le dijo—, voy a borrar un poco tus huellas.
Aplicó una antorcha a un matorral que se encontraba al lado del rastro dejado y luego al material quebrado y amontonado que constituía el mismo rastro; luego inició un amplio rodeo hacia el norte prendiendo fuego a todos los matorrales por los que pasaba. Finalmente, un cinturón radiante se extendía desde el rastro de Fagin casi al este del poblado de las cuevas hasta el camino que dejó el robot al norte. Nick creyó haber oído voces excitadas desde las cuevas, pero no estaba seguro. Recorrió otra milla hacia el norte a la máxima velocidad que pudo y allí prendió otra serie de fuegos. También serían visibles desde el risco y quizá los habitantes de las cuevas saldrían y se dirigirían hacia el antiguo poblado en lugar de seguir el rastro de Fagin.
Luego regresó para interceptar las huellas de Fagin, escondiendo la antorcha en su cuerpo con la esperanza de que no fuera vista desde el risco. Encontró sus huellas sin muchas dificultades, aunque Fagin se estaba manteniendo junto a los valles dentro de lo posible, y finalmente alcanzó al profesor. Fagin escuchó su informe y lo aprobó.
—Probablemente es lo mejor que podrías haber hecho —le dijo—. No obstante, me sorprendería que pasásemos la noche sin tener compañía.
—Lo mismo pienso yo —reconoció Nick.
A pesar de su pesimismo, pasaron las horas sin reconocer ningún signo de persecución. La velocidad superior de Nick le permitía mantenerse a la misma distancia del robot, aunque aquél tuviera que rodear las charcas que la máquina cruzaba sin el menor esfuerzo. Las gotas de lluvia se hacían cada vez más visibles, y por consiguiente más peligrosas; las charcas y los lagos eran cada vez mayores y más profundos, más difíciles, por tanto, de evitar, mientras que la atmósfera nocturna de Tenebra sufría su fase de cambio nocturno.
—Incluso aunque permanezcamos sobre tierra seca y dejemos tantas huellas, ahora van a tener problemas en seguirnos —comentó Fagin durante una de las breves conversaciones que mantenían mientras estaban juntos—. Muchos de los lugares por los que fuiste deben estar bajo el agua ahora y ya no desaparecerán por el efecto de las antorchas; el agua se está materializando más y no les permitirá seguir. Empiezo a sentirme un poco más feliz con respecto a la situación.
—Yo no.
—¿Por qué no?
—Los charcos se están haciendo muy grandes y alguno de los valles que tenemos por delante son grandes y profundos. Recuerdo que la última noche que estuve allí vi que grandes ríos vaciaban su caudal en el mar. Si nos encontramos con uno de ellos, y no creo que podamos evitarlo, estamos perdidos.
—Por el contrario, creo que es lo mejor que podía ocurrirnos. Swift no puede pasar a través de un río.
—Ni yo tampoco.
—No por ti mismo. Pero yo puedo llevarte y será muy seguro; en dieciséis años no nos hemos encontrado con ninguna criatura capaz de vivir, o de estar en actividad, en el agua… aunque debo admitir que siempre he pensado que así sería.
—Hay algunas en el océano.
—Pero en su mayor parte, salvo a horas avanzadas de la noche, no está formado de agua. Creo que no tenemos por qué preocuparnos de la vida oceánica. Me has hecho más feliz de lo que lo he sido en mucho tiempo: busquemos uno de esos ríos.
—De acuerdo. Espero que tengas razón —Nick ya estaba acostumbrado a perder el sentido por el oxígeno liberado del agua, pero no le gustaba la idea de ser llevado como un saco en ese estado. No obstante, si Fagin pensaba que era lo adecuado…
Durante un rato pareció como si no tuviese razón para preocuparse. Con la perversidad común de las cosas inanimadas, ahora que deseaban un río no podían encontrarlo. Mantuvieron el mismo rumbo, reconociendo la inutilidad de ir en zigzag por terreno desconocido, y cada vez se acercaban más al mar; lo encontraron, no muchas horas antes del amanecer, sin haber tropezado con ningún río.