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Los mejores relatos de ciencia ficción. La era del cambio 1956-1965

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El decenio 1956-1965 marca una época crítica para la ciencia ficción. La reciente respetabilidad del género motivó la atención, muchas veces peligrosa, del cine y la televisión. El inicio de la Era espacial en octubre de 1957 parecía confirmar aquello de que la realidad supera a la ficción.
Pero la crisis condujo a la renovación del género: cuantitativa, por la aparición de una pléyade de nuevos autores; cualitativa, por la revolución de la tématica, que abandona de una vez por todas la fascinación por la cacharrería espacial, sentándose nuevas normas de calidad, como demuestra el presente volumen.
– Recopilación, Prefacio e Introducción de Michael Ashley
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Amazing y Fantastic bullían de actividad. Las novedades se sucedían. El lector se sentía fascinado de antemano. Autores veteranos y noveles experimentaban codo a codo nuevos estilos. La revolución empezaba. La ciencia ficción sufría una metamorfosis, renacía. Los números de ambas revistas entre 1962 y 1964 son comparables a los aparecidos durante la edad de oro de Astounding, de 1938 a 1942, época en la que se produjo un brote similar de nuevos talentos. Campbell había proporcionado a la ciencia ficción, aún adolescente, los criterios finales, antes de ponerla en camino hacia la edad adulta. Alcanzó su madurez a finales de los años cuarenta, pero durante la década de 1950 comenzó a envejecer. Y tras pasar una fase de crisálida en los últimos años cincuenta, la mariposa empezaba a emerger.

Fantastic, casi a solas, revivía el género de espadas y brujería. Se trataba de jactanciosas narraciones sobre magos y guerreros, en la vena del Conan de Robert E. Howard. John Jakes contribuía con las aventuras de Brak, una imitación del anterior, en tanto que Fritz Leiber proseguía su epopeya de los inimitables bribones Fafhrd y Grey Mouser. Fantastic adoptaba una política editorial extremadamente abierta, y ofrecía numerosos relatos grotescos y fuera de lo normal, un género exclusivo. No hay que sorprenderse, por tanto, de que reapareciera en ella el Harlan Ellison del nuevo estilo, con sus obras experimentales Paingod (El dios dolor) (junio de 1964) y Brighteyes (Ojos brillantes) (abril de 1965).

También Amazing logró un éxito sensacional al adquirir un relato inédito de Edgar Rice Burroughs, Savage Pellucidar (El salvaje Pellucidar), y ofrecerlo en noviembre de 1963.

¿Qué más podían pedir los lectores?

Así pues, en 1965, se recibió como un gran golpe la noticia de que Ziff-Davis había decidido que las dos revistas no rendían. Después de todo, a los editores les interesaban los beneficios, no las revoluciones en la ciencia ficción. Ni Amazing ni Fantastic resultaban lo bastante provechosas, y por eso fueron vendidas a Sol Cohen. Éste, que había sido durante algún tiempo el editor de Galaxy, había creado su propia editorial, Ultimate Publishing Company, en Flushing, Nueva York. Su única preocupación se centraba en la rentabilidad, y disponía de un arma excelente. Ziff-Davis había adquirido todos los derechos de las narraciones publicadas, y dichos derechos pasaban a Cohen. Lo que significaba, simple y llanamente, el derecho a reeditar las viejas páginas de Amazing y Fantastic Adventures sin pagar un solo centavo a los autores.

Otro golpe adicional fue asestado a las revistas por la retirada de Cele Goldsmith (o Cele Lalli, como se llamaba después de su matrimonio en 1964). Cohen dio instrucciones al director de sus revistas, Joseph Ross, para que se basara casi por entero en reimpresiones y usara parcamente los nuevos manuscritos heredados de Ziff-Davis. Al principio, la cosa no resultó tan terrible. Se guardaban numerosas narraciones de primera clase en los archivos, y éstas, combinadas con excelentes relatos inéditos y una atractiva presentación, hacían a Amazing y Fantastic muy legibles. Pero el proceso se deterioró con rapidez. Sin la menor duda, Amazing había dejado de ser el crisol del que surgía la nueva ciencia ficción.

Frederik Pohl le seguía los pasos muy de cerca a Cele Goldsmith en cuanto a cultivar su equipo de autores noveles y sonsacar material de la vieja guardia. Cuando Amazing y Fantastic perdieron su electrizante encanto, Pohl fue el único en beneficiarse.

Pohl no había efectuado cambios inmediatos al hacerse cargo de la dirección, pero poco después de tomar posesión, la imprenta en que se editaba entonces If estropeó por completo un número de la revista. Pohl recurrió a un nuevo impresor, que dio a Galaxy y a If, aunque a ésta en grado menor, una presentación mucho mejor. Con ello se marcó un nuevo rumbo. Galaxy empezó a perder su aspecto vulgar e insulso, en favor de una presentación más acabada. Las ilustraciones mejoraron de modo espectacular, con nuevos artistas como Gray Morrow y veteranos de confianza como Virgil Finlay. La calidad de If, en cambio, siguió siendo escasa, y ciertos experimentos sobre el color, imprimiendo en azul o rojo algunos encabezamientos y títulos, sólo derivaron hacia un aspecto más juvenil del producto final.

Pohl empezó a presionar al editor, Robert M. Guinn, para que promoviera Galaxy a publicación mensual, pero Guirm se mostraba indeciso. Galaxy daba un beneficio. ¿Para qué arriesgarse? El argumento contrario valía para If, cuyas pérdidas no harían sino agravarse al aumentar su periodicidad. El resultado de esta porfía fue la creación de una nueva revista, Worlds of Tomorrow, la primera desde la breve publicación de Vanguard en 1958.

Worlds of Tomorrow, planeada en principio como mensual, apareció con carácter bimensual a partir del primer número, fechado en abril de 1963, con el mismo diseño en su portada que Galaxy e If, de modo que apenas se distinguían. Pohl pugnó por adquirir la colaboración de diversos escritores de nota para lanzar la revista y se aseguró la última novela de Arthur Clarke, People of the Sea (El pueblo del mar). La obra, escrita para lectores jóvenes, se publicó asimismo en forma de libro bajo el titulo Dolphin Island (La isla de los delfines). Relataba las aventuras de un chico de quince años rescatado por dichos animales. El mismo número incluía también relatos de Keith Laumer, Murray Leinster y Fritz Leiber y señalaba el regreso de Robert Silverberg a la ciencia ficción, con una narración sobre una forma de castigo en el futuro, To See the Invisible Man (Ver al hombre invisible).

Worlds of Tomorrow presentaba, al igual que If, ilustraciones interiores en dos tonos que resultaban desalentadoras. La técnica superior de Virgil Finlay lograba sobrevivir al tratamiento, pero otras ilustraciones, en especial los «rellenos a esquemáticos de Jack Gauglian, resultaban poco más que borrones de tinta. El defecto fue sustancialmente corregido en números subsiguientes. No obstante, el nivel literario continuaba por debajo de la media, y Worlds of Tomorrow recibía más críticas que alabanzas por los relatos que ofrecía. La obra más conocida entre las que publicó es sin duda The Dark Light-Years (Los oscuros años luz), de Brian Aldiss, con su muy original descripción de una raza extraterrestre, avanzada en el terreno científico, pero repulsiva en sus hábitos.

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