Una Joya en su corona
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Una Joya en su corona». Краткое содержание книги:
Para el príncipe Raja al-Somari sacrificar su libertad por su país no era una opción, sino un deber. Pero tuvo que utilizar ciertas tácticas mucho más placenteras para convencer a su nueva esposa… Hacía apenas unos días, Ruby Sommerton no era más que una chica corriente que iba a trabajar y cotilleaba con su compañera de piso, pero de pronto descubrió que era una princesa y que su príncipe la esperaba, impaciente, en un palacio en el desierto. La nueva esposa de Raja tenía mucho que aprender para comportarse como una noble… además de descubrir lo excitantes que eran las noches con su marido, para quien tener un heredero era una prioridad.
Por otro lado, y aunque lo hubiera hecho responsable de la pelea que se había producido entre ellos, sabía que ella tenía una parte importante de responsabilidad por la fuerza de la atracción que sentía hacia él. Había sido su decisión de sucumbir a esa atracción lo que había enturbiado las aguas, y lo que inconscientemente la había llevado a esperar más de él de lo que estaba dispuesto a dar. Si era ella quien había exigido un matrimonio solo sobre papel,¿cómo podía culparlo a él de haber cambiado de opinión?
Por otro lado, evitar a Raja y mantenerse en el borde de la cama opuesto a él empezaba a resultar infantil. Todo ello era cada vez más desesperante porque llevaba unos días de retraso del periodo y no podía evitar angustiarse ante la posibilidad de haberse quedado embarazada, una sospecha que tener los pechos especialmente sensibles e hinchados no ayudaba a ahuyentar.
– La pequeña con la que estabas… -empezó Raja.
Ruby se puso en tensión automáticamente.
– ¿Leyla? ¿Qué pasa con ella?
– ¿Has ido al orfelinato todas las tardes?
– ¿Te parece mal? -preguntó Ruby a la defensiva.
– ¿No te preocupa que la niña se encariñe contigo?
¿Qué le pasará si desapareces de su vida? -preguntó él con dulzura.
Ruby apretó los puños.
– No tengo intención de desaparecer.
Percibiendo su inquietud, Raja posó la mano delicadamente sobre la de ella.
– Mañana nos vamos de Ashur para un par de semanas.
– ¡Estaba pensando en adoptarla! -dijo ella, expresando una idea a la que ni siquiera se había atrevido a dar forma en su cabeza-. Supongo que te parecerá una locura, pero la quiero mucho y me gustaría darle un hogar.
Raja la miró atónito.
– Pero si piensas divorciarte de mí…
– En algún momento -dijo Ruby, frunciendo el ceño.
– Entonces no lo has pensado con claridad -dijo Raja-. La ley de la corte de Ashur no permite la adopción por parte de extranjeros y exigiría que la niña se quedara aquí. No creo que quieras hacerle pasar por eso.
– ¡Pero Leyla necesita amor más que nada en el mundo! -estalló Ruby, angustiada.
– El amor no siempre es suficiente -dijo él en tono lacónico.
Ruby le lanzó una mirada de furia y subió las escaleras hacia la suite de dos en dos con el corazón golpeándole las costillas aceleradamente. Cuando por fin expresaba sus deseos respecto a Leyla, Raja aplastaba cualquier esperanza. Peor aún era el dolor que le causaba la parte de verdad que tenían sus palabras. No tenía sentido que adoptara a Leyla si pensaba divorciarse de él. La cuestión era si verdaderamente eso era lo que planeaba hacer.
¿En qué momento podría tomar esa decisión sin que la estabilidad de Ashur corriera peligro? Le costaba concebir que llegara el día en que un divorcio no fuera recibido con la amenaza de revueltas políticas en el país de su padre.
Había tomado la decisión tan precipitadamente, que no había tenido en cuenta la posibilidad de que un matrimonio breve y traumático pudiera tener peores consecuencias para el país que haberse negado a casarse. Un divorcio provocaría la inestabilidad económica y política.
En ese sentido, Raja no la había mentido, ya que Ruby había comprobado por sí misma hasta qué punto el pueblo confiaba en su matrimonio como símbolo de unidad y reconciliación.
Su mente invocó la carita de Leyla y se le encogió el corazón.
– ¿Qué sabes tú del amor? -dijo en tono retador mientras servía el té de menta que los esperaba en su suite-. ¿Has estado alguna vez enamorado?
– Una vez ha sido suficiente -dijo él con sarcasmo.
Sin saber por qué, Ruby se sintió ofendida. ¿A ella no la amaba, pero había amado a otra?
– ¿Quién era?
Raja hizo una mueca de desagrado.
– Se llamaba Isabel. Nos conocimos en Oxford y yo perdí la cabeza por ella -con una expresión de espanto con la que invitó a Ruby a reír, añadió-: Leíamos poesía e íbamos a todas partes de la mano.
– La gente suele hacer esas cosas cuando está enamorada -apuntó Ruby, consciente de que Raja jamás había hecho ademán de hacer una cosa u otra con ella, y en consecuencia, sintiéndose más enfadada que divertida.
– La relación se convirtió en una pesadilla -continuó entonces él, apretando los labios en un rictus al tiempo que se le ensombrecía el rostro-. Era muy celosa y posesiva y todo se convertía en un drama con ella. Bastaba que hablara con otra mujer para que se enfadara. Yo solo tenía diecinueve años y era completamente inexperto.
Ruby, que bebía el té a sorbitos, apreció su sinceridad y le emocionó que compartiera con ella sus sentimientos.
– Supongo que a esa edad es difícil saber cómo reaccionar ante una mujer inestable.
– Amenazó con suicidarse cuando le dije que quería dejarlo. Y cuando me mantuve firme, cumplió la amenaza: tomó una sobredosis -concluyó él en tono solemne. Al ver la expresión de espanto de Ruby, añadió-: Cuando he dicho que fue una pesadilla, no exageraba. Sus padres la ingresaron en una clínica para que le trataran la depresión y yo tardé mucho tiempo en librarme del sentimiento de culpa.
– Supongo que eso te hizo rechazar el amor tal y como ella lo concebía -dijo Ruby, pensativa, comprendiendo a la perfección mientras imaginaba a un joven e inocente Raja leyendo poesía y haciendo manitas-. Pero por lo que dices, Isabel tenía una idea muy retorcida de lo que es el amor. Fue una lástima que tuvieras tan mala suerte.
Raja se encogió de hombros con gesto de fatalidad.
– Mi madre tuvo dos malas experiencias -continuó ella, sorprendiéndolo-. Se ve que no tenía buen criterio. Se enamoraba y asumía que su hombre era perfecto. Mi padre se casó con su segunda esposa a su espalda y luego le dijo que no le había quedado opción porque necesitaba un hijo y ella había sufrido una histerectomía después de tenerme.
– ¿Y el segundo marido? -preguntó Raja con curiosidad.
Ruby tuvo un escalofrío.
– Por su culpa Hermione gruñe a cualquier hombre que se me acerque. Curtis, mi padrastro, intentaba continuamente…
– ¿Intentó abusar de ti? -preguntó Raja, indignado.
Ruby asintió con la cabeza.
– Empezó a molestarme cuando cumplí doce años. Por entonces, mi madre trabajaba varias noches a la semana y yo me quedaba con él en casa.
Raja no concebía que un hombre pudiera atacar a una niña tan pequeña y menos aún en su propia casa, el lugar donde debía sentirse más segura. Por primera vez intuyó el origen de la naturaleza fiera e independiente de Ruby, así como su desconfianza en el sexo.
– ¿Por qué no le dijiste a tu madre lo que pasaba? -preguntó, asumiendo que no lo había hecho.
– Porque le hubiera roto el corazón -dijo Ruby, abatida-. Adoraba a Curtis, y ya lo había pasado suficientemente mal con mi padre.
– ¿Tu padrastro nunca consiguió llegar a tocarte?
– No, pero viví en un estado de terror permanente. Fue un alivio que un día desapareciera. A mí me hizo desconfiar de los hombres, y a mi madre la dejó arruinada -dijo Ruby al tiempo que dejaba la taza y se dirigía al dormitorio.
– ¿Ruby? -la llamó Raja.
Ella se volvió con gesto triste.
– ¿Hasta qué punto deseas proporcionar un hogar a Leyla?
Ella palideció, pareciendo a un tiempo muy joven y muy decidida.
– Nunca he deseado algo tanto… -aparte de a él, pero esa era una verdad que no hubiera estado dispuesta a admitir.
– Haré las averiguaciones oportunas de nuestra parte.
– ¿De los dos?
– Solo puede adoptar una pareja casada. Tendríamos que solicitarlo ambos.
Ruby tembló de emoción.
– ¿Se trata de una oferta? Raja la miró largamente.
– No -dijo al fin-. Significa que te apoyaré en lo que decidas.
Ruby comprendió muy bien el mensaje implícito en aquellas palabras. Una «pareja casada» era una pareja que planeaba seguir estándolo. Bajando la mirada y sin saber qué contestar, fue a darse una ducha.
Mientras se secaba, reflexionó sobre sus circunstancias.
Puesto que estaba enamorada de Raja, lo mejor era aceptarlo. Estaba locamente enamorada de él. Aparte de su obsesivo sentido del deber con el que tanto daño le había hecho, tenía que admitir, que le gustaba todo lo demás: su fuerza, su inteligencia, su generosidad, su consideración, su comprensión, su tolerancia. No era solo espectacularmente guapo y sexy, sino que era el hombre al que había llegado a amar incluso a pesar de haber intentado resistirse a su arrollador atractivo.
Aquella noche, no colocó la almohada en medio de la cama, e incluso llegó a preguntarse si no la habría estado poniéndola como barrera para sí misma y no para él.
Treinta minutos más tarde, Raja entró y fue lo primero que observó. Se metió en la cama y permaneció inmóvil.
Que no hubiera una almohada entre ambos no significaba nada porque pensaba actuar como si hubiera un muro divisorio ya que no estaba dispuesto a que Ruby creyera que había puesto un precio al apoyo que le había ofrecido para adoptar a Leyla.
Le había impresionado la entrega de Ruby a la niña, así como la voluntad de convertirse en madre a una edad tan joven, cuando la mayoría de las mujeres que conocía habrían preferido poder disfrutar lo más posible de su ilimitada riqueza.
Apenas unos centímetros de él, Ruby también estaba despierta. Deseaba a Raja con una intensidad casi dolorosa, pero también sabía que volver a introducir el sexo en su relación cuando las cosas entre ellos seguían sin estar claras, era extremadamente imprudente, pero por otro lado, ansiaba que Raja aceptara la muda invitación.
Sin embargo, la invitación fue ignorada y Ruby tardó horas en conciliar el sueño, durante las que pensó en Leyla, preguntándose si conseguirían proporcionarle un hogar y si Raja llegaría a amarla.
Debía haber hablado más detalladamente del tema con él.
Tenía que aprender a ser la mitad de una pareja, y se preguntó por qué esa era una capacidad que Raja parecía tener por naturaleza.