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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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—Y no le falta razón —dijo Tyrion—. Así que este tal Lord Slynt tomó parte en el asunto, ¿no? Dime, ¿de quién fue la gran idea de concederle Harrenhal y un puesto en el Consejo?

—Meñique se encargó de todo. Necesitábamos a los capas doradas de Slynt. Eddard Stark estaba conspirando con Renly y había escrito una carta a Lord Stannis ofreciéndole el trono. Estábamos en un tris de perderlo todo. Y faltó poco. Si Sansa no hubiera acudido a mí para hablarme de los planes de su padre…

—¿De verdad? —Tyrion se quedó boquiabierto—. ¿Su hija? —Sansa siempre le había parecido una chiquilla dulce, amable y cortés.

—Esa cría estaba loquita de amor. Habría hecho cualquier cosa por Joffrey, hasta que le cortó la cabeza a su padre y le dijo que había sido un acto misericordioso. Ahí se acabó todo.

—Su Alteza tiene una manera muy peculiar de ganarse los corazones de sus súbditos —dijo Tyrion con una sonrisa torcida—. ¿Fue también Joffrey el que echó a Ser Barristan Selmy de la Guardia Real?

Cersei suspiró.

—Joff quería culpar a alguien de la muerte de Robert. Varys propuso que fuera a Ser Barristan. ¿Por qué no? Así el mando de la Guardia Real quedaba en manos de Jaime, así como un puesto en el Consejo Privado, y además Joff tenía ocasión de echarle un hueso a su perro. Le tiene mucho afecto a Sandor Clegane. Estábamos dispuestos a ofrecer a Selmy algunas tierras y una torre, que es más de lo que ese viejo inútil se merecía.

—Tengo entendido que ese viejo inútil mató a dos capas doradas de Slynt cuando intentaron aprehenderlo en la Puerta del Lodazal.

—Janos debió enviar más hombres. —Su hermana no parecía nada satisfecha—. No es tan competente como cabría esperar.

—Ser Barristan era el Lord Comandante de la Guardia Real de Robert Baratheon —apuntó Tyrion a modo de recordatorio—. Jaime y él eran los únicos supervivientes de los siete de Aerys Targaryen. El pueblo habla de él igual que de Serwyn del Escudo Espejo, o del príncipe Aemon, el Caballero Dragón. ¿Qué crees que van a decir cuando vean a Barristan el Bravo cabalgando al lado de Robb Stark o de Stannis Baratheon?

—No lo había pensado. —Cersei apartó la vista.

—Nuestro padre, sí —dijo Tyrion—. Por eso me envió. Para acabar con esta serie de locuras y poner firme a tu hijo.

—Si se trata de controlar a Joff, no vas a tener mucha más suerte que yo.

—Puede que sí.

—¿Por qué?

—Porque sabe que tú jamás le harías daño.

—Si crees que voy a permitir que causes algún mal a mi hijo —dijo Cersei con los ojos entrecerrados—, es que las fiebres te han vuelto loco.

—Joffrey está tan a salvo conmigo como contigo —le aseguró Tyrion con un suspiro. Su hermana no lo entendía, como de costumbre—, pero mientras se sienta amenazado, escuchará lo que se le diga. —Le cogió la mano—. Soy tu hermano, recuérdalo. Tanto si lo quieres reconocer como si no, me necesitas. Y tu hijo me necesita, si es que quiere conservar ese horrible sillón de hierro.

—Siempre has sido astuto. —Cersei parecía conmocionada por el hecho de que se atreviera a tocarla.

—A mi pequeña manera… —Sonrió.

—Vale la pena intentarlo. Pero no te equivoques, Tyrion. Si accedo, serás la Mano del Rey, pero sólo de nombre; en realidad serás mi Mano. Antes de hacer nada consultarás todos tus planes e intenciones conmigo, y no emprenderás ninguna acción sin mi consentimiento. ¿Comprendes?

—Cómo no.

—¿Y estás de acuerdo?

—No te quepa duda —mintió—. Soy todo tuyo, hermana. —«Mientras me convenga»—. Bien, ahora que compartimos el mismo objetivo, no debe haber más secretos entre nosotros. Me has dicho que Joffrey ordenó matar a Lord Eddard, que Varys echó a Ser Barristan y que Meñique nos obsequió con la presencia de Lord Slynt. ¿Quién mató a Jon Arryn?

—¿Cómo quieres que lo sepa? —Cersei retiró la mano con un gesto brusco.

—La acongojada viuda del Nido de Águilas cree que fui yo. ¿De dónde ha sacado esa idea?

—Lo ignoro. El imbécil de Eddard Stark me acusó de lo mismo. Me dio a entender que Lord Arryn sospechaba, o… bueno, que creía…

—¿Qué te estabas follando a nuestro querido Jaime?

Ella lo abofeteó.

—¿Te crees que estoy tan ciego como nuestro padre? —Tyrion se frotó la mejilla—. No me importa con quién te acuestes… aunque me parece una injusticia que te abras de piernas para un hermano y no para el otro.

Ella lo abofeteó.

—Vamos, Cersei, si sólo es una broma. Si quieres que te diga la verdad, prefiero a una buena puta. Nunca comprendí qué veía Jaime en ti, aparte de su propio reflejo.

Ella lo abofeteó.

—Como sigas haciendo eso me voy a enfadar. —Tyrion tenía las mejillas enrojecidas y ardiendo, pero sonreía.

—¿Y a mí qué me importa que te enfades? —Aquello había detenido la mano de su hermana.

—Tengo nuevos amigos —le confesó—. No te van a gustar nada de nada. ¿Como mataste a Robert?

—Se mató él solo. Nosotros nos limitamos a ayudarlo. Lancel vio que Robert iba a por el jabalí y le dio un vino muy fuerte. Su favorito, un tinto amargo, pero más cargado, tres veces más contundente que de costumbre. Y a ese imbécil hediondo le encantó. Podría haber dejado de beberlo en cualquier momento, pero no, vació un pellejo entero y mandó a Lancel a buscar otro. El jabalí se encargó de lo demás. Lástima que no estuvieras en el banquete, Tyrion. Nunca había probado un jabalí tan delicioso. Lo cocinaron con setas y manzanas, y tenía sabor a triunfo.

—No cabe duda de que naciste para viuda, hermana. —Pese a ser un zoquete y un fanfarrón, Robert Baratheon le había caído bien… sobre todo porque su hermana no podía soportarlo—. En fin, si no quieres darme más bofetadas, tengo que irme ya. —Retorció las piernas y se bajó del sillón con torpeza. Cersei frunció el ceño.

—No te he dado permiso para retirarte. Quiero saber cómo piensas liberar a Jaime.

—Te lo diré cuando lo sepa. Los planes son como la fruta, tienen que madurar. Lo que voy a hacer ahora mismo es recorrer a caballo las calles, para ver cómo está la ciudad. —Tyrion puso la mano sobre la cabeza de la esfinge que había junto a la puerta—. Una última petición. Ten la bondad de asegurarte de que a Sansa Stark no le sucede nada malo. No nos convendría perder a las dos hijas.

Una vez fuera de la sala del Consejo, Tyrion saludó a Ser Mandon con una inclinación de la cabeza y recorrió el largo pasillo abovedado. Bronn se unió a él. De Timett, hijo de Timett, no había ni rastro.

—¿Dónde está nuestro mano roja? —preguntó.

—Le entraron ganas de explorar un poco. No es el tipo de hombre al que le gusta aguardar en un pasillo.

—Espero que no mate a nadie importante. —Los hombres de los clanes que Tyrion había traído desde sus fortalezas de las montañas eran leales a su manera, pero también orgullosos y pendencieros, siempre dispuestos a responder con el acero a cualquier insulto, real o imaginario—. Búscalo. Y ya que estás, encárgate de que se proporcione alojamiento y comida a los demás. Quiero que se instalen en los cuarteles al pie de la Torre de la Mano, pero que el mayordomo no ponga a los Grajos de Piedra cerca de los Hermanos de la Luna, y dile que los Hombres Quemados necesitan una sala privada para ellos.

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