El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
Finalmente encontró la civilización: unas formas rectangulares en aquella oscuridad. La visibilidad era demasiado escasa para poder elegir. Intentó abrir algunas puertas, pero estaban cerradas por la presión del agua. Siguió nadando hasta que encontró un escaparate con el vidrio destrozado.
En su interior reinaba una oscuridad aterradora, pero Tim se obligó a entrar.
Se encontró en una gran estancia; al menos daba la impresión de que era grande. Una densa nube de niebla blanca a un lado resultó ser una estantería de libros en rústica convertidos en una pasta blanda y partículas flotantes. Aquella niebla le siguió cuando se alejó nadando. Encontró mostradores y estantes, mercancías amontonadas en el suelo, lleno de tesoros: lámparas, cámaras, radios, magnetófonos, televisores, botes de pintura, modelos plásticos, peceras, pilas, jabón, bombillas, cacahuetes salados en lata...
Eran muchas cosas, y la mayoría estropeadas. El aire de las botellas dejó de fluir bruscamente. Presa de pánico, Tim miró atrás, tratando de localizar a su compañero de inmersión, y entonces se dio cuenta de que a pesar de su entrenamiento se había sumergido sin un compañero. Era algo casi divertido. Antes de pensar en un compañero, era preciso disponer de más de un equipo de inmersión. Se tranquilizó y se contorsionó para alcanzar la válvula del regulador y abrir la reserva. Ahora sólo disponía de unos momentos, y los aprovechó para recoger objetos y meterlos en el saco atado a su cinturón.
Salió del almacén y subió a la superficie. Estaba bastante alejado del bote. Agitó los brazos hasta llamar la atención de los tripulantes, y el bote se acercó a él. Cuando le subieron a bordo estaba agotado.
—¿Has encontrado algo de comer? —quiso saber Horrie Jackson—. Nosotros encontramos algo con ese equipo de inmersión antes de que se agotara el aire. Si volvemos a Porterville puedo mostrarte muchos sitios donde hay comida. Tú bajas a buscarla y nos la repartimos.
Tim meneó la cabeza. Sentía una tristeza infinita.
—Era un almacén general —dijo.
—¿Puedes encontrarlo de nuevo?
—Creo que sí. Está debajo de nosotros.
Probablemente podría y habría mucho que salvar, pero estaba tan cansado que no le emocionaba gran cosa su hallazgo. Se volvió hacia Jason Gillcuddy, que probablemente era el único hombre que podría comprenderle.
—Cualquiera podía entrar ahí a comprar —dijo Tim—. Hojas de afeitar, servilletas de papel, calculadoras, libros. Cualquier podía adquirir esas cosas; y si trabajamos duro durante largo tiempo, tal vez algunos de nosotros podremos volver a hacerlo.
—¿Qué has subido? —le preguntó Horrie Jackson.
—Almacén general —dijo Adolf Weigley—. ¿Has conseguido algo de lo que hay en la lista de Forrester? ¿Disolvente? ¿Amoníaco? ¿Algo de eso?
—No. —Tim alzó la bolsa. Cuando la abrieron vieron que contenía un frasco de jabón líquido y unos prismáticos. Todos le miraron con extrañeza, excepto Jason Gillcuddy, el cual le dio unas palmaditas en el hombro.
—Hoy no estás en forma para volver a zambullirte —le dijo.
Horrie Jackson sacó más cosas de la bolsa de Tim. Anzuelos y sedal para pescar. Una lata de tabaco de pipa. Los cacahuetes... Horrie abrió la lata y la ofreció. Tim cogió unos cuantos. Tenían el sabor... de un cóctel en su apogeo.
—La inmersión puede hacerte tener ideas raras —dijo, y supo al instante que aquella no era la explicación. Todo el mundo que había perdido estaba allí, bajo el agua, convirtiéndose en basura.
—Toma, queda un sorbo —dijo Gillcuddy. Le pasó una botella de whisky que Tim no recordaba haber visto antes. Tomó un sorbo, que fue como una explosión de nostalgia en el paladar, y tiró la botella al agua.
Y allí, a lo lejos, como manchas siniestras en el horizonte, al este, estaban los botes de la Nueva Hermandad.
—Pon en marcha el motor, Horrie. Rápido, o nos darán alcance.
Tim se inclinó hacia adelante, tratando de ver más detalles, y tuvo que sujetarse para no perder el equilibrio cuando el motor se puso en marcha, pero no pudo ver más que un par de botes pequeños y otro mucho mayor... una gabarra, cargada con cosas.
—Creo que tienen una plataforma de artillería.
HOMBRES SACRIFICABLES
No era culpa suya que nadie les hubiera dicho que la verdadera función de un ejército consiste en luchar y que el destino de un soldado, al que pocos escapan, es sufrir y, si es necesario, morir.