Tiempos de gloria [Glory Season - es]
- Автор: Брин Дэвид
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6585-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:
Maia parpadeó. ¿Que yo qué? Lo único que había hecho fue prometer a Thalla algo que nunca pudo cumplir. A menos que la gran var hubiera conseguido emplear las tijeras de algún modo. ¿Como ganzúa, tal vez? ¿Para soltar sus cadenas y luego engañar a las guardianas?
O tal vez Baltha y Togay se las quitaron cuando pareció inminente la batalla con los hombres.
… La revuelta salió bien, al principio. Pero entonces las saqueadoras contraatacaron antes de que las rads pudieran zarpar. Hubo disparos. Algunas rads huyeron en un pequeño bote antes de prender fuego a ambos barcos.
No me pareció un buen momento para bajar. Caminé de un lado a otro como un loco, preocupado por ti, hasta que llegué al extremo oriental del diente, de cara al mar.
Entonces vi la flotilla de Halsey que se acercaba. ¡No sólo el viejo Audaz, que estaba de servicio la última vez que estuve allí, sino la Morsa y el León Marino también! Supongo que la cofradía decidió por fin que ya estaba harta de sus antiguas clientas, y venía a saldar cuentas.
Corrí al ascensor, bajé al cuarto de baño y rompí un espejo. Cogí un trozo y volví a subir. Que el sol estuviera en el este me facilitó hacer señales a los barcos. Para darles una idea de lo que podían esperar. Hubo disparos cuando intentaron entrar en la laguna, y entonces el León Marino penetró en ella justo cuando llegaba todo el mundo.
Un par de hermosos barcos aparecieron por el extremo sur de Jellicoe, haciendo ondear los estandartes del templo. Y por el norte vi aparecer varios cruceros rápidos. ¡Más tarde supe que eran del Departamento de Policía Comercial de Ursulaborg! Un poco fuera de su jurisdicción, ¿pero a quién le importa? Parece que Naroin las había convocado como milicia. Policías locales y honradas sin conexión con el Consejo.
¡Justo cuando aquella multitud llegaba a la laguna, y empezaba a salir humo del viejo santuario, apareció un enorme zep’lin! No me gustó el aspecto de las clones que se asomaban a la góndola. (¡Estaban enfadadas de veras!) Así que me conecté al torno y bajé. Llegué a tiempo de ayudar a mi cofradía a convencer a las monjas del templo y a la partida de Naroin de que todos estábamos del mismo bando.
Llevó un rato vencer a la retaguardia de las saqueadoras (son unas luchadoras magníficas), y luego corrimos tras ellas mientras os perseguían…
Los ojos de Maia se nublaron. Aunque el sencillo relato de Brod era apasionante, sus fuerzas eran limitadas y sentía la mente llena hasta reventar. Sin querer apresurar las cosas, esperó a que su visión se aclarara antes de continuar.
Estaba todo hecho un desastre, sobre todo ante el auditorium, donde la gente del Manitú había combatido a las saqueadoras. Por fortuna, había médicos para cuidar de los heridos.
Esa pared de luces nos detuvo en seco un momento, y me asusté cuando vi a Leie, gimiendo en el suelo; pensé que eras tú. Está bien, por cierto, pero eso ya te lo he dicho. Leie quería perseguir a las que te perseguían. Pero me dijeron que ayudara a sacarla donde el aire era más limpio, mientras que las profesionales de Naroin dirigían la persecución desde allí.
Salimos justo a tiempo de ser derribados por lo que pareció un trueno. Alzamos la cabeza y vimos la lanzadera espacial lanzar su vaina al cielo… y lo que sucedió después.
Lo siento, Maia. Sé que debe de ser horrible, como cuando sacamos tu pobre cuerpo y pensé que te estabas muriendo. Yo me sentí como debiste sentirte tú al ver volar en pedazos a tu amigo alienígena.
Una vez más, a Maia se le partió el corazón. Sin embargo, esta vez pudo sonreír amargamente. El bueno de Brod, pensó. Era la cosa más romántica que jamás le había dicho nadie.
Leie y yo esperamos fuera mientras las monjas—médico te operaban (ése es el grupo que aún no comprendo de dónde salió, ni por qué. ¿Las llamaste tú?). Mientras tanto, hubo muchas preguntas. Mucha gente insistía en oír lo que todo el mundo sabía, aunque eso significaba repetirlo una y otra vez. La historia siguió desvelándose, poco a poco, mientras que continuamente llegaban más barcos y zeps.
¡Oh, demonios! Me llaman otra vez, así que esto tendrá que ser todo por ahora. Te escribiré más adelante. Mejora pronto, Maia. ¡Te necesitamos, como de costumbre, para descubrir qué tenemos que hacer!
Con calor invernal, tu amigo y compañero,