Электронная книга - «Entrevista con el vampiro [=Cofesiones de un vampiro / Interview with the Vampire - es]». Краткое содержание книги:
»—Hijo, hijo.
»Y Lestat bailó como el enloquecido Rumpelstiltskin a punto de traspasar el suelo con el pie. Fui hasta el ventanal. Pude ver y oír a los esclavos congregándose alrededor de la casa de Pointe du Lac, formando redes en la oscuridad, aproximándose.
»—Tú eras José entre tus hermanos —dijo el anciano—. El mejor de todos, pero ¿cómo lo podía yo saber? Lo supe cuando te fuiste, cuando pasaron todos esos años y ellos no me ayudaron en nada, no me dieron ninguna paz. Y entonces tú regresaste y me sacaste de la finca, pero no eras el mismo. No eras el mismo muchacho.
»Me volví a Lestat y prácticamente lo arrastré hasta la cama. Nunca lo había visto tan débil y al mismo tiempo enfurecido.
Se soltó de mí y se arrodilló cerca de la almohada, echándome una mirada de odio. Yo me mantuve firme y le susurré:
»—¡Perdónalo!
»—Está bien, padre. Debes tranquilizarte. No tengo nada contra ti —dijo, y su voz aguda se sobrepuso a la furia que lo dominaba.
»El anciano se apoyó en la almohada murmurando unas palabras de alivio, pero Lestat ya se había ido. Se detuvo en la puerta, con las manos sobre las orejas.
»—Ya vienen —susurró, dándose vuelta para poder verme—. Mátalo. Por Dios.
»El anciano jamás supo lo que le había sucedido. Jamás se despertó de su estupor. Lo desangré lo suficiente, abriéndole una herida grande para que muriese sin sentir mi pasión oscura. Yo no podía soportar ese pensamiento. Sabía que no importaría si encontraban el cadáver en ese estado porque yo ya estaba harto de Pointe du Lac y de Lestat y de toda esa identidad como amo ridículo de Pointe du Lac. Incendiaría la casa y tendría la fortuna que había acumulado con diferentes nombres justo para cuando llegara el momento oportuno.
»Mientras tanto, Lestat atacó a los esclavos. Dejaría detrás de él tal ruina y devastación que nadie podría saber a ciencia cierta lo que había sucedido esa noche en Pointe du Lac. Y yo fui con él. Anteriormente, su ferocidad siempre había sido misteriosa, pero ahora yo descubrí mis colmillos ante los seres humanos que escapaban de mi presencia; mi avance superaba su velocidad patética y torpe, mientras descendía el velo de la muerte o el velo de la locura. El poder y la prueba del vampiro era inexpugnables, de modo que los esclavos huyeron en todas direcciones. Y fui yo quien regresó a las escalinatas a incendiar Pointe du Lac.
»Lestat vino corriendo detrás.
»—¿Qué estás haciendo? ¡Estás loco! —gritó; pero no había manera de apagar las llamas—. ¡Se han ido y tú estás destruyendo todo, todo! —Y se paseó alrededor de la magnífica sala, entre su frágil esplendor.
»—Saca tu ataúd. ¡Tienes tres horas hasta el alba! —le grité. La mansión es una pira funeraria.
—¿Podría haberle hecho daño el fuego? —preguntó el muchacho.
—¡Por cierto! —dijo el vampiro.
—¿Volvió al oratorio? ¿Era un lugar seguro?
—No, de ninguna manera. Unos cincuenta y cinco esclavos estaban en la zona. Muchos de ellos no preferían la vida de un liberto y lo más seguro era que fueran a Freniere o a la plantación Bel Jardín. Yo no tenía la más mínima intención de quedarme allí esa noche. Pero había poco tiempo para hacer alguna otra cosa.
—Esa mujer…, Babette… —dijo el muchacho. El vampiro sonrió.
—Sí, fui a ver a Babette. Ahora vivía en Freniere con su joven marido. Tenía tiempo suficiente para cargar mi ataúd en el carruaje y llegar adonde estaba ella.
—Pero, ¿y Lestat? El vampiro suspiró.
—Lestat fue conmigo. Tenía la intención de irse a Nueva Orleans y trataba de persuadirme de que yo hiciera lo mismo. Pero cuando se dio cuenta de que pensaba esconderme en Freniere, optó por eso también. Quizá jamás hubiéramos podido llegar a Nueva Orleans. Empezaba a amanecer. Los ojos mortales no lo podían ver, pero Lestat y yo sí.
»En cuanto a Babette, yo la había visitado una vez más. Como te dije, había escandalizado a la costa quedándose sola en la plantación, sin un hombre en la casa, sin ni siquiera una anciana. El mayor problema de Babette fue que podía alcanzar el éxito económico únicamente a costa del aislamiento y del ostracismo social. Tenía tal sensibilidad que la riqueza en sí no le importaba nada; una familia, hijos…, eso era lo importante para Babette. Aunque fue capaz de mantener la plantación, el escándalo la estaba desgastando. En su interior, estaba cediendo. Sin permitirle que me mirase, una noche la vi en su jardín. Le dije en mi voz más suave que yo era la misma persona de antes. Que conocía su vida y sus sufrimientos.
»—No esperes que la gente te comprenda —le dije—. Son unos imbéciles. Quieren que te retires debido a la muerte de tu hermano. Usarían tu vida como si fuese aceite para la lámpara. Debes desafiarlos con pureza y confianza.
»Me escuchó en silencio. Le dije que debía dar una fiesta de beneficencia. Y esa beneficencia sería religiosa. Podía elegir un convento en Nueva Orleans, cualquiera, y dar allí una fiesta filantrópica. Invitaría a los amigos más íntimos de su madre difunta para que actuasen de chaperones y ella haría todo esto con una total confianza en sí misma. Sobre todo, una confianza perfecta. Lo único importante era la confianza en sí misma y la pureza.
»Pues Babette pensó que esto era algo genial.
»—No sé quién eres y tú no me lo dices —dijo ella (era verdad, yo no lo decía)—. Pero sólo me puedo imaginar que eres un ángel.
»Y me rogó verme la cara. Es decir, me lo rogó a la manera de la gente como Babette, quienes en realidad no sienten inclinación de rogar nada a nadie. No se trata de que Babette fuera orgullosa. Simplemente era fuerte y honesta, lo que en la mayoría de las veces hace del ruego… Veo que quieres preguntarme algo —dijo el vampiro, y se detuvo.
—Oh, no —dijo el muchacho, que quería esconder su intención de preguntar.
—No debes tener miedo de preguntarme nada. Si me escondiera algo demasiado íntimo… —continuó; y, cuando el vampiro dijo esto, se le oscureció el rostro por un instante, frunció el entrecejo y sus cejas formaron un hoyuelo que apareció arriba de su ceja izquierda como si alguien hubiera puesto un dedo, lo que le dio un especial aspecto de preocupación profunda—. Si escondiera algo demasiado íntimo como para que tú preguntaras al respecto, en primer lugar no lo mencionaría —dijo.
El muchacho se encontró mirando fijamente los ojos del vampiro, y las cejas, que eran como finos alambres negros en la piel tierna de los párpados.
—Pregúntame —dijo el muchacho.
—Usted habla de Babette —dijo el joven— como si su sentimiento para con ella fuera especial.
—¿Te di la impresión de que no podía sentir? —preguntó el vampiro.
—No, de ninguna manera. Es evidente que usted sintió algo por el anciano. Se quedó a reconfortarlo cuando usted mismo estaba en peligro. Y lo que sintió por el joven Freniere cuando Lestat quería matarlo… Todo esto usted lo ha explicado. Pero me estaba preguntando… ¿Sentía algo especial por Babette? ¿Acaso ese sentimiento por Babette fue el que hizo que usted tratara de proteger al joven Freniere?
—Quieres decir amor —dijo el vampiro—. ¿Por qué has vacilado en decirlo?
—Porque usted habló de sentimientos distantes —replicó el muchacho.
—¿Piensas que los ángeles son distantes? —preguntó el vampiro.
El chico lo pensó un momento.
—Sí —dijo.
—¿Y los ángeles son incapaces de amar? —preguntó el vampiro—. ¿Acaso los ángeles no contemplan el rostro de Dios con un amor total?
El chico pensó un momento.
—Amor o adoración —dijo.
—¿Cuál es la diferencia? —preguntó pensativo el vampiro—. ¿Cuál es la diferencia? —insistió, y no se trató de una pregunta dirigida a su interlocutor, sino que se lo preguntó a sí mismo—. Los ángeles sienten amor y orgullo…, el orgullo de la Caída… y odio. Las poderosas emociones abrumadoras que sienten la personas distantes en las que la emoción y la voluntad son una sola cosa —dijo finalmente; ahora miró la mesa, como si lo estuviera pensando y no estuviera enteramente satisfecho de sus palabras—. Por Babette, yo sentía… una emoción profunda. No es la más fuerte que he sentido por un ser humano. —Levantó la vista y miró al muchacho—. Pero fue muy intensa. Babette, a su manera, fue para mí un ser humano ideal…