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El Hijo Del Principe Del Desierto

Электронная книга - «El Hijo Del Principe Del Desierto». Краткое содержание книги:

¡Casada con un príncipe del desierto por obligación! El príncipe Jasim bin Hamid al Rais está preocupado porque su hermano, al que le encantan las mujeres, podría estar a punto de caer en las redes de la cuidadora de su hija, lo que supondría un terrible escándalo para la monarquía de Quaram. Aunque Elinor Tempest parece tan sólo una chica guapa y delicada, Jasim no se deja engañar y decide encargarse él personalmente de semejante caradura. Sólo después de seducirla sin contemplaciones descubre que, efectivamente, era virgen… ¡y se ha quedado embarazada! Un miembro de la realeza no puede nacer sin que sus padres estén casados, así que convierte a Elinor en su esposa…
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– ¡Tú a mí no me dices lo que tengo que hacer! -explotó Jasim-. Tengo inmunidad diplomática. Si hubiera querido, me habría podido llevar a Sami hoy a Quaram y no habrías podido hacer nada. Sami es de vital importancia para la sucesión y la estabilidad de mi país y no pienso descansar hasta que lo haya llevado allí.

– ¿Me estás amenazando?

– Te estoy pidiendo que consideres tu postura y el futuro de Sami con sentido común, sin dejarte llevar por las emociones y el egoísmo -contestó Jasim con desdén-. Mi pueblo no aceptará a Sami como rey si no lo conoce y Sami no podría aprender nuestra lengua y nuestra cultura viviendo aquí. Si le niegas la oportunidad de vivir en Quaram, lo estarás condenando a ser un desconocido allí.

– ¡No aguanto que me presiones de esta manera! -se defendió Elinor, cruzándose de brazos.

– Yo sólo hago lo que tengo que hacer -contestó Jasim con ironía-. A ver si entiendes que Sami no es un niño normal y corriente. Algún día, él también tendrá que entender que esa responsabilidad lleva aparejados grandes privilegios.

Elinor entendía todo aquello. pero no podía soportar tener que elegir entre sacrificar sus necesidades o las de su hijo. ¿Le perdonaría Sami si no le permitiera empaparse de la cultura de su padre y vivir con él? Separar a un niño de su padre era cruel. ¿Cómo le iba a hacer eso a su hijo?

– Me quiero ir a casa con Sami -suspiró.

Unos minutos después, Jasim estaba sacando a Sami de la cuna en la que descansaba. Aunque estaba despierto, seguía somnoliento después de la siesta que se había echado y, al ver que no reconocía el lugar en el que se encontraba, se puso a hacer pucheros. Su padre lo consoló amablemente y Elinor observó que Jasim era cuidadoso y cariñoso con su hijo y que Sami confiaba en él.

– Ya me va conociendo -comentó Jasim satisfecho cuando el pequeño apoyó la cabecita en su hombro.

Al ver a su madre, Sami le tiró los bracitos muy contento y Elinor lo tomó en brazos mientras Jasim le contaba por qué se lo había llevado aquella tarde de la guardería.

– No podía soportar verlo llorar así -concluyó.

Elinor se dio cuenta de que estaba viendo una faceta de Jasim que no creía que existiera. Cuando se trataba de su hijo, el príncipe se mostraba tierno y cariñoso.

¡Qué no daría ella por despertar en Jasim los mismos sentimientos!

Aunque sabía que aquello era imposible, debía pensar en el futuro de su hijo y en lo que era mejor para él, así que sólo había una opción.

– Si no hay otra opción y de verdad es lo mejor para Sami, acepto irme a vivir a Quaram -murmuró mientras bajaban las escaleras.

– Has tomado la decisión correcta y no te arrepentirás -contestó Jasim.

– Sabes perfectamente que no tengo más remedio que aceptar. ¡Cuando me has dicho que podrías haberte llevado a Sami con tu inmunidad diplomática es como si me hubieras puesto una pistola en la cabeza! -le recriminó.

Elinor era consciente de que albergaba sentimientos encontrados por el padre de su hijo. Lo odiaba, sentía una gran fascinación sexual y tenía la loca esperanza de que todo aquello tuviera un final feliz, de que Jasim se enamorara de ella perdidamente. Pero su madre le había enseñado a no confiar en los finales felices, así que mejor no pensarlo

Al llegar a casa, Elinor hizo unas cuantas gestiones para dejar su partida de Inglaterra arreglada, y aquella noche se quedó hablando hasta tarde con sus amigas.

A la mañana siguiente, dejó el trabajo y, ante la insistencia de Jasim, Sami y ella salieron de compras con él. Por lo visto, había que tener un montón de ropa apropiada para el clima de Quaram. Era increíble lo que sabía Jasim de los gustos femeninos en aquella materia.

– Has estado con muchas mujeres, ¿verdad? -le preguntó mientras Jasim elegía prenda tras prenda y decidía que a Elinor le iban bien el verde y el azul.

– Con unas cuantas, pero no me parece apropiado hablar contigo de ello.

Elinor apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos. No podía soportar la idea de que Jasim hubiera estado con otras mujeres.

– No quiero hablar en detalle del tema -opinó Elinor molesta-, pero ahora comprendo que aquella noche en Woodrow Court me las estaba viendo con un experto en la materia y yo no lo sabía.

– Piensa lo que quieras -contestó Jasim sin darle importancia al asunto.

Era cierto que Jasim había tenido muchas relaciones, pero siempre habían sido discretas y no se arrepentía de ninguna. Pronto se había dado cuenta de que muchas mujeres estaban encantadas de compartir con él sus placeres sexuales a cambio de aparecer en público con él y de carísimos regalos. Nunca había tenido problemas con el sexo, pero sospechaba que el sexo dentro del matrimonio sí le iba a suponer un problema.

Jasim miró a Elinor, que estaba tensa. Jasim sabía que a todas las mujeres les encanta ir de compras y había creído que aquella propuesta alegraría a Elinor, pero no estaba surtiendo el efecto deseado.

Aquello lo llevó a darse cuenta de que, en realidad, apenas conocía a Elinor Tempest y, desde luego, no sabía lo que había en su cabeza.

Elinor le mandaba señales contradictorias. ¿Qué ocurría? ¿Por qué no le gustaba como a otras mujeres, que siempre estaban encantadas de estar con él? ¿Por qué estaba allí sentada mirando la ropa como si fuera una puritana invitada a una orgía?

Aquello hizo sonreír a Jasim.

Elinor se sentía cada vez más enfadada. Como de costumbre, Jasim había ignorado sus preguntas y comentarios y la mantenía a distancia. No quería que lo conociera. Evidentemente, su papel iba a consistir en ser la madre de Sami, no la esposa del príncipe.

La siguiente parada en la ruta le puso los pelos de punta. Se trataba de una exquisita boutique de lencería femenina. Mientras ella permanecía petrificada en un rincón, Jasim seleccionó con naturalidad un montón de conjuntos frívolos y atrevidos.

Elinor se sentía profundamente ultrajada. ¿Cómo se atrevía Jasim a elegir su ropa íntima?

– ¡No pienso ponerme esa lencería ni muerta! -exclamó furiosa en la limusina.

Jasim sonrió con picardía.

– Estarías genial con uno de esos conjuntos en tu velatorio -comentó con ironía-, pero prefiero que te los pongas en vida y que yo pueda disfrutarlos.

– ¡Sigue soñando! -exclamó indignada.

– ¿Sabes que muchas veces los sueños se hacen realidad, aziz? -contestó Jasim.

– En esta ocasión, no, te lo aseguro -contestó Elinor desviando su atención hacia Sami, que se había quitado un calcetín y estaba explorando sus dedos de los pies.

Ni por todo el oro del mundo, habría admitido Elinor que el interés de Jasim por verla con aquellos conjuntos había despertado en su interior una llama de pasión y esperanza.

Para no dar alas a aquellos pensamientos, se concentró en el equipaje que tenía que hacer al llegar a casa. Al día siguiente, se iban a un país desconocido e iba a tener que hacer un gran esfuerzo para adaptarse.

Capítulo 7

– ¿Quieres que te diga la ropa que te puedes poner para conocer a mi padre? -se extrañó Jasim-. No te preocupes. No se va a asustar si llevas las piernas al descubierto. No hay ningún protocolo al respecto, tranquila.

Elinor volvió al habitáculo del avión donde se estaba cambiando. Ojalá hubiera pensado en aquel detalle antes de hacer las maletas. Con un suspiro, eligió un traje de chaqueta en tono azul cielo que le pareció lo suficientemente clásico.

Al hacerlo, se fijó en el anillo de pedida que lucía ahora en el dedo anular de su mano derecha y se estremeció. Era exactamente el mismo anillo que Murad le había regalado a su madre años atrás. Jasim lo había recuperado para ella y se lo había entregado al subir al avión junto con la alianza de boda.

Elinor había protestado, pero no había servido de nada. No le hacía gracia lucir aquel anillo de compromiso que le recordaba a la triste historia de amor de su madre.

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