El Hijo Del Principe Del Desierto
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Hijo Del Principe Del Desierto». Краткое содержание книги:
– ¿Creído yo? -murmuró Jasim-. De eso, nada. Te excito.
Elinor consiguió hacer acopio de fuerzas y lo apartó. A continuación, se dirigió con piernas temblorosas a la ventana e intentó recuperar la calma, pero Jasim había dado de lleno en el blanco.
Aquel hombre la excitaba sobremanera. No podía resistirse a él.
– ¿No tienes nada que decir? -le dijo Jasim.
– Sami es mucho más importante para mí que la excitación que pueda sentir por ti -gritó Elinor dándose la vuelta.
– Si eso es cierto, te honra, pero, aun así, tienes que reconocer que nuestro hijo nos necesita a los dos. Ahora y en el futuro. A medida que vaya creciendo, irá necesitando cada vez más a su padre. Cuidaré de él. Toda mi familia cuidará de él y…
– No quiero ser tu esposa -dijo Elinor.
– Pero lo eres y, por el bien de Sami, debes seguir siéndolo. Si nos divorciáramos, sería un gran escándalo en mi país y fuente de vergüenza para nuestro hijo.
Elinor sintió que el corazón se le caía a los pies. Se sentía enjaulada. ¿Cómo iba a insistir en el divorcio si eso podía dañar a su hijo? No podía ser tan egoísta. No podía pensar sólo en ella. Elinor miró a Jasim de reojo. Aunque era un hombre bello, que la atraía y la excitaba, no quería nada con él.
Sí, era muy guapo y seguía siendo su marido, pero no tenía escrúpulos y siempre se salía con la suya, costara lo que costara. Siempre conseguía lo que quería.
Elinor se estremeció de miedo, pues era consciente de que Jasim quería a Sami.
Capítulo 6
La tarde siguiente, Jasim salió del despacho que había elegido para trabajar por su proximidad a la guardería.
Al acercarse a la cristalera, vio que Sami estaba sentado en una trona. Atado. El niño estaba girado hacia una ayudante que estaba repartiendo la merienda. Jasim pensó que su hijo pasaba demasiadas horas al día atado a aquella sillita. Parecía un prisionero. Estaba seguro, pero aburrido. No podía explorar.
Jasim recordó su desdichada infancia. No había conocido a su madre y no había sido capaz de ponerle rostro a su padre hasta los diez años. Nadie había acudido a tomarlo en brazos cuando lloraba. Todo a su alrededor había sido demasiado estricto. Desde muy pequeño lo mandaron interno a una academia militar en el extranjero donde aprendió disciplina y a aguantar las bromas de los demás niños. Durante muchos años, su padre sólo había sido una figura distante de gran poder que lo amonestaba a través de un ayudante siempre que sus notas no eran excelentes. Gracias a Dios, casi todo se le había dado bien, pero, aun así, jamás había obtenido ninguna felicitación paterna.
Al haber tenido aquella infancia tan desoladora, quería que su hijo tuviera una muy diferente. En Quaram, Sami no tendría que estar buena parte del día atado. Podría moverse porque siempre habría alguien pendiente de él, pero dejándolo explorar su mundo.
Jasim observó cómo a Sami se le caía un trozo de pan al suelo. El niño alargó el bracito para intentar recuperarlo, pero no llegaba. Entonces, miró a su alrededor en busca de alguien que pudiera ayudarlo, pero la cuidadora estaba ocupada con otros niños. Al final, se puso a llorar.
Una de las cuidadoras lo oyó, se acercó y le dio un juguete, pero el niño lo tiró con todas sus fuerzas y siguió llorando. La cuidadora pasó de largo para atender a otro niño.
Sin pensarlo dos veces, Jasim entró en la guardería, esquivó a la directora y tomó a su hijo en brazos. A Sami le caían gruesas lágrimas por las mejillas. Estaba desolado.
– Me lo llevo -anunció, entregándole el trozo de pan que Sami estaba buscando.
Al salir de la guardería, vio que su equipo de seguridad lo miraba sorprendido. Era la primera vez en su vida que veían a un miembro varón de la familia Rais con un bebé en brazos. ¡Pues no iba a ser la última!
Sami estaba encantado en brazos de su padre, había recuperado su anhelado trocito de pan y lo mascaba feliz.
Elinor trabajó duro aquel día a pesar de que estaba agotada, pues apenas había dormido aquella noche. Se la había pasado dando vueltas, haciéndose preguntas para las que no tenía respuesta. ¿Debería darle una segunda oportunidad a su matrimonio con Jasim por el bien de Sami? ¿Sería lo mejor para su hijo que ella sacrificara sus necesidades y deseos para que el niño ocupara su lugar en la línea de sucesión al trono de Quaram? ¿Cuánto tiempo se quedaría Jasim en Londres?
Elinor amaba profundamente a su hijo y temía que la presencia del príncipe interfiriera en sus vidas. Olivia no había dicho nada y nadie sospechaba que ella, una simple empleada, tuviera un hijo con el nuevo propietario.
Al finalizar su jornada de trabajo, se dirigió a la guardería a recoger a Sami y comprobó satisfecha que los guardaespaldas ya no estaban en la puerta. Al verla entrar, Olivia la miró extrañada.
– ¿Qué pasa? -le preguntó Elinor.
– El príncipe se ha llevado a Sami después de comer. Creía que lo sabías… -contestó la directora preocupada.
– ¿Se lo ha llevado? -preguntó, horrorizada.
– Sí, ha dicho que se lo llevaba a casa.
Elinor sintió que el pánico se apoderaba de ella. ¿Se lo habría llevado a Quaram? Elinor sintió que se debilitaba y, por primera vez en su vida, se desmayó.
Cuando volvió a abrir los ojos, Olivia le dijo que había llamado al príncipe para informarle de lo ocurrido. Elinor comprobó que habían llegado dos guardaespaldas a buscarla. Eso la alivió profundamente.
¡Entonces, no se había llevado a Sami a Quaram!
¿Pero cómo se había atrevido a sacarlo de la guardería sin decírselo?
Elinor entró en la biblioteca muy nerviosa.
– ¿Dónde está Sami? -le preguntó a Jasim.
– Está durmiendo. Arriba. Ahora vamos…
– Primero quiero hablar contigo -le interrumpió Elinor, acercándose y mirándolo fija y seriamente-. ¡No tienes derecho a llevarte a Sami de la guardería sin mi permiso!
– Soy su padre -le recordó Jasim-. He hecho lo que he creído mejor para él. Estaba disgustado y no lo estaban atendiendo bien. Por eso me lo he llevado -le explicó.
– No tenías derecho -insistió Elinor-. ¿Tienes idea de cómo me he sentido cuando me he enterado de que te lo habías llevado'? Creía que te lo habías llevado a Quaram y que no lo iba a volver a ver.
– Tienes suerte de que no todos seamos como tú -contestó Jasim-. Nunca os haría una cosa así. Ni a ti ni a Sami.
– Tendrías que haberme dicho algo -protestó.
– Te he llamado por teléfono.
Elinor se sacó el móvil del bolso y vio que, efectivamente, tenía dos llamadas perdidas. Aquello hizo que se apaciguara. Por lo menos, había intentado ponerse en contacto con ella.
– ¿Y por qué iba a tener que contar con tu permiso para llevarme a mi hijo? ¿Acaso tenías tú mi permiso cuando te fuiste? -le recriminó Jasim.
– Eso fue diferente -se defendió Elinor-. Tenía mis razones para hacer lo que hice.
– De eso nada -insistió Jasim-. La única razón de peso para que me hubieras privado de mis derechos paternos habría sido que yo hubiera sido un maltratador o algo por el estilo, pero ése no fue el caso. Cuando te fuiste y me abandonaste el día de nuestra boda sólo estabas pensando en ti y en cómo te sentías tú. Estoy seguro de que no te paraste a pensar cómo afectaría tu decisión a mí o a nuestro hijo.
Elinor comprendió consternada que tenía razón y tuvo que apoyarse en la mesa. Aun así, lo odiaba, lo odiaba porque siempre que estaba en su presencia se sentía humillada. Se había enamorado perdidamente de él cuando se habían conocido, le había entregado su virginidad a las pocas horas y aquello le daba vergüenza. Y siempre que estaba con él lo recordaba y se sentía fatal.
– ¿Qué querías que hiciera después de oír lo que te decía Yaminah? ¿Qué se suponía que tenía que hacer, tragarme mi orgullo después de cómo te habías aprovechado de mí, y ponerme a pensar si serías o no un buen padre?