Divorcio roto
- Автор: Данлоп Барбара
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Divorcio roto». Краткое содержание книги:
El millonario Daniel Elliott seguía haciendo que su ex mujer, Amanda, siguiera sintiendo la atracción que había desatado sus pasiones y los había obligado a casarse en el pasado, cuando ella se había quedado embarazada. Habían acabado por separarse después de las constantes intervenciones de la poderosa familia de Daniel, pero entre ellos seguía habiendo mucho deseo… tanto, que después de un encuentro casual acabaron en la cama. ¿Podrían mantener tan frágil unión en contra de los deseos de la rica dinastía Elliott?
– ¿Te importa lo que él piense? -preguntó Karen.
Era una buena pregunta. A Amanda no debería importarle. No quería resultarle atractiva a Daniel. Sólo quería que saliera de su vida.
Sin embargo, el beso, las flores, los recuerdos… Estaba ocurriendo algo, y no sabía cómo detenerlo.
– ¿Papá? -Cullen le dio un golpe a Daniel por debajo de la mesa y le pasó una hoja de papel.
Daniel volvió a la realidad y a los rostros expectantes del equipo directivo de EPH. Había estado preguntándose si a Amanda le habrían gustado las rosas. Miró la hoja que le había pasado Cullen.
Di: Cullen tiene esas cifras.
Daniel alzó la cabeza y se recostó en la silla.
– Cullen tiene esas cifras -dijo. La atención de todos se centró de inmediato en Cullen.
– Los datos para español y alemán son prometedores -dijo Cullen-. Los de francés mínimos y los costes de traducción descalifican la viabilidad en Japón.
Las agencias de traducción. Daniel comprendió de qué estaban hablando.
– Nosotros tenemos casi los mismos resultados para Pulse -afirmó Michael, el hermano de Daniel-. Me gustaría considerar lo del francés, calcular los costes de envío a Québec podría aumentar los márgenes. Pero, sin duda, Japón implicaría pérdidas.
– Charisma está lista para cualquier mercado -dijo Finola, la hermana de Daniel.
– Eso es porque se centra en la imagen -dijo Michael-. Podríais venderla incluso sin traducción.
– Aun así -apuntó Finola-, es parte del grupo.
– ¿Qué dices tú, Shane? -preguntó Michael.
La atención se desplazó al hermano mellizo de Finola. Daniel sabía que todos se preguntaban si Shane hablaría desde la perspectiva de su revista o apoyaría a su hermana melliza.
– Mi revista podría tomar cualquiera de los dos rumbos.
– ¿Por qué no dejamos lo de Japón por hoy? -sugirió Cullen.
– ¿De qué serviría? -preguntó Cade McMann, el editor ejecutivo de Charisma-. Nada va a cambiar.
– Podríamos iniciar un prototipo de dos agencias de traducción -sugirió Cullen-. Español y alemán, es difícil que tengamos pérdidas con ellas, y puede que sirvan para resolver algunas dudas pendientes.
Todos consideraron la idea en silencio.
– No creo que nadie quiera pérdidas innecesarias este año, ¿verdad?
Se oyeron murmullos de asentimiento.
– Puedo planteárselo a papá -ofreció Michael.
– A mí me parece bien -aceptó Daniel, orgulloso del compromiso de su hijo.
– Entonces, hecho -Shane dio una palmada en la mesa-. ¿Cerramos la sesión? Tengo una comida de negocios.
Todos empezaron a recoger sus papeles y a levantarse de la mesa.
Daniel recordó la sonrisa de Amanda y deseó que le hubieran gustado las rosas. Tal vez debería llamarla, para comprobar que las había recibido.
– Ahí acaba nuestra ventaja internacional -le dijo Cade a Finola.
– Sabía que rechazarían Japón -contestó ella.
– ¿Has pensado en lo que dije de Jessie Clayton?
– ¿Mi ayudante en prácticas?
– Sí.
– No tengo opinión al respecto. Apenas la he visto. Casi se diría que intenta evitarme.
– Pero, ¿por qué?
– ¿Quién sabe? Igual le doy miedo -rió Finola.
– No me fío de ella.
– Entonces, investígala.
– Puede que lo haga -la voz de Cade se apagó mientras iban hacia la salida.
– ¿Tienes un minuto, papá? -preguntó Cullen, cuando Daniel empezaba a levantarse.
– Claro -Daniel se sentó de nuevo.
La puerta se cerró y se quedaron solos. Cullen giró en su silla y se recostó.
– Dime, ¿qué está ocurriendo?
– ¿A qué te refieres?
– A que he tenido que salvarte el culo tres veces en esa reunión -Cullen movió la cabeza-. ¿Por qué estás tan distraído?
– Tú no has…
Cullen dio un golpecito en la nota que le había pasado.
– Estaba un poco distraído.
– ¿Un poco?
– Pensaba en…
– En mamá.
– En los negocios.
– Sí, sí. Fue el potencial del mercado francés lo que hizo que te chispearan los ojos.
– No me chispeaban.
Cullen clavó la mirada en su padre, adquiriendo la apariencia de un ejecutivo serio y exigente.
– ¿Qué estás haciendo papá?
– ¿Sobre qué?
– Ayer fuiste a ver un juicio suyo.
– ¿Y? Quiero que cambie de profesión. Lo sabes.
– Papá, papá, papá -Cullen sonrió con ironía.
– ¿Qué, qué, qué?
– Admítelo.
– ¿Qué tengo que admitir?
– Te interesa mamá.
– ¿Qué? -Daniel casi se atragantó.
– Esto no tiene nada que ver con su trabajo.
Daniel no contestó. Se echó hacia atrás y miró a su hijo con incredulidad. Cullen no sabía lo del beso. No podía saberlo. La red de cotilleo de los Elliott no podía ser tan potente.
– Papá, he hablado con…
– ¿Con quién?
– Con Bryan. A los dos nos parece buena idea.
– ¿Os parece buena idea? -por lo visto les gustaba que Amanda y él se besaran.
– Que mamá y tú volváis a juntaros.
– ¡Eh! -Daniel alzó las dos manos.
– Puede que te cueste mucho convencerla…
– Vuestra confianza en mí me halaga.
– Pero creemos que merecería la pena.
– Ah, ¿sí?
– Desde luego.
Daniel se inclinó hacia delante y miró a su hijo con fijeza. No sabía qué estaba ocurriendo entre Amanda y él, pero no necesitaba un grupo de apoyo.
– Olvidaos de eso -ordenó con tensión.
– Pero, papá…
– Lo digo en serio, Cullen.
– Me da igual. Ya es hora de que dejes la excusa del derecho corporativo.
– En absoluto -Daniel no iba a rendirse.
– Es un truco. Simplemente, sal con ella.
– Ella no…
– Envíale flores, o algo.
– Ya lo he… -Daniel cerró la boca.
– ¿Ya qué?
– Esta reunión se ha terminado -Daniel se puso en pie y recogió sus papeles.
– ¿Ya qué? -Cullen se levantó también.
– Eres un jovencito punk y descarado.
– Ya hace tiempo que no tiene novio.
– ¿Qué quieres decir con «hace tiempo»? -la idea de que Amanda saliera con alguien le hirió como un dardo en el corazón. Igual que cuando Taylor había flirteado con ella.
– Roberto no se qué, le pidió matrimonio las navidades pasadas.
– ¿Matrimonio?
– Lo rechazó. Tú tendrías más posibilidades.
Alguien se había declarado a Amanda. Otro hombre se había declarado a su esposa.
Daniel se quedó sin aire. Podría haber aceptado. Podría estar casada, fuera de su alcance. Y él no habría tenido la oportunidad de…
¿De qué? No sabía en qué estaba pensando.
– Sácala por ahí. Haz que se sienta especial.
Daniel miró a su hijo.
– Le gusta la langosta -ofreció Cullen.
Hoffman servía una langosta fantástica. También Angélico. Daniel se imaginó a Amanda sentada frente a él en un restaurante suavemente iluminado.
Le gustó la imagen. Mucho.
Daniel comprendió que su hijo tenía razón. Y eso implicaba problemas. Quería salir con su ex esposa.
Capítulo Siete
Daniel había tenido cientos de citas, quizá mil. Sabía que las impresiones eran importantes y que debía concentrarse en los detalles. Antes que nada necesitaba un calígrafo y una rosa blanca.
Había una pequeña imprenta en Washington Square que prepararía una invitación elegante rápidamente. Pediría a su chófer que se la llevara a Amanda esa tarde.
Se recostó en la silla y llamó a Nancy, su asistente.
Tuvo su respuesta dos horas después.
En un correo electrónico de Amanda.