Esclavos de la oscuridad
- Автор: Гранже Жан-Кристоф
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
Me acerco. Los motivos tienen reminiscencias de los de Lascaux o los de Cosquer. El niño utilizó rotuladores a los que les aplastó las puntas. Rojos, ocres, algunos negros. Los colores de los primeros artistas de la historia del hombre.
El fresco repite siempre la misma escena. Una silueta, dibujada con algunos trazos, una especie de Y. Una criatura. A su lado, otra figura, echada. El padre. Encima, una cúpula erizada de estalactitas. Las imágenes repiten siempre la misma escena: el niño, el padre, la bóveda.
El único elemento que cambia es la forma de las estalactitas que, poco a poco, se alargan, se distorsionan, se transforman en zarpas. En las últimas variantes, las garras de piedra forman un rostro: los rasgos de un anciano, acentuados con blanco y rojo. De modo que, incluso antes de hundirse en el coma, Luc ya había visto que el Príncipe de las Tinieblas venía a llevárselo.
Una voz detrás de mí.
– Es aquí donde nos encontró la muerte, a mi padre y a mí.
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Me vuelvo. Luc está ahí, vestido con un mono azul de espeleólogo. El mismo que llevaba su padre en el exultante retrato de su escritorio. Sentado en el suelo, rodeado por las lámparas. No va armado. Nuestro combate se sitúa más allá de las armas, de la sangre, de la violencia.
Nuestro combate es escatológico.
Los dos estamos ya muertos.
Muertos y enterrados.
– ¿Qué te parece mi fresco? -me pregunta-. ¡La pasión según san Lucas!
La voz es ambigua. Sarcástica, desesperada. Reencuentro al adolescente contradictorio de Saint-Michel-de-Sèze. Frágil y dominante, febril y desencantado.
– Espero que hayas comprendido dónde estamos. Llegará un día en el que se hablará de esta gruta como se habla del jardín milanés de san Agustín o de Claudel y Notre-Dame. El escenario de una conversión. De hecho, la antecámara del misterio. Esta cueva solo fue el preámbulo de las verdaderas tinieblas -dijo, apuntándose a la sien con el índice-. Las del coma, allí donde Él vino a buscarme.
Luc contempló el fresco unos segundos, soñador, a mis espaldas. Prosiguió:
– Para empezar, imagínate el pánico que sentía cuando bajé aquí. -Breve risa sarcástica-.Yo era claustrofóbico. Mi padre lo sabía, pero aun así, me trajo a esta sima. ¡Para que me convirtiera en un hombre! ¿Te imaginas mi angustia, mi desamparo? Me sentía fatal. Sin embargo, la verdadera prueba empezó después del derrumbe. Cuando comprendí que estaba emparedado junto al cadáver de mi padre.
Ya no había ruido. Ni del murmullo del agua ni de corrientes subterráneas. Un nuevo ecosistema, en el que reinaba un calor suave pero a la vez desagradable, una sequía extraña.
– Ven -dijo, levantándose-. Se puede acceder a la gran sala.
Sigo sus pasos, agachado bajo la bóveda. Penetramos en una enorme gruta. La sala de baile. Sobre una pasarela natural, las lámparas siguen escalonándose e iluminan el lugar. Unas columnas gigantescas surgen de las tinieblas para sostener la bóveda. Unos grupos de estalactitas descienden, simulando arañas de cristal. Las paredes son negras, estriadas, carbonosas. Tengo la sensación de admirar una catedral maldita, perfectamente apropiada para el culto de Luc.
Avanzamos por la pasarela. Más abajo, sobre los salientes rocosos, hay objetos que traicionan la presencia humana. Una tienda, un macuto, un hornillo. Todo está preparado para una expedición espeleológica. Luc debe de volver aquí de vez en cuando; al origen.
– Ponte cómodo. Desde aquí, la visu es prodigiosa.
Me siento sobre el parapeto, evitando mirar el vacío bajo mis pies.
– ¿Sientes el calor? La lignita, Mat. El aliento de la tierra. Créeme, aquí el cuerpo de mi padre no tardó mucho tiempo en pudrirse. Esas carnes hinchadas, reventadas. Nunca me abandonaron. Cuando mi lámpara se apagó, me quedé con los olores, el gas, la muerte. Extinguirme fue un alivio. Es ahí, en el fondo de la inconsciencia, donde la iniciación tuvo lugar.
– ¿Qué viste?
– Empiezas a hacerte cierta idea de lo ocurrido, ¿no?
– ¿Es lo que contaste bajo hipnosis?
– Me inspiré en mis verdaderos recuerdos, sí.
– Ese anciano, esos cabellos luminosos, ¿por qué?
– Mat, hemos llegado al final del camino y sigues sin entender nada.
– Contesta mi pregunta ¿Quién es ese anciano?
– No hay respuesta. Ante un misterio hay que inclinarse. Piensa en tu fe. ¿Serías capaz de describirla en términos racionales? ¿Serías capaz de explicarla? Y sin embargo, nunca has dudado de la existencia de Dios.
– ¿Y el Juramento del Limbo?
Luc sonrió.
– Intraducible. Ni en palabras ni en ideas. Sin duda, tú imaginas un pacto, un trato, todas esas gilipolleces estilo Fausto. Pero el Juramento del Limbo es una experiencia que no se puede describir. Un poder que te colma hasta el punto de convertirse en tu único impulso vital. Cuando Satán me salvó, no salvó al que yo era. Dio origen a un nuevo ser.
Opté por la ironía.
– ¿De modo que no eres más que otro Sin Luz?
– Soy mucho más que eso y tú lo sabes. Un mensajero. Un emisario. Penetro en las conciencias y difundo Su palabra. Creo mis propios posesos. ¡Organizo mi legión!
Las preguntas pugnan por salir de mis labios. Necesito conocer toda la historia. Pero es Luc quien pregunta, en tono divertido:
– ¿Te acuerdas de Kurzef?
– ¿Nuestro profe de historia?
– Decía: «Se libran las primeras batallas por la patria o por la libertad. Las últimas por la leyenda». Es nuestra última batalla, Mat. La de nuestra leyenda negra. Cuando sepas la verdad, comprenderás que eres mi creación. Soy tu única razón de existir.
– Cuéntamelo todo. Y deja que juzgue por mí mismo.
En tono distante, casi ausente, relata su odisea.
Abril de 1978
Cuando el niño despierta del coma, Moritz Beltreïn está junto a él, conmocionado. Luc, de once años de edad, devuelto a la vida después de una muerte clínica; es su victoria. Su vacuna contra la rabia, su penicilina, su triterapia. La hazaña que quedará escrita en los manuales de historia de la medicina.
Durante dos años, Beltreïn aloja a Luc en su casa de Lausana, mientras paga una pensión a su madre alcohólica. Lo inscribe en la escuela, lo alimenta, lo educa. Pero, sobre todo, lo interroga.
Quiere saber lo que el niño ha visto en la otra orilla.
Desde hace años, Beltreïn esconde su juego. Soltero, sin vida privada ni otra pasión que su carrera, pasa por ser el sabio perfecto, entregado a su trabajo. En realidad es un maníaco, un pervertido obsesionado con el mal y su trascendencia. Cree que la experiencia del coma es una camera oscura donde se revelan imágenes que vienen de otro mundo, tanto positivo como negativo. Beltreïn está obsesionado por la vertiente negra del más allá. Quiere descubrir las fuerzas del mal en la conciencia humana. Quiere ser un pionero en las tierras de Satán.
Pero Luc no se acuerda de nada. En cambio, sus actos hablan por él. Torturas de animales. Sexualidad mórbida. Gusto por la soledad. Luc es un asesino en potencia. Un absceso a punto de reventar. Beltreïn sigue esa transformación con avidez y la alimenta, es la sombra proyectada desde las tinieblas, la fuerza oscura que regresa a la tierra para darle información.
Por fin, un día, Luc recuerda. El túnel. La luz roja. La escarcha abrasadora. El anciano albino. Beltreïn toma notas. Filma al crío. Lo estudia, escudriñándolo a fondo.
Luc es su cobaya.
Pero también su narrador, su navegante, su Homero.