Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
Asunción celebró la festividad con más espíritu eclesiástico. A media tarde se dirigió personalmente al Palacio Episcopal, donde la esperaba el señor obispo. El objeto de la visita era entregarle a éste las llamadas Huchas del Granito de Trigo, que los alumnos del Grupo Escolar San Narciso habían llenado desde el inicio del curso. Tratábase de una idea de la Directora de dicho Grupo, puesta en práctica aquel trimestre: los alumnos, cada sábado, habían ido vertiendo en la hucha correspondiente un granito de trigo por cada buena acción que hubiesen realizado durante la semana. Las huchas, por descontado, habían quedado repletas, al tope, y su destino -el destino del trigo en ellas recogido- era que las monjas de clausura lo convirtieran en hostias, hostias que se reservarían para los misacantanos. Cuando el doctor Gregorio Lascasas recibió de manos de Asunción la sorprendente y virginal ofrenda, le dijo a la muchacha: "No creo que nada pueda gustarle tanto al Niño-Dios como estas huchas que acaba usted de entregarme. Muchas veces me pregunto si no será usted, verdaderamente, una elegida del Señor".
Navidad extraña en Gerona y en el mundo… ¿Y la lotería? La lotería, que en todas partes fue un éxito rotundo, se mostró tan caprichosa como siempre y favoreció con el gordo a Madrid; con el segundo premio a una serie de vecinos pobres del barrio de Gracia, de Barcelona; con el tercero, a unas cigarreras de Sevilla. Un guardia civil cobraría un millón de pesetas. Un ferroviario, medio millón. Matías comentó: "Eso es lo que me gusta: que la lotería favorezca a familias modestas". Eloy dijo: "Nosotros somos una familia modesta. ¿Por qué, pues, no nos ha tocado nada?".
En Gerona, sólo pedrea… Entre los favorecidos se contaban los componentes de la Gerona Jazz, gracias a un décimo que había comprado en Barcelona el batería, Fermín. Paz cobraría unas pesetillas, que distribuiría en cuatro partes. Una, para el Socorro Rojo, del que recientemente, a propuesta de Jaime, el librero, había sido nombrada cajera; otra, para comprarle un vestido a tía Conchi; un vestido… ¡y champú!; otra, para comprarle una bufanda de lana a Manuel, pues en el Museo Diocesano hacía un frío que pelaba; la última, para comprarle a Pachín tres corbatas verdes, idénticas. "¿No lleva el comisario Diéguez siempre un clavel blanco en la solapa? -le dijo Paz al futbolista-. Pues tú llevarás también siempre un distintivo: corbata verde". Pachín sonrió… Y, como siempre, echó un soplo de humo a los ojos de Gol, el gato-mascota de la muchacha.
Un hecho era indudable: el más alegre de los almuerzos de Navidad tuvo lugar en los respectivos hogares de los hermanos Costa. Los hermanos Costa, el 24 de diciembre, fueron liberados. El previsto indulto se confirmó. Salieron de la cárcel en compañía de otros muchos reclusos igualmente beneficiarios del decreto.
En el interior del Seminario la liberación de los hermanos Costa constituyó una suerte de catástrofe. Los presos que continuarían allí tuvieron la sensación de quedarse huérfanos: tal era la fuerza estimulante de los dos ex diputados de Izquierda Republicana. Pero ¿qué hacer?
Los Costa salieron a las once y media de la noche, de la Nochebuena, como sombras, cruzándose con los fieles que se dirigían a la Catedral para asistir a la misa del gallo. Y dedicaron el día de Navidad íntegramente a sus esposas, las cuales, en las semanas precedentes, habían acondicionado como era menester los respectivos hogares, sitos en el mismo inmueble, en la calle de Ciudadanos.
El almuerzo navideño se celebró en el piso más alto: a los Costa les gustaba volar.
En los brindis una palabra dominó a todas las demás: la palabra libertad. ¡Por fin libres! Libertad condicional -no podían ausentarse de Gerona-, pero libertad. ¿No era aquello hermoso? ¡Dormir en una cama de mullido colchón! ¡Bañera con agua tibia! ¡Olor a mujer! "Lo más duro de la cárcel es eso: que huele siempre a hombre… ¿Comprendéis, pequeñas?".
Al día siguiente, festividad de San Esteban, los Costa permanecieron también en casa. Por un lado anhelaban salir a la calle a respirar; pero por otro, ¡era todo tan acogedor allí dentro!: pisar una alfombra, utilizar un cenicero, encender una lámpara, ¡los espejos! Llevaban meses sin verse de cuerpo entero. En los espejos de luna se contemplaron a placer. Tuvieron la impresión de haber envejecido mucho. Y era verdad.
– Sí, no le deis más vueltas: os han salido muchas canas.
– Lo curioso es que estamos más gordos.
– Os conviene una revisión médica a fondo.
– Tal vez…
Salieron el día 27. Todo preparado para Año Nuevo y para Reyes. Escaparates deslumbrantes. Y mucho frío… Un buzón monumental en la Rambla, para que los niños echaran en él sus cartas a los Magos de Oriente.
La ciudad los reconoció. Los reconoció en seguida. Y hubo reacciones muy diversas, lo cual los asombró, pues los Costa habían soñado con unánimes demostraciones de afecto. Nada de eso. Salidos de la cárcel, mucha gente los saludaba con indiferencia. "Enhorabuena", les decían al pasar, sin detenerse a estrecharles la mano. Peor aún: abundaban las actitudes de reproche e incluso de desprecio. Los obreros 'rojos' los consideraban traidores, por sus actividades en Francia en favor de los 'nacionales'; los 'nacionales' a ultranza jamás los mirarían a la cara y estimaban que el indulto era a todas luces inmerecido.
Aquello supuso para los Costa una dura lección. Achacaron la general indiferencia "a que la gente tenía miedo". Sus esposas admitieron: "Es posible. De todos modos… ¡cuando conozcan vuestros proyectos!".
Sin embargo, era evidente que debían obrar con cautela. Nada de actos exhibicionistas, que resultarían improcedentes. Ni siquiera se atrevieron a ir al restaurante de la Barca a comer ranas. Ahora bien, había un par de visitas que no podían dejar de hacer. La primera, al cementerio, al panteón de su hermana Laura. Alquilaron un taxi y fueron allí. La lápida decía: Laura Costa. Caída por Dios y por España. Se santiguaron. La segunda visita fue para el notario Noguer. Quisieron darle las gracias por cuanto hizo por ellos a raíz del juicio. "Ya sabe usted dónde nos tiene… Cuente con nosotros". Apenas salieron, el notario Noguer le dijo a su esposa: "¿Te das cuenta? Como si de un momento a otro tuvieran que avalarme a mí…" En cuanto a visitar o no a 'La Voz de Alerta', preferían reflexionar sobre el asunto. Entre otras cosas le reprochaban a su cuñado que le hubiera guardado a Laura tan corta ausencia, que hubiera vuelto a casarse.
El día 30 salieron ya menos angustiados. Se pasearon, un poco al azar, por la ciudad. ¡Cuántos cambios! Multitud de detalles, a los que sus esposas y los gerundenses en general se habían habituado, les herían la retina. ¡Qué cantidad de letreros, de carteles, de consignas! No quedaba libre un palmo de pared… Algunas de aquellas consignas los sobrecogían. "La finalidad del Frente de Juventudes es el Imperio". "Cada niño que muere es un ciudadano que se pierde para la Patria". "¡Gerundenses! Dios te está mirando…" Y aquellos retratos a la trepa, silueteados en negro, de Franco y de José Antonio.
También les sorprendió la riada humana que entraba y salía de las iglesias. De repente, al reconocer a determinada persona con el misal debajo del brazo, los hermanos Costa se miraban: "¿Ése también…?".
Se detenían ante las librerías. Aparte de los libros infantiles, propios de aquellas fechas, gran predominio de devocionarios, de catecismos, de vidas de santos, el Kempis… Un solo libro de historia: "El general Sanjurjo, su vida y su obra", por el Caballero Audaz. ¿Dónde estaban Baroja y aquellos folletos de Gorki sobre "los milagritos" de Lourdes?