Una Extrana Herencia
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Una Extrana Herencia». Краткое содержание книги:
Pronto daría a luz al hijo del enemigo…
– Podríamos intentarlo.
¿Pero cuál era su problema? ¿Por qué seguía insistiendo? ¿Ypor qué ella se sentía furiosa y, a la vez, increíblemente triste?
– No quiero intentarlo. No contigo.
– De acuerdo. Así que no soy yo -dijo él-. Te opones al matrimonio en general.
– No es verdad. Quiero casarme. Algún día. Pero no ahora, y no contigo. Eres un hombre que da por hecho que todas las mujeres van detrás de tu dinero. No podría soportar eso.
– ¿Dices que te opondrías a un contrato prematrimonial? Proteger mis posesiones es algo razonable.
– Tienes que irte -dijo ella, apretando los dientes-. En serio, tengo que trabajar. Sé que no entiendes cómo puedo rechazar una oferta tan halagadora. Teniendo en cuenta tu visión de las mujeres, debe de haber miles de ellas dispuestas a aceptar, sobre todo después de una declaración tan romántica.
– Gastas demasiada energía -dijo él con un tono desquiciante-. Hace que me pregunte qué es lo que escondes. Casarse no es algo tan inesperado, Julie. ¿Por qué estás enfadada realmente?
Julie se puso en pie, y dijo:
– Ha sido fabuloso. Deberíamos hacerlo otra vez. Tal vez dar una fiesta y darnos regalos.
Ryan se levantó y se acercó a su lado de la mesa, le tomó la mano y la empujó hacia una esquina de la sala. Una en la que estaban fuera de la vista de cualquiera que pasara.
– No voy a dejar este asunto -dijo él, mirándola a los ojos-. Digas lo que digas, hagas lo que hagas, pienso estar ahí. Es mi hijo y mi vida también. No pienses que puedes esconderte de mí para siempre.
Entonces la besó. Allí mismo, en la oficina, frente a la mesa de conferencias vacía.
Presionó los labios contra los suyos con un movimiento erótico y posesivo. El calor fue tan instantáneo como intenso. Julie deseaba agarrarlo y no soltarlo jamás. Luchó contra su deseo para no seguir con el beso, pero, antes de que pudiera ganar o perder la batalla, él se apartó.
– Prepara los papeles del acuerdo y envíalos a mi oficina -dijo-. Te los reenviaré con un cheque.
– No estoy interesada en trabajar contigo.
– Tal vez no, pero deseas la cuenta, así que sufrirás. Y, Julie…
– ¿Sí?
– Por mucho que intentes negarlo, sé la verdad. Te gusto.
– Me encantan los bollos -dijo Marina mientras vaciaba la bolsa-. Me encanta su olor, me encanta untarlos con crema de queso, llevármelos al jardín y comerme uno mientras bebo café y leo el periódico del domingo.
Julie miró a Willow.
– Muy bien. De pronto tengo hambre. ¿Y tú?
– Me muero de hambre. Mamá no volverá hasta dentro de media hora. Podríamos picar algo.
– Hay mucho de dónde elegir.
En uno de esos inesperados giros del destino, Julie había terminado su trabajo el viernes y no había tenido que volver a la oficina el sábado por la mañana. Sin nada que hacer, había decidido pasear por el mercadillo. Había comprado fruta y verdura, junto con una docena de bollos que había compartido con sus hermanas.
Marina sacó los tres bollos que pensaba llevarse a casa y los puso en una bolsa aparte.
– ¿Cómo te sientes? -preguntó.
– Bien.
– No es que necesite saberlo -continuó su hermana como si Julie no hubiera hablado-. Estoy acostumbrada a que no me cuentes las cosas.
– Te invité a venir con Willow y conmigo la semana pasada, pero tenías esa clase de Microbiología.
– Química Inorgánica, pero gracias por interesarte.
– Marina, vamos. Te lo dije en cuanto llegaste a casa.
– Sí, lo hiciste. Así que todavía te quiero.
– Genial. Otra relación condicional. ¿Qué pasó con eso del amor incondicional para siempre?
– Lo echamos al cubo del reciclaje -dijo Willow-. Es demasiado tarde para recuperarlo. Ya lo han recogido -echó los arándanos, que habían costado una fortuna, en un cuenco- ¿Queréis?
– Gracias -dijo Julie, agarrando un puñado mientras se sentaba en un taburete junto a la encimera.
– ¿Qué sucede? -preguntó Marina- Pareces… no sé. No pareces tú.
– Estoy bien. Más o menos.
– Eso no suena bien -dijo Willow- ¿Estás enferma? ¿Demasiadas nauseas?
– No. Eso está bien. Es sólo que… -Julie no había decidido si mencionar la propuesta de Ryan o no, pero de pronto no podía callárselo-. Vino a verme ayer.
– ¿Ryan? -preguntó Marina.
Julie asintió.
– Concertó una cita. Me está ofreciendo ocuparme de las relaciones de su empresa con China, y no me gusta. Uno de los socios de mi bufete se reunió con él y ahora sólo ve símbolos del dólar.
– Eso suena bien -dijo Willow-. ¿Cuál es el problema?
– No confío en él. ¿Y si está con otro de sus juegos retorcidos? ¿Y si lo ha organizado todo y luego desaparece? Yo quedaría como una estúpida delante de todos. No sería bueno para mi carrera.
Marina y Willow se miraron y luego la miraron a ella.
– Eh, no te tomes esto a mal -dijo Willow-. ¿Pero por qué iba a hacer eso? ¿Qué tiene que ganar?
– No sé. Sólo fastidiarme. No olvides que era el hombre empeñado en darme una lección, incluso sin conocerme ni saber nada sobre mí.
– Eso estuvo mal -dijo Marina-. Pero esto es totalmente diferente. Julie, no creo que quiera hacerle daño a tu carrera. Vais a tener un hijo juntos. ¿Por qué querría hacerle daño a la madre de su hijo?
– Para obtener el control. Eso es lo único que le importa.
Julie sabía que no sonaba racional, pero no lograba controlar sus emociones.
– Es sólo que… -tragó saliva y trató de contener las lagrimas-. De acuerdo, soy débil. Ya está, ésa es la verdad. Sé que no debo esperar de un hombre que sea decente. Sé que no debo esperar que nadie sea sincero y cariñoso. Sé que no debería dejar sitio a los sueños románticos, y lo intento. De verdad que lo intento. Pero entonces, cuando menos lo espero, reaparecen y tengo esperanza, pero entonces la esperanza desaparece y quiero abofetearme por ser tan estúpida.
– Te quiero como hermana -dijo Willow- ¿Pero de qué diablos estás hablando?
– Me pidió que me casara con él.
– Muy bien -dijo Marina, sentándose en el taburete junto ajulie- Empieza por el principio y habla despacio.
– Tienes toda nuestra atención -dijo Willow, dejando a un lado los arándanos-. Te lo prometo.
– No hay mucho que contar -dijo Julie con un suspiro-. Vino ayer a la oficina.
Les explicó lo que Ryan le había contado sobre sus empresas.
– Pero, de pronto, estábamos hablando de cosas personales, de cómo Todd y él habían crecido juntos y de cómo las mujeres deseaban sólo su dinero.
– Podría ocurrir -dijo Marina.
– Pobres niños ricos -murmuró Willow sarcástocamente.
– Eso es lo que le dije. En cualquier caso, estábamos hablando de eso y de pronto me dijo que debíamos casarnos. Que era lo mejor para el bebé. Yo no me lo tomé bien.
– ¿Por qué? -preguntó Willow.
– Porque… me provocó. Uno no se declara de esc modo. Está mal. Apenas nos conocemos. No confio en él y, a juzgar por cómo me trató, él tampoco confía en mí. No es precisamente la base para un matrimonio sólido. Me enfadé.
– Lo entiendo -dijo Willow-. Violó esos sueños secretos que se supone que no has de tener. No fue romántico ni perfecto, y no te quiere.
– Me niego a tener un lado débil -dijo Julie-. Soy dura.
– Eres humana -dijo Willow.
– Pero sí fue romántico -dijo Marina.
– Ya empezamos -dijo Julie.
– Es cierto -insistió su hermana pequeña-. Te casas porque tienes que hacerlo, pero luego te enamoras perdidamente. Es fabuloso.
– Está loca -murmuró Julie.
– Al menos estaba dispuesto a hacer lo correcto -dijo Willow-. Sé que se equivocó en la cita, mintiéndote así. Pero no lo culpo totalmente. Realmente es culpa de Todd Aston. Es él quien no tuvo agallas para presentarse y hablar contigo.