Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Tratado De Culinaria Para Mujeres Tristes - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tratado De Culinaria Para Mujeres Tristes

Электронная книга - «Tratado De Culinaria Para Mujeres Tristes». Краткое содержание книги:

Tratado de culinaria para mujeres tristes: Los apetitos de la imaginación.
1 ... 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
Перейти на страницу:

Para hacer el café lo mejor es molerlo en el momento y que sea un café de granos sanos, enteros, muchos de ellos cogidos en sombrío de montaña, y ojalá que el sombrío haya sido de cacao, de guamos y madroños. Te digo lo ideal y no lo indispensable. Lo indispensable sí es molerlo poco antes, y usar alguna máquina que haga pasar el agua casi hirviendo, y lenta, por el café pulverizado. Los italianos han hallado buenos métodos para hacer esto bien, aunque también los turcos con su jarrito de boca puntiaguda y los nórdicos con su jarra que filtra con un émbolo. Todos son buenos métodos para hacer el café.

Tómatelo despacio, abre los ojos, aviva los sentidos. Con el café la vida se hace transparente. Ni bebas ni examines el poso del café. Si lo miras te da cáncer de cerebro, si lo tomas, tumores al estómago.

El nombre más hermoso y clásico de la manzana lo recibe una fruta con sabor de rosa. Es rara, escasa, aromática. Nadie la cultiva, crece por ahí, en árboles gigantes que dan sombra a otros sembrados. Su corteza es lisa y circular, con dos pepas adentro. Es casi seca, con una leve humedad de pétalo. Aquí se llama poma. Parece un pomo para abrir un cajón repleto de secretos. Parece una bola de perfume, parece una mejilla de doncella tierna.

Si comes pomas al caer la tarde, besarás por la noche en perfecta armonía con la otra boca. Si comes pomas en la madrugada, revivirás los besos perfectos de la noche. Come pomas para aprender a besar, come pomas que te besen.

Y el secreto del beso, ¿cuál será? A veces nos parece que el otro no se entrega. Enuncia una frontera con sus dientes, asoma dudas en sus labios tiesos y la ventosa no funciona, como si el alma, es decir el aliento, se negara a entregarse. En cambio hay otros en que las bocas casan perfectamente, corno una ficha de rompecabezas con su correspondiente. Eso es: a veces otras bocas no empatan con las nuestras, no hay empatía, no se encuentran. Hasta no dar un beso profundo y prolongado no sabrás si el que te gusta te gusta hasta la muerte.

A ese insolente que te busca sin darse cuenta de que tú no quieres; a ése que te apoya el muslo en la rodilla y te pone la mano sin gracia y sin efecto o con efectos repelentes en tu cuerpo; a ése más fastidioso que mosquito al conciliar el sueño, más molesto que guijarro en el zapato, importuno como barro en la nariz, como piquiña en mala hora y peor parte, nauseabundo como hediondez al momento del almuerzo, como un pelo en la sopa, como araña que camina en la nata de la leche, a ese empalagoso como miel con panela y mermelada, aborrecido como ave de mal agüero, a ese bostezo humano, a ese salivoso, te diré como sacártelo de encima.

Prepara este potaje: dos onzas de estricnina, seis gramos de cicuta, una pizca de arsénico y tres cucharaditas de sales de mercurio, todo bien mezcladito con azul de metileno. Ya lo sé, eres muy educada y el boticario no querrá despacharte la receta. Por los dos motivos, aquel impertinente del que hablamos volverá a la carga con sus majaderías y manitas.

Puedes dejar a un lado tus modales, por un instante, pegarle un grito inmenso que lo envíe a esa infinita e infranqueable distancia designada por la palabra porra. Pero mejor aun, sin perder las maneras, usar una receta -horrible- para echarlo, un plato que bocado tras bocado vaya haciendo estragos en lengua y paladar, y produzca catástrofes en el esófago y en la barriga.

Haz una mayonesa con huevos no podridos ni muy frescos más el aceite rancio que usaste para freír pescado. Mucha, muchísima mayonesa. Pon mientras tanto a cocinar un puñado abundante de tallarines y déjalos hervir tres veces el tiempo que recomiendan en la caja. Licua los frisoles que sobraron del almuerzo del miércoles, con trocitos de hígado de buey y un tanto de pezuña. Saca los tallarines blancuzcos y babosos, ponles la mayonesa y los frisoles y desmenúzales un poco del quesito que sobro del otro día.

Niega que tengas hambre y sírvele la mezcla mas bien fría, casi tirando a tibia. No vayas a probar este menjurje. Mira más bien como se van nublando los ojos del impertinente. Elogiará, por zalamero, tu plato. Pedirá incluso un bis. Se tomará dos vasos de agua tibia (ponla así en la mesa, templada en la cocina). En un momento dado preguntará por los servicios. Poco después recordará un olvido, algo urgente, y ganará la puerta. Tanto como tu plato serás inolvidable. Pero no volverá. Al fin, no volverá, te lo habrás sacado para siempre de encima.

Si llegara a volver, no sólo es de espíritu odioso, sino de estómago de piedra, cianuro o estricnina (imaginarios).

¿Rezar? Pues sí, no tiene nada de malo, y mejor que lo hagas en latín, la lengua que dominan nuestros santos. ¿Que nada sabes ya en la lengua de Ovidio y de Lucrecio? ¿Que ni una frase sabes de las oraciones que dictó a san Ambrosio el santo espíritu? Mala cosa. Yo he de decirte entonces plegarias milagrosas, jaculatorias suaves que endulzan el oído del más altivo, del más esquivo santo. Escucha por ejemplo este pausado himno (e infalible) de los siete dolores:

Eheu! sputa, alupae, verbera, vulneraClavi, fel, aloe, spongia, lancea,Sitis, spina, cruor, quam varia piumCor pressere tyrannide.Cunctis interea stat generosiorVirgo martyribus: prodigio novo,In tantis moriens non moreris ParensDirs fixa doloribus.

¿Que no me entiendes nada? Pues bien, te lo traduzco, o dejo que lo haga un célebre poeta, al idioma vernáculo que hablas:

¡Cuán tiránicamente te oprimieronEl corazón los golpes incontablesLa sed, la lanza, la hiel, las heridas,Los clavos, las espinas y la sangre!Pero tú resististe aquellas penasCon mayor heroísmo que los mártiresY fue milagro que sobrevivierasPor ser mortales sufrimientos tales.

Ya ves qué fácil es, mujer incrédula. Si crees, si confías, si te rindes a la serena virtud de las palabras, los más duros tormentos los soportas. En caso de emergencia, te doy este secreto:

Y ya que la salud es vuestra esclavaY que la enfermedad os obedece,Sanad del lodo nuestras almas lánguidasY haced que en ellas la virtud aumente.

¡Oh, no! No te estoy recetando beatería. Pero decir palabras en voz baja, recitar un rosario sin prisas ni fastidio, sentarse a meditar pensando en nada, ser capaz de vaciar el tiempo de toda ocupación y dejarlo transcurrir tranquilamente, lleno tan solo de palabras que vagamente entiendes, es antigua receta que por siglos y siglos ha venido sirviendo a tus hermanas en goce y en suplicio. Pruébala tú también, que no hace daño.

La rutina no es, como piensan algunos superficiales y mendaces, lo que hace la vida insoportable. Es más bien lo contrario: tantos actos de la vida son tan insoportables que si no los volviéramos rutina, harían que la vida fuera insoportable. Dice un amigo sin nombre: “La única manera que tiene el hombre de soportar la vida, es haciéndola rutina.”

1 ... 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)