Dune [es]
- Автор: Херберт Фрэнк
- Серия: dune (es) #1
- Год: 1975
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-181-8
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Dune [es]». Краткое содержание книги:
—¿Pero cómo puedo estar seguro de que aquella comadreja de mi sobrino no…?
—Tenemos aún a nuestros espías en Arrakis. Decidle a Rabban que debe respetar su cuota de especia, o que será reemplazado.
—Conozco a mi sobrino —dijo el Barón—. Esto sólo conducirá a que oprima a la población un poco más.
—¡Por supuesto que lo hará! —restalló Hawat—. ¡No podéis dejar que se detenga ahora! Vos queréis tan sólo una cosa: las manos limpias. Dejad que sea Rabban quien construya por vos vuestro Salusa Secundus. Ni siquiera es necesario mandarle prisioneros. Tiene a su disposición toda la población que necesita. Si Rabban exprime a su gente para mantener la cuota de especia, el Emperador no tendrá razón alguna para sospechar otros motivos. Esta razón es suficiente para poner el planeta en el potro. Y en cuanto a vos, Barón, ni una palabra, ni una acción que pueda desmentir esta evidencia.
El Barón no consiguió borrar totalmente una nota de admiración en su voz:
—Ah, Hawat, eres realmente tortuoso. ¿Pero cómo podremos penetrar en Arrakis y usar lo que Rabban nos está preparando?
—Es lo más simple de todo, Barón. Si vos aumentáis cada año la cuota con respecto al precedente, las cosas alcanzarán muy pronto su límite. La producción se precipitará en picado. Podréis entonces desautorizar a Rabban y ocupar vos mismo su puesto… para remediar el desastre.
—Parece realizable —dijo el Barón—. Pero estoy cansado de todo esto. Estoy preparando a otro que se ocupará de Arrakis en mi lugar.
Hawat estudió el grasiento rostro redondo que tenía ante él. Suavemente, el viejo soldado espía empezó a asentir con la cabeza.
—Feyd-Rautha —dijo—. Así que este es ahora el verdadero motivo de la opresión. Vos también sois tortuoso, Barón. Quizá podamos mezclar los dos planes. Sí. Vuestro Feyd-Rautha puede presentarse como el salvador de Arrakis. Puede ganarse a la población. Sí.
El Barón sonrió. Y tras su sonrisa, se preguntó: ¿Y hasta qué punto esto coincide con el plan personal de Hawat?
Y Hawat, viendo que la entrevista había terminado, se levantó y abandonó la estancia de paredes rojas. Mientras se alejaba, no conseguía olvidar las inquietantes incógnitas que parecían surgir de todas partes en todas sus especulaciones sobre Arrakis. Su nuevo jefe religioso, que Gurney Halleck había detectado desde su escondrijo entre los contrabandistas, aquel Muad’Dib.
Quizá no tenía que haberle dicho al Barón que dejara florecer esta religión entre las gentes de los pan y de los graben, se dijo. Pero es bien sabido que la represión favorece el florecimiento de las religiones.
Y pensó en los informes de Halleck acerca de las tácticas de combate Fremen. Tácticas que llevaban la marca del propio Halleck… e Idaho… e incluso de Hawat.
¿Habrá sobrevivido Idaho?, se preguntó.
Pero era una pregunta fútil. Ni siquiera se había preguntado si era posible que Paul hubiera sobrevivido. Sabía que el Barón estaba convencido de que todos los Atreides habían muerto. La bruja Bene Gesserit había sido su arma, el Barón lo había admitido. Y esto tan sólo podía significar que todos estaban muertos… incluido el hijo de aquella mujer.
Qué venenoso odio debía sentir hacia los Atreides, pensó. Parecido al odio que yo siento por este Barón. ¿Conseguiré que mi golpe final sea tan definitivo como el suyo?
CAPÍTULO XL
Hay en todas las cosas un ritmo que es parte de nuestro universo. Hay simetría, elegancia y gracia… esas cualidades a las que se acoge el verdadero artista. Uno puede encontrar este ritmo en la sucesión de las estaciones, en la forma en que la arena modela una cresta, en las ramas de un arbusto creosota o en el diseño de sus hojas. Intentamos copiar este ritmo en nuestras vidas y en nuestra sociedad, buscando la medida y la cadencia que reconfortan. Y sin embargo, es posible ver un peligro en el descubrimiento de la perfección última. Está claro que el último esquema contiene en si mismo su propia fijeza. En esta perfección, todo conduce hacia la muerte.