Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La tierra convulsa». Краткое содержание книги:

Ambicioso fresco sobre la historia reciente del País Vasco, saga y la vez retrato de un microcosmos realista y mágico que es el pueblo de Getxo, Verdes valles, colinas rojas es la gran novela sobre la colisión entre un mundo que cambia y un pueblo que se resiste a todo cambio. La historia arranca a finales del siglo XIX con el enfrentamiento entre Cristina Onaindia, aristócrata casada con el rico industrial Camilo Baskardo, y Ella, una ambiciosa y astuta criada sin nombre que pone en peligro todos los valores tradicionales cuando anuncia que espera un hijo ilegítimo. Esa rivalidad prolongada durante décadas y que marca la historia de Getxo es comentada por dos figuras protagonistas: don Manuel, anciano maestro, y Asier Altube, su discípulo predilecto, que rememoran los meandros y ramificaciones de otras muchas historias derivadas de éstas, como la de Roque Altube, primogénito de un caserío enamorado de una agitadora socialista, o la de los niños Baskardo, que vivirán en su propia piel la locura aranista de la madre. Ramiro Pinilla domina como pocos la acción y los diálogos, y logra integrar, desde una perspectiva a la vez épica y lírica, la historia y los mitos de una región.
1 ... 119 120 121 122 123 124 125 126 127 ... 244
Перейти на страницу:

Y ocurrió que, en uno de aquellos días, Ermo no pudo acudir a la cita por hallarse con cólico. Viendo a los hombres apostados en el altar, mustios y silenciosos, el clérigo de misa se puso frente a ellos, obedeciendo a lo que después calificaría de inspiración divina. Uno y otros permanecieron, frente afrente, mirándose largo rato, y entonces el clérigo de misa recordó que llevaba encima una pequeña bota llena de txakolí, y la sacó de su faltriquera y llenó los cuencos que, desde hacía un siglo, nunca faltaban sobre el Mostrador; los hombres de Getxo bebieron gravemente, sin dejar de mirar al clérigo de misa, y de pronto uno llamado Esne le dijo señalándole el pecho:

– Me duele aquí.

– La mala conciencia -se apresuró a vaticinar el clérigo de misa, llenándole por segunda vez el cuenco.

– No sé lo que me pasa -añadió Esne.

– Ya te digo yo lo que te pasa -dijo el clérigo de misa-. Cuéntame, hijo mío, cuéntame. Suelta tu sapo.

Se arrancó Esne con un discurso a chorro lento, y si se paraba el clérigo de misa le pedía: «Adelante, hijo mío, adelante. Suelta todo el sapo», y más txakolí al cuenco. Al cabo, Esne se había vaciado y el de negro le absolvía.

Como Ermo no acababa de llegar, el resto del grupo se fue desahogando con el clérigo de misa, bien de uno en uno, de dos en dos, e incluso de doce en doce, es decir, a coro, hablando todos a la vez, y al clérigo de misa le resultaba muy difícil recoger lo de cada uno. Observó que la confesión era más profunda a medida que en su bota descendía el nivel del txakolí. Les dio la absolución en grupo.

Al día siguiente, ya con Ermo en el Mostrador, los hombres de Getxo volvieron a él. En un extremo, solo y encogido, el clérigo de misa rumiaba, añorante, su mezquina victoria de la víspera. Después, entre quiero y no quiero, fue resbalando a lo largo del Mostrador hacia la tentadora tertulia centrada en Ermo; tomó un cuenco y bebió, como todos, y al instante se sintió uno más del grupo estruendoso. Hasta entonces, siempre había defendido a su dios con palabra mesurada; a lo más, con sermones apasionados; pero el hacerlo a gritos y contra adversarios que gritaban más que él y se atrevían a enfrentar a simples hombres -a unos tales Etxe y Larreko- contra Dios, y, lo que era más increíble, a apostar por esos miserables mortales contra Dios, sonaba a reto herético por demás excitante. Se sumergió en la discusión hasta el agotamiento, él y el de Murua contra todos, y apostando con los bienes del Murua, porque él no los tenía. Luego, el exceso de txakolí trincado trajo la segunda fase, la de las tartamudeantes confidencias a media voz, y aquí sí que se sintió más en su terreno el clérigo de misa, atreviéndose a soñar que la confesión cristiana había conquistado la tertulia; para que la ilusión fuese más real, se pegó, codo con codo, a Ermo, y así las palabras dolientes de los solitarios desamparados parecían llover sobre ambos por igual, y si el clérigo de misa cerraba los ojos podía imaginarse el único confesor. Antes de la desbandada, procedió a una absolución general.

La confraternidad recién nacida -o, más bien, el babel reinante en la tertulia- hizo que sólo una semana después tres hombres de Getxo pidieran al clérigo de misa confesión.

1 ... 119 120 121 122 123 124 125 126 127 ... 244
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)