Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
FUENTEOVEJUNA - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

FUENTEOVEJUNA

Электронная книга - «FUENTEOVEJUNA». Краткое содержание книги:

FUENTEOVEJUNA
1 ... 8 9 10 11 12 13 14 15 16 ... 18
Перейти на страницу:

se descomponga con vos

un hombre, en efecto, amante;

porque si vos pretendéis

su propia mujer quitarle,

¿qué mucho que la defienda?

COMENDADOR: Majadero sois, alcalde.

ESTEBAN: Por vuestra virtud, señor,…

COMENDADOR: Nunca yo quise quitarle

su mujer, pues no lo era.

ESTEBAN: Sí quisistes… Y esto baste;

que reyes hay en Castilla,

que nuevas órdenes hacen,

con que desórdenes quitan.

Y harán mal, cuando descansen

de las guerras, en sufrir

en sus villas y lugares

a hombres tan poderosos

por traer cruces tan grandes;

póngasela el rey al pecho,

que para pechos reales

es esa insignia y no más.

COMENDADOR: ¡Hola!, la vara quitadle.

ESTEBAN: Tomad, señor, norabuena.

COMENDADOR: Pues con ella quiero darle

como a caballo brïoso.

ESTEBAN: Por señor os sufro. Dadme.

PASCUALA: ¿A un viejo de palos das?

LAURENCIA: Si le das porque es mi padre,

¿qué vengas en él de mí?

COMENDADOR: Llevadla, y haced que guarden

su persona diez soldados.

Vase el COMENDADOR y los suyos

ESTEBAN: Justicia del cielo baje.

Vase

PASCUALA: Volvióse en luto la boda.

Vase

BARRILDO: ¿No hay aquí un hombre que hable?

MENGO: Yo tengo ya mis azotes,

que aún se ven los cardenales

sin que un hombre vaya a Roma.

Prueben otros a enojarle.

JUAN ROJO: hablemos todos.

MENGO: Señores,

aquí todo el mundo calle.

Como ruedas de salmón

me puso los atabales.

FIN DEL ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

Salen ESTEBAN, ALONSO y BARRILDO

ESTEBAN: ¿No han venido a la junta?

BARRILDO: No han venido.

ESTEBAN: Pues más a priesa nuestro daño corre.

BARRILDO: Ya está lo más del pueblo prevenido.

ESTEBAN: Frondoso con prisiones en la torre,

y mi hija Laurencia en tanto aprieto,

si la piedad de Dios no los socorre…

Salen JUAN ROJO y el REGIDOR

JUAN ROJO: ¿De qué dais voces, cuando importa tanto

a nuestro bien, Esteban, el secreto?

ESTEBAN: Que doy tan pocas es mayor espanto.

Sale MENGO

MENGO: También vengo yo a hallarme en esta junta.

ESTEBAN: Un hombre cuyas canas baña el llanto,

labradores honrados, os pregunta,

¿qué obsequias debe hacer toda esa gente

a su patria sin honra, ya perdida?

Y si se llaman honras justamente,

¿cómo se harán, si no hay entre nosotros

hombre a quien este bárbaro no afrente?

Respondedme: ¿Hay alguno de vosotros

que no esté lastimado en honra y vida?

¿No os lamentáis los unos de los otros?

Pues si ya la tenéis todos perdida,

¿a qué aguardáis? ¿Qué desventura es ésta?

JUAN ROJO: La mayor que en el mundo fue sufrida.

Mas pues ya se publica y manifiesta

que en paz tienen los reyes a Castilla

y su venida a Córdoba se apresta,

vayan dos regidores a la villa

y echándose a sus pies pidan remedio.

BARRILDO: En tanto que Fernando, aquél que humilla

a tantos enemigos, otro medio

será mejor, pues no podrá, ocupado

hacernos bien, con tanta guerra en medio.

REGIDOR: Si mi voto de vos fuera escuchado,

desamparar la villa doy por voto.

JUAN ROJO: ¿Cómo es posible en tiempo limitado?

MENGO: A la fe, que si entiende el alboroto,

que ha de costar la junta alguna vida.

REGIDOR: Ya, todo el árbol de paciencia roto,

corre la nave de temor perdida.

La hija quitan con tan gran fiereza

a un hombre honrado, de quien es regida

la patria en que vivís, y en la cabeza

la vara quiebran tan injustamente.

¿Qué esclavo se trató con más bajeza?

JUAN ROJO: ¿Qué es lo que quieres tú que el pueblo intente?

REGIDOR: Morir, o dar la muerte a los tiranos,

pues somos muchos, y ellos poca gente.

BARRILDO: ¡Contra el señor las armas en las manos!

ESTEBAN: El rey sólo es señor después del cielo,

y no bárbaros hombres inhumanos.

Si Dios ayuda nuestro justo celo,

¿qué nos ha de costar?

MENGO: Mirad, señores,

que vais en estas cosas con recelo.

Puesto que por los simples labradores

estoy aquí que más injurias pasan,

más cuerdo represento sus temores.

JUAN ROJO: Si nuestras desventuras se compasan,

para perder las vidas, ¿qué aguardamos?

Las casas y las viñas nos abrasan,

¡tiranos son! ¡A la venganza vamos!

Sale LAURENCIA, desmelenada

LAURENCIA: Dejadme entrar, que bien puedo,

en consejo de los hombres;

que bien puede una mujer,

si no a dar voto, a dar voces.

¿Conocéisme?

ESTEBAN: ¡Santo cielo!

¿No es mi hija?

JUAN ROJO: ¿No conoces

a Laurencia?

LAURENCIA: Vengo tal,

que mi diferencia os pone

en contingencia quién soy.

ESTEBAN: ¡Hija mía!

LAURENCIA: No me nombres

tu hija.

ESTEBAN: ¿Por qué, mis ojos?

¿Por qué?

LAURENCIA: Por muchas razones,

y sean las principales:

porque dejas que me roben

tiranos sin que me vengues,

traidores sin que me cobres.

Aún no era yo de Frondoso,

para que digas que tome,

como marido, venganza;

que aquí por tu cuenta corre;

que en tanto que de las bodas

no haya llegado la noche,

del padre, y no del marido,

la obligación presupone;

que en tanto que no me entregan

una joya, aunque la compren,

no ha de correr por mi cuenta

las guardas ni los ladrones.

1 ... 8 9 10 11 12 13 14 15 16 ... 18
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)