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Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]

Электронная книга - «Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]». Краткое содержание книги:

En esta nueva entrega de «La Saga del Retorno», Shedemei y el Alma Suprema supervisan, ya en la Tierra, la evolución de los humanos descendientes de Nafai y Elemak y su interacción con las nuevas especies que habían evolucionado en el planeta. Surgen de nuevo los problemas de siempre: racismo, explotación, enfrentamientos tribales, etc. El recurso de la hibernación permite mantener la presencia de Shedemei y su poderoso manto de capitana en un papel que deviene mítico y, en cierta forma, bíblico. Pero el misterio sigue siendo al paradero del Guardián de la Tierra cuya presencia, pese a todo, Shedemei y el Alma Suprema creen percibir, de vez en cuando, de forma siempre sutil e imprecisa.
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Todos menos Aronha, que estaba realmente furioso de que no contaran con él.

—Mi hermana puede tener el sueño, mi hermano puede contártelo… ¿y qué hay de mí? Respóndeme, Padre.

—Vaya, Aronha, te he dado tanta participación como me he dado a mí mismo… mirarlos mientras se van.

Y en ese momento hacían precisamente eso, los miraban mientras se iban. Normalmente Aronha habría despedido a los soldados desde la escalinata de la casa del rey, pero sostenía que sería demasiado humillante plantarse junto al rey cuando lo habían declarado demasiado inútil para ir. Padre no discutió con él y le dejó subir a la azotea; ahora Aronha hervía de furia, aunque había admitido delante de Mon que, de estar en lugar de Padre, habría tomado la misma decisión.

—Aunque Padre tenga razón, eso no quiere decir que deba estar contento. Edhadeya rió.

—Por la Boca de Algodón, Aronha, que Padre tenga razón es lo que más nos molesta.

—No jures por Sin Patas —replicó Aronha cortante.

—Padre dice que no es más que una serpiente peligrosa, no un verdadero dios —dijo Edhadeya desafiante.

—No serás supersticioso, ¿verdad, Aronha? —preguntó Mon.

—Padre dice que debemos respetar las creencias de los demás, y sabéis que la mitad de los criados cavadores creen que Sin Patas es sagrada —dijo Aronha.

—Sí —dijo Edhadeya—, y siempre juran por ella.

—No dicen su nombre abiertamente —dijo Aronha.

—Pero Aronha, es sólo una serpiente. —Edhadeya mecía la cabeza como si fuera una espiga de maíz. A su pesar, Aronha se echó a reír. Luego se puso serio de nuevo y miró a los dieciséis soldados que trotaban río arriba hacia la frontera sur.

—¿Encontrarán mi sueño? —preguntó Edhadeya.

—Si el Guardián te envió el sueño —dijo Aronha—, significa que desea que encontremos a los zenifi.

—Pero eso no significa que los integrantes de la partida de Monush sepan escuchar cuando ella habla —dijo Edhadeya, refiriéndose al Guardián.

Aronha puso mala cara pero no la miró.

Él decide con quién hablará. No es cuestión de saber cómo.

Ella sólo puede hablar con personas que saben escuchar, y por eso nuestra antepasada Luet era tan famosa como vidente de las aguas, y su hermana Hushidh y su sobrina Chveya como descifradoras. Poseían un gran poder y…

—El poder no estaba en ellas —puntualizó Aronha—. Estaba en el Guardián. Él las escogió como sus favoritas… y debo señalar que ninguna de ellas era más grande que Nafai, quien usó el manto de capitán y dominó los cielos con sus…

—Bego dice que todo eso es una tontería —dijo Mon. Los otros callaron.

—¿De veras? —preguntó Aronha, al cabo de un rato.

—Tú le has oído decirlo, ¿verdad?

—A mí nunca me lo ha dicho. ¿Qué es una tontería? ¿El Guardián?

—La idea de nuestros antepasados heroicos —dijo Mon—. Todos afirman tener antepasados heroicos, según él. Cuando han pasado varias generaciones, se convierten en dioses. Él dice que de allí vienen los dioses. Son seres humanos divinizados.

—Qué interesante —dijo Aronha—. ¿Enseña al hijo del rey que los antepasados del rey son un invento?

Mon comprendió entonces que podía poner a su preceptor en aprietos.

—No —dijo—. No literalmente. Él sólo… planteó esa posibilidad.

Aronha cabeceó.

—Conque no quieres que lo haga arrestar.

—No lo dijo directamente.

—Sólo recuerda esto, Mon —dijo Aronha—. Es posible que Bego tenga razón y nuestras historias sobre grandes antepasados humanos con poderes extraordinarios otorgados por el Guardián de la Tierra sean exageraciones, incluso fantasías o delirios. Pero la gente media no es la única que podría querer replantear la historia para adecuarla a los intereses actuales. ¿No crees que un ángel patriótico podría querer arrojar dudas sobre las historias de grandeza de los antepasados de la gente media? ¿Sobre todo los antepasados del rey?

—Bego no es un embustero —dijo Mon—. Es un erudito.

—No he dicho que mintiera —señaló Aronha—. Él dice que creemos en esas historias porque nos resulta útil y satisfactorio hacerlo. Tal vez él dude de las mismas historias porque a él le resulta útil y satisfactorio eso mismo precisamente.

Mon frunció el ceño.

—¿Y cómo podemos saber la verdad?

—No podemos —dijo Aronha—. Eso es lo que deduje hace mucho tiempo.

—¿Entonces no crees en nada?

—Creo en todo lo que me parece verdadero en este momento. Me niego a sorprenderme cuando algunas cosas en las que creo resultan ser falsas. Eso me evita contrariedades.

Edhadeya se echó a reír.

—¿Y de dónde has sacado esa idea?

Aronha se volvió hacia ella, un poco ofendido.

—No crees que sea mía.

—Pues no.

—Me lo enseñó Monush —dijo Aronha—. Un día, cuando le pregunté si realmente existía un Guardián de la Tierra. A fin de cuentas, según las viejas historias, existió un dios llamado Alma Suprema, y resultó ser una máquina en una antigua nave.

—Una antigua nave que volaba por los aires —le dijo Mon—. Bego dice que sólo la gente del cielo vuela, y que nuestros antepasados inventaron esa historia porque la gente media envidiaba a la gente del cielo el don de volar.

—No toda la gente del cielo puede volar —dijo Edhadeya—. El viejo Bego está tan decrépito, gordo y achacoso que apenas puede levantarse del suelo.

—Pero podía cuando era joven. El lo recuerda.

—Y tú lo imaginas —dijo Aronha. : Mon sacudió la cabeza.

—Los recuerdos son reales. La imaginación no es nada. Edhadeya rió.

—Qué tontería, Mon. La mayoría de las cosas que la gente dice recordar son pura imaginación.

—¿Y de dónde sacas eso? —preguntó Aronha con una sonrisa socarrona.

Edhadeya puso los ojos en blanco.

—Me lo dijo Uss-Uss, y puedes reírte si quieres, pero ella…

—¡Es una criada! —exclamó Aronha.

—Es la única amiga que tuve después de la muerte de Madre —dijo Edhadeya—, y es muy sabia.

—Es cavadora —murmuró Mon.

—Pero no elemaki —puntualizó Edhadeya—. Los de su familia han servido a los reyes nafari durante cinco generaciones.

—Como esclavos —señaló Mon. Aronha rió.

—Mon escucha a un viejo ángel, Edhadeya a una gorda esclava cavadora, y yo a un soldado célebre por su coraje y su inteligencia en la guerra, pero no por su erudición. Cada uno escoge a su maestro, ¿verdad? Me pregunto si la elección del maestro revela algo acerca de nuestro futuro.

Reflexionaron sobre ello en silencio, mientras la bandada de espías que indicaba la posición de la partida de Monush continuaba su viaje valle arriba, a orillas del Tsidorek.

3. RESISTENCIA

—Nafai me contó algo una vez —le dijo Shedemei al Alma Suprema.

El Alma Suprema, con su infinita paciencia, esperó a que ella continuara.

—Antes de que tú… lo escogieras.

—Recuerdo el momento —suspiró el Alma Suprema, cuya paciencia quizá no fuera tan infinita.

—Cuando todavía tratabas de impedir que él e Issib descubrieran demasiado acerca de ti.

—El verdadero problema era Issib, a decir verdad. Era él quien tenía intención de oponerse a mí.

—Sí, de acuerdo, pero no lo consiguió hasta que Nafai se unió a él.

—Fue una preocupación durante un tiempo.

—Sí, me lo imagino. Ambos luchando con todo su empeño. Tenías que consagrar todos tus recursos a contrarrestarlos.

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