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Электронная книга - «Viaje de descubrimiento». Краткое содержание книги:

Era obvio que Quintero se había formado una opinión muy pobre de Bliss. Desde luego, a ella no le importaba lo que él pensara, difícilmente se volverían a encontrar. Pero entonces ella se dio cuenta de que Quin era el amigo a quien su cuñado había asignado para cuidarla en esa exótica tierra. Así que no podía hacer otra cosa mas que resignarse y ser cortés con ese hombre, a pesar de que le resultara insoportable ¡Sin embargo, no intentaba enamorase de el!
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Bliss empezó a emocionarse mucho. Allí estaba, en Machu Picchu, la ciudad que el mundo desconoció hasta 1911, a pesar de que los indígenas de la zona sabían de su existencia.

Supuso que habría podido arreglárselas muy bien sola. Pero era mucho más agradable estar con alguien que ya había visitado las ruinas antes. Como Machu Picchu estaba en lo alto de la montaña, sólo había una manera de subir.

Fue asediada por un nuevo grupo de vendedores y Quin la tomó del brazo.

– Por aquí -señaló él. Pronto se unieron a otros viajeros que hacían fila para subirse a unos minibuses de veinticuatro asientos, que los llevarían por la peligrosa y zigzagueante ruta a la ciudad.

Bliss se aferró a su asiento mientras el minibús subía por la tortuosa vía. Al llegar a su destino, Quin bajó primero y ayudó a Bliss a hacerlo.

– ¿Está bien? -inquirió al tomarla con firmeza de la mano y mirar la con detenimiento a los ojos.

Bliss sabía que estaba muy emocionada por todo lo que estaba presenciando, y no deseaba que ahora Quin le recordara lo enferma que estuvo. Había mucho que ver y no quería perderse de nada antes que tuvieran que bajar para tomar de nuevo el tren.

– Nunca estuve mejor -declaró.

Quin la estudió unos momentos más y Bliss decidió que sería magnánima y que le permitirla que llevara su bolsa.

– ¿Qué te gustaría ver primero?

– Todo -rió y lo oyó reír a su vez.

Las ruinas de Machu Picchu estaban situadas en medio de dos picos. El de Machu Picchu, que en quechua, una de las lenguas habladas en Perú significa Montaña Vieja, y el de Huayna Picchu, que significa Montaña Joven. Las ruinas fueron descubiertas por un profesor y senador estadounidense; durante dos horas Bliss caminó, admiró y escaló el descubrimiento del doctor Bingham.

Esas dos horas nunca serían suficientes para admirar las terrazas agrícolas, los templos, las casas, la sección industrial, las fuentes construidas como escalones, todo lo cual se alzaba setecientos metros arriba del valle Urubamba.

Una vez, Bliss tropezó y Quin la atrapó con rapidez del brazo.

– Calma -susurró él y la miró con sus ojos grises y serios. Bliss sentía que estaba un poco sonrojada por el esfuerzo y, como había perdido el aliento en ese instante, no objetó cuando él la hizo descansar unos momentos.

– ¿Es ese el camino por el que subimos en el autobús? -le preguntó ella al mirar el camino lleno de curvas que estaba en un costado de la montaña y que tenía un aspecto muy moderno, comparado con las ruinas que los rodeaban.

– ¿Ya tienes ganas de bajar? -bromeó Quin e indicó que el trayecto de bajada sería mucho más emocionante y aterrador que el de subida.

Con tanto que ver y con turistas dispersos por todas partes, a Bliss no le sorprendió estar sola de pronto con Quin, al llegar a una torre de control.

Estaba admirando el bloque de granito de la torre cuando de pronto fue atacada por una tos súbita que no pudo controlar. Quin la observaba con el mayor de los cuidados.

– ¿Es ese el río… Urubamba? -Bliss trató de desviar la atención de sí misma al señalar la corriente que estaba abajo. Sin embargo, no logró su objetivo, pues tosió mientras le hizo la pregunta a Quin.

– No hables más -indicó él con calma-. Trata de relajarte -la sorprendió al acercarse y ofrecerle el beneficio de apoyarse en su viril pecho.

Poco a poco dejó de toser, aunque pasaron varios minutos para que así fuera.

– Lo… siento -expresó; sin embargo, cuando quiso apartarse, descubrió que él la tenía rodeada con los brazos.

– Descansa unos minutos -sugirió Quin con calma.

De pronto, al apoyar su peso en él, la invadió una inmensa paz… Bliss no se había dado cuenta de que en realidad estaba muy cansada.

Claro que, a pesar de recibir cierto placer por estar en sus brazos, Bliss recobraba cada vez más la sensatez.

Ahora recordó que Erith le advirtió que la gran altitud no respetaba a nadie.

– Debe ser la altitud -Bliss usó ese pretexto para disculpar su tos al apartarse y mirarlo a los ojos. Cuando lo hizo, olvidó lo que le iba a decir después. Al encontrarse con la mirada de Quin se dio cuenta de que él estaba bastante conmovido y que la abrazaba con fuerza… como si no se diera cuenta. Bliss bajó la mirada y la fijó en uno de los botones de la camisa de él, tratando de recobrar la sangre fría. Entonces, Quin dejó de apretarla y la tomó de los brazos para separarla de él con firme lentitud. Sin embargo, no la soltó al señalar:

– Bliss, entonces te sugiero que vayamos a tomar nuestro tren -su tono de voz le hizo creer a la chica que no estaba conmovido y que el aire escaso de la montaña estaba haciéndola imaginar cosas.

Como había muchos lugares donde era imposible que dos personas caminaran codo a codo, fue Quin quien condujo a Bliss de regreso a la terminal del autobús: Como caminó con lentitud, evitó que la chica volviera a perder el aliento.

Estaba bastante pensativo y silencioso cuando abordaron el autobús y éste se puso en marcha. Bliss se preguntó si ya estaba harto de estar en su compañía.

Eso pensó durante la cuarta parte, del trayecto cuando, junto con Quin y los demás pasajeros, se dio cuenta de que un chico peruano vestido con un traje de correr se apareció de la nada y atrajo su atención al lanzar un fuerte grito. Al principio, Bliss no entendía nada de lo que pasaba, pero cuando el autobús disminuyó la velocidad para lidiar con todas las pronunciadas curvas del camión, el chico de diez o doce años gritó con todas sus fuerzas mientras corría para atraer la atención de los pasajeros.

– ¡Está jugando carreras con nosotros! -exclamó Bliss al volverse para mirar a Quin, olvidando que tal vez éste ya estaba muy aburrido de estar en su compañía.

– Puede que tengas razón -asintió él con tanta amabilidad que Bliss se percató, con un vuelco de su corazón, de que si Quin estaba silencioso no era por estar harto de ella, después de todo.

Bliss pensó que Quin era un hombre encantador cuando, después de bajar del vehículo y ser recibidos por el chiquillo bañado en sudor después de haber corrido cuesta abajo, le dio un billete de importante denominación.

La estación de tren de Machu Picchu estaba llena de turistas, de un ejército de comerciantes, de ruido y actividad. Toda la zona estaba invadida por niños y perros callejeros. Había sonidos y visiones que a Bliss le encantaron. Quin la tomó del codo y la llevó a la sala de espera de la estación, donde al parecer los vendedores no podían entrar. Allí había una cafetería y Bliss le dio las gracias a Quin cuando éste le ofreció un poco de jugo dé naranja y un pan dulce.

– Gracias -con gusto bebió y comió, pues hacía horas que no ingería nada, y aún faltaban muchas horas de viaje.

Después de las cinco y media, el tren llegó a la estación. Bliss se acomodó en su asiento y se percató de que estaba rendida. Sabía, por experiencia propia, que el toser de esa manera la agotaba… pero eso fue cuanto estuvo enferma y ahora ya no lo estaba.

“Estoy bien”, se irritó consigo misma y decidió que toser durante mucho tiempo, combinado con una gran altitud, cansaría hasta a un atleta.

Se percató de que de nuevo Quin estaba muy silencioso, volvió a tener la incómoda sensación de que estaba harto de ella. Sin embargo, él se mostraba muy amable. Bliss trató de mantener los ojos abiertos, mas era necesario un esfuerzo muy grande. Tal vez Quin sólo estaba harto de la vida en general y seguramente seguía muy herido por el rechazo de Paloma Oreja.

Bliss trató de olvidarse de Quin y de su ex novia. No quería pensar en ellos. No era algo que la hiciera sentirse bien… de hecho, la irritaba pensar en Quin y en su amor.

Sin motivo a empezó a recordar la forma en que Quin la abrazó en Machu Picchu. De nuevo cerró los ojos. Fue muy amable por parte de él dejarla descansar, apoyada en su pecho, hasta que se le pasó ese ataque de tos. Muy amable…

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