El gran desierto
- Автор: Эллрой Джеймс
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El gran desierto». Краткое содержание книги:
Buzz arrancó de la pared la mejor foto de Coleman, se la guardó en el bolsillo y encontró una mesa atiborrada de informes de la Fiscalía. Echó un rápido vistazo a los últimos; lo único que habían logrado los agentes era interrogar a la hija de Lesnick, quien afirmaba que el viejo ya casi estaba muerto de cáncer pulmonar y estaba pensando en ingresar en un hogar de reposo para pasar sus últimos días. Estaba a punto de guardar una lista de sanatorios locales cuando oyó «Traidor» y vio a Mickey y Herman Gerstein a pocos metros.
Cohen lo tenía a tiro, pero media docena de testigos le echaban a perder la oportunidad.
– Supongo que esto significa que he perdido mi trabajo de guardia, ¿eh, Mick?-dijo Buzz.
El hombre parecía tan herido como furioso.
– Infame traidor gay. Degenerado. Comunista. ¿Te di tanto dinero para me he hicieras esto? ¿Cuánto dinero te di?
– Demasiado, Mick.
– No te hagas el listo, imbécil. Tendrías que suplicar. Tendrías que suplicar para que no te mate despacio.
– ¿Serviría de algo?
– No.
– Ya ves, jefe.
– Herman, déjanos solos -ordenó Mickey.
Gerstein se largó. Los mecanógrafos siguieron mecanografiando y los archivistas siguieron archivando. Buzz azuzó al matón.
– Sin rencores, ¿eh?
– Te propongo un trato -dijo Mickey-, y cuando digo «trato» es siempre de confianza. ¿De acuerdo?
«Trato» y «confianza» eran el sello de ese hombre. Por eso trabajaba para él y no para Siegel o Dragna.
– De acuerdo, Mick.
– Haz que vuelva Audrey. No le tocaré ni un pelo y a ti no te mataré despacio. ¿Confías en mi palabra?
– Sí.
– ¿Confías en que te encontraré?
– Todas las apuestas corren a tu favor, jefe.
– Entonces sé listo y hazlo.
– No hay trato. Cuídate, Mick. Te echaré de menos. Lo digo en serio.
Pacific Sanitarium. Deprisa.
Buzz salió de la carretera de la costa y tocó el claxon en la puerta; el altavoz graznó:
– ¿Sí?
– Turner Meeks para ver al doctor Lux.
Ruidos de estática durante diez segundos, luego:
– Aparque a la izquierda junto a la puerta que dice «Visitas», atraviese el vestíbulo y suba por el ascensor hasta el segundo piso. El doctor lo recibirá en su despacho.
Buzz siguió las indicaciones. Aparcó, atravesó el vestíbulo. El ascensor estaba ocupado; subió por las escaleras hasta el segundo piso, vio la puerta abierta, oyó «Ese mono de Oklahoma» y se paró en seco.
La voz de Terry Lux:
– … pero tengo que hablarle, es un contacto con Howard Hughes. Escucha, en los periódicos de hoy tiene que haber algo que me interesa. Asesinaron a un tío con quien tenía negocios. Acabo de oírlo por la radio, así que consígueme todos los periódicos de Los Ángeles mientras hablo con este payaso.
Negocios entre Lux y Gordean: seis contra uno a favor. Buzz regresó al coche, cogió la porra, se la guardó en la parte trasera de los pantalones y se tomó su tiempo para entrar. El ascensor estaba libre, pulsó el botón del segundo piso y subió pensando que Terry amaba mucho el dinero, sin importarle la procedencia. La puerta se abrió, el doctor estaba allí para recibirlo.
– Buzz, cuánto tiempo sin vernos.
El pasillo de las oficinas parecía desierto. No se veían enfermeros ni encargados.
– ¿Cómo estás, Terry?-saludó Buzz.
– Vienes por negocios, Buzz?
– Claro, jefe. Y es algo muy privado. ¿Hay un sitio donde podamos hablar?
Lux condujo a Buzz pasillo abajo, hasta un cuarto con archivos y gráficos de reconstrucción facial. Lux cerró la puerta, Buzz le echó la llave y se apoyó en ella.
– ¿Qué diablos estás haciendo?-exclamó Lux.
Buzz sintió el cosquilleo de la porra en la columna vertebral.
– En la primavera del 43 le hiciste la cirugía plástica al hijo de Reynolds Loftis. Háblame de eso.
– No sé de qué me estás hablando. Mira mis archivos del 43, si quieres.
– Esto no es negociable, Terry. Vas a contarlo todo, Gordean incluido.
– No hay nada que negociar, porque no sé de qué estás hablando.
Buzz aferró la porra y golpeó a Lux detrás de las rodillas. Lux fue a dar contra la pared. Buzz le aferró un mechón de cabello y le aplastó la cara contra la jamba de la puerta. Lux se deslizó al suelo dejando un rastro de sangre en la caoba pulida, escupiendo.
– No me pegues, no me pegues.
Buzz retrocedió un paso.
– Quédate quieto. El suelo es un lugar apropiado para ti. ¿Por qué dejaste al chico igual que el padre? ¿Quién te mandó que lo hicieras?
Lux inclinó la cabeza hacia atrás, regurgitó y se sacudió como un perro mojado.
– Me has dejado cicatriz. Me… has dejado cicatriz.
– Hazte la cirugía plástica. Y responde.
– Loftis me lo pidió. Me pagó mucho, y me pagó para que nunca se lo contara a nadie. Loftis y el psicópata tenían la misma estructura ósea, y lo hice.
– ¿Por qué te pidió eso Loftis?
Lux se sentó en el suelo y se masajeó las rodillas. Echó una ojeada a un interfono que estaba a poca distancia sobre un archivo. Buzz trituró el artefacto con la porra.
– ¿Por qué? Y no me digas que Loftis quería que el chico tuviera el mismo aspecto que él para que fuera una estrella de cine.
– ¡Eso fue lo que dijo!
Buzz le tocó la pierna con la porra.
– ¿Por qué llamaste psicópata a Coleman?
– Pasó aquí el período postoperatorio, y lo sorprendí en el corral. ¡Estaba descuartizando los pollos con uno de esos palos que usan mis trabajadores! ¡Se estaba bebiendo la sangre!
– Sí, yo lo llamaría psicópata -comentó Buzz. Pensó que Terry no sabía nada de los asesinatos: el tonto pensaba que lo peor era el episodio de los pollos-. Jefe, ¿qué negocios tenías con Felix Gordean?
– ¡Yo no lo maté!
– Sé que no lo mataste, y estoy seguro de que no sabes quién lo hizo. Pero apuesto a que le contaste algo sobre Reynolds Loftis en el 43 y el 44, y Gordean empezó a sacarle dinero a cambio de su silencio. ¿He acertado?
Lux no dijo nada.
– Responde o sigo con tus riñones.
– Cuando le cuente todo esto a Howard, estarás en apuros.
– He terminado con Howard.
Lux hizo un intento clásico.
– Dinero, Buzz. Se trata de eso, ¿verdad? Tienes información importante y quieres tu parte, ¿verdad?
Buzz arrojó la porra, sosteniéndola por la correa. La punta golpeó a Lux en el pecho. Buzz la volvió a asir como si fuera un yoyó. Lux se asombró de ese pequeño alarde.
– Coleman, Loftis y Gordean -continuó Buzz-. ¿Qué relación hay entre ellos?
Lux se levantó y se alisó la bata.
– Un año después de la operación de Coleman fui a una fiesta en Bel Air. Loftis y su presunto hermano menor estaban allí. Fingí no conocerlos, porque Reynolds quería que no se supiera nada acerca de la operación. Más tarde esa noche, salí a caminar. Vi que Coleman y Loftis se besaban. Me sacó de quicio. Había operado al chico para un pervertido incestuoso. Sabía que a Felix le gustaba exprimir a los maricas, así que le vendí la información. Me imaginé que chantajearía a Loftis. No te escandalices, Meeks. Tú habrías hecho lo mismo.
Minear: «Si usted supiera por quién me abandonó, comprendería por qué lo hice.» La única referencia que Lesnick había dejado caer en manos del equipo del gran jurado. Ese viejo medio muerto tenía que saber toda la verdad. Buzz vio que Lux estaba recuperando la dignidad, lo empujó contra la pared y lo retuvo allí con la porra.