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La radio de Darwin [Darwin's Radio - es]

Электронная книга - «La radio de Darwin [Darwin's Radio - es]». Краткое содержание книги:

La Radio de Darwin es una intrigante especulación a partir de los actuales conocimientos biológicos y antropológicos, además de un ingenioso y bien tramado thriller que cuestiona casi todas nuestras creencias sobre los origenes del ser humano y su posible destino.
Tres hechos, que al principio parecen no estar relacionados, acabarán convergiendo para sugerir una novedad devastadora y sacudir los cimientos de la ciencia: la conspiración para ocultar los cadáveres de dos mujeres y sus hijos en Rusia, el descubrimiento inesperado en los Alpes de los cuerpos congelados de una familia prehistórica, y una misteriosa enfermedad que sólo afecta a mujeres gestantes e interrumpe sus embarazos.
Kaye Lang, una biológa molecular especialista en retrovirus, y Christopher Dicken, epidemiólogo del Servicio de inteligencia de Epidemias, temen que algo ha permanecido dormido en nuestros genes durante millones de años haya empezdo a despertar. Ellos dos junto al antropólogo Mictch Rafaelson, parecen ser los únicos capaces de resolver un rompecabezas evolutivo que puede determinar el futuro de la especie humana... si ese futuro sigue existiendo.
El premio Nebula, el equivalente en ciencia ficción al Oscar cinematográfico, avala el interés de esta obra, el más sugestivo thriller sobre la investigación genética y el futuro de la especie humana. Cinco premios Nebula, dos premios Hugo, el premio Apollo de Francia y el premio Ignotus en España garantizan la alta calidad e interés de la obra del brillante autor de Marte se mueve y Fundación y caos.

Premio Nebula 2000.
Novela Finalista del Premio Hugo 2000.
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Mitch se dio golpecitos en la barbilla con la tira de plástico de la prueba. Cambió de canal para tener sensación de control.

—… está muerto. El presidente y cinco de los diez gobernadores fueron asesinados esta mañana en la sala de reuniones de la Casa Blanca…

Cambió otra vez, presionando el botón del mando a distancia.

—… el gobernador de Alabama, Abraham C. Darzelle, líder del denominado Movimiento de Revuelta de los Estados, abrazó al presidente de Estados Unidos justo antes de la explosión. Los gobernadores de Alabama y Florida y el presidente resultaron destrozados por la explosión…

Mitch apagó la televisión. Volvió a poner la tira de plástico en el cuarto de baño y se acostó junto a Kaye. No apartó la colcha ni se desvistió, para no molestarla. Se quitó los zapatos con los pies y se enroscó, colocó con cuidado una pierna sobre los muslos de Kaye, cubiertos por la manta, y acercó la nariz a su corto cabello castaño. El olor de su pelo y su piel era más relajante que ninguna droga.

Durante un rato demasiado breve, el universo volvió a ser pequeño, cálido y totalmente suficiente.

TERCERA PARTE

STELLA NOVA

74

Seattle

JUNIO

Kaye colocó los artículos sobre la mesa de Mitch y tomó el manuscrito para la Queen's Library. Tres semanas antes se había decidido a escribir un libro sobre el SHEVA, biología moderna, todo lo que creía que la especie humana debía saber de cara a los años venideros. El título hacía referencia a su metáfora del genoma, con toda su efervescencia, elementos y móviles y jugadores en provecho propio ofreciendo sus servicios a la reina del genoma con una parte de su naturaleza, y esperando con egoísmo acabar instalados en la Queen's Library, el ADN; y en ocasiones mostrando otra cara, ejecutando otra función, más egoísta que útil, parasitaria o depredadora, causando problemas o incluso desastres… Una metáfora política que le parecía muy apropiada.

Durante las dos semanas anteriores había escrito más de ciento sesenta páginas en el ordenador portátil, y las había impreso en una impresora también portátil, en parte para ordenar sus ideas antes de la convención.

«Y para matar el tiempo. A veces las horas se hacen eternas cuando Mitch está lejos.»

Alineó los papeles golpeándolos sobre la madera, satisfecha con el sonido que producían, luego los colocó junto a la fotografía de Christopher Dicken que se encontraba dentro de su pequeño marco plateado cerca de un retrato de Sam y Abby. La última fotografía en su caja de pertenencias era de Saul, en blanco y negro, tomada por un fotógrafo profesional en Long Island. Saul parecía capaz, sonriente, lleno de confianza y sabio. Habían enviado copias de esa fotografía junto con el plan de negocios de EcoBacter a los posibles inversores cinco años atrás. Una eternidad.

Kaye había pasado muy poco tiempo reflexionando sobre el pasado, o reuniendo recuerdos. Ahora lo lamentaba. Quería que el bebé supiese lo que había sucedido. Cuando se miraba al espejo, veía el perfecto retrato de la salud y la vitalidad. El embarazo le estaba sentando muy bien.

Como si ya no escribiese lo suficiente, tres días antes había empezado a llevar un diario, el primero de toda su vida.

10 de junio

Invertimos la semana pasada en preparar la conferencia y buscar casa. Las hipotecas se han puesto por las nubes, el interés está al veintiuno por ciento, pero nos podemos permitir algo mayor que el apartamento, y Mitch no es demasiado exigente. Yo sí. Mitch escribe más despacio que yo, sobre las momias y la cueva, enviándoselo página a página a Oliver Merton en Nueva York, quien se encarga de las correcciones, en ocasiones con demasiada crueldad. Mitch se lo toma con calma, intentando mejorar. Nos hemos vuelto tan literarios, observándolo todo, quizás incluso algo engreídos, ya que no hay mucho más para mantenernos ocupados.

Mitch ha salido esta tarde para hablar con el nuevo director del Hayer, con la esperanza de ser readmitido. (Nunca se aleja más de veinte minutos del apartamento, y anteayer compramos otro teléfono móvil. Le digo que puedo cuidar de mí misma, pero se preocupa igual.)

Recibimos una carta del profesor Brock describiéndonos la controversia actual. Brock ha aparecido en algunos programas de entrevistas. Algunos periódicos han informado de la noticia, y el artículo de Merton en Nature ha llamado mucho la atención, y también ha recibido muchas críticas.

Innsbruck todavía retiene todos las muestras de tejidos y no quiere hacer comentarios ni permitir su análisis, pero Mitch está colaborando con sus amigos de la UW para que hagan una anuncio público con lo que saben, para frustrar el secretismo de Innsbruck. Merton cree que los gradualistas a cargo de las momias tienen como mucho dos o tres meses para preparar sus informes y hacerlos públicos, o serán apartados de la investigación y reemplazados, espera Brock, por un equipo más objetivo. Está claro que espera estar al mando.

Mitch también podría formar parte de ese equipo, aunque quizás eso sea esperar demasiado.

Merton y Daney no pudieron convencer a la Oficina de Emergencia de Nueva York para celebrar la conferencia en Albany. Algo sobre 1845, el gobernador Silas Wright y disturbios por los alquileres; no quieren que eso se repita bajo la Situación de Emergencia «temporal» y «experimental».

Presentamos una petición ante la Oficina de Emergencia de Washington por medio de Maria Konig de la UW, y nos permitieron una conferencia de dos días en el Kane Hall, con un máximo de cien participantes, todos previa aprobación de la Oficina. Las libertades civiles no han quedado totalmente olvidadas, pero casi. Nadie quiere llamarlo ley marcial, y de hecho las cortes civiles siguen en funcionamiento, pero actúan bajo la aprobación de la Oficina de cada estado.

Mitch dice que no ha habido nada igual desde 1942.

Me siento extraña: saludable, vital, llena de energía y no tengo aspecto de embarazada. Las hormonas son iguales, los efectos los mismos.

Mañana tengo que hacerme los escáneres y sonogramas en Marine Pacific, y haremos una amnio y una biopsia de vellosidades coriónicas a pesar de los riesgos, porque queremos saber cómo son los tejidos.

El siguiente paso no será fácil.

Señora Hamilton, ahora yo también soy un cobaya de laboratorio.

75

Edificio 10, Instituto Nacional de Salud, Bethesda

JULIO

Dicken se impulsó con una mano a lo largo del extenso pasillo del piso diez del Centro Clínico Magnuson, dio un giro con lo que esperaba fuese genuina agilidad sobre una silla de ruedas —de nuevo con una sola mano— y vio de refilón a dos hombres que venían por su camino de regreso. El traje gris, el paso largo y lento, y la altura le indicaron que uno de los hombres era Augustine. No sabía quién podía ser el otro.

Con un gemido, bajó la mano derecha y se dirigió hacia la pareja. Al acercarse, pudo apreciar que el rostro de Augustine se estaba recuperando bastante bien, aunque siempre conservaría un aspecto ligeramente maltratado. Lo que no estaba cubierto por los vendajes, que le atravesaban lateralmente la cabeza y cubrían partes de las mejillas y las sienes, de las continuas operaciones de cirugía plástica todavía mostraba señales de metralla. Los dos ojos se habían salvado. Dicken había perdido un ojo, y el otro había quedado afectado por el calor de la explosión.

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