La Montaña del Alma
- Автор: Xingjian Gao
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Montaña del Alma». Краткое содержание книги:
Ahora soy incapaz de recordar su aspecto físico. Me parece que debía de ser pequeño y flaco, de talle fino y esbelto. Parecía un poco tímido, pero mostraba en su modo de hablar un entusiasmo que la vida no había apagado aún. Su fisonomía carece de importancia, pero lo que me alegra es que me muestra su tesoro. Abre su bolsa de papel. Salvo algunos cuadernos de notas, el resto está compuesto de recopilaciones manuscritas de canciones folclóricas que se cantan todavía en nuestros días. Les echo un vistazo una por una. Cuando ve hasta qué punto estoy contento, me declara con ardor:
– Basta con que copie las que le gusten. En estas montañas, las canciones folclóricas abundan desde hace mucho tiempo. Si uno encuentra un viejo maestro de canto, éste será capaz de cantar días y noches seguidos.
Le pregunto entonces por las canciones de los picapedreros.
– Oh, son de una tonalidad sobreaguda. Ellos son oriundos de la parte de Badong. En sus montañas, han sido talados todos los árboles. Abandonan su tierra para ir a picar piedra.
– ¿Tienen melodías y letras específicas?
– Existen más o menos partituras para las melodías, pero para las letras improvisan. Cantan lo que se les pasa por la cabeza y la mayor parte de las veces son cosas muy chabacanas.
– ¿Aparecen muchas obscenidades en sus canciones?
– Estos trabajadores -me explica entre risas- permanecen mucho tiempo lejos de casa sin mujeres, y se desahogan así mientras pican piedra.
– He escuchado sus melodías. ¿Cómo es que parecen tan tristes y conmovedoras?
– Así es. Si uno no entiende lo que dicen, creería que se trata de un lamento muy grato al oído, pero en realidad las letras no tienen el menor interés. Es mejor que eche un vistazo a éstas.
Saca un cuaderno de su bolsa y me lo alarga abierto. Después de La crónica de las tinieblas (Canto introductorio), puede leerse:
– ¡Magnífico! ¿Dónde las ha encontrado usted?
– Las anoté hará cosa de dos años de boca de un maestro de canto, cuando yo aún era instructor en la montaña.
– ¡Este lenguaje es verdaderamente magnífico, las palabras salen directamente del corazón, sin la forzada prosodia de las pretendidas canciones folclóricas de cinco o siete pies!
– Tiene usted razón, son verdaderas canciones populares.
Su timidez ha desaparecido por completo bajo el efecto del aguardiente.
– ¡No han sido echadas a perder por los doctos! Son canciones que salen del alma. ¿Comprende eso? ¡Ha salvado usted una cultura! ¡No sólo las minorías étnicas, sino también la misma etnia han, poseen todavía una verdadera cultura popular, que no ha sufrido la contaminación de la moral confuciana!
Estoy en el colmo de la excitación.
– ¡No le falta a usted razón, pero cálmese, lea lo que sigue!
Lleno de buena disposición, ha abandonado esa modestia superficial de los pequeños funcionarios. Vuelve a coger decididamente el cuaderno y se pone a declamar los poemas, imitando a un maestro de canto en plena acción:
Tengo la impresión de estar viendo a otro hombre, de escuchar otra voz, de oír los gongs y los tambores. Sin embargo, afuera, no se percibe más que el rugido del viento y el murmullo del arroyuelo.