Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]
- Автор: Кард Орсон Скотт
- Серия: Saga del retorno #5
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6678-0
- Переводчик: Carlos Gardini
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]». Краткое содержание книги:
—Sus súplicas serán escuchadas —decía el mensajero—, al margen de tu decisión.
Así terminó el mensaje. El brillante brazo apuntó hacia él. El dedo crepitó y siseó y un dolor terrible le quemó cada nervio del cuerpo; y en ese momento de exquisito dolor recordó que el observador, el Guardián, acababa de decirle…
Ahora me conoces, Akma. Y ahora te dejo.
Hasta aquel momento, Akma no podría haber imaginado un dolor más terrible que el sufrimiento que el rayo del mensajero infligía a su cuerpo, tocándole todos los nervios al mismo tiempo. Pero ahora que el dolor había cesado y el cuerpo de Akma yacía en el suelo, comprendía que el dolor de su cuerpo no era nada, que ni siquiera lo había afectado, que era casi un placer comparado con…
Comparado con la soledad absoluta.
No estaba conectado con nada. No tenía nombre porque no había nadie para conocer ese nombre, no tenía lugar porque no estaba ligado a nada, no tenía poder porque no había nada sobre lo cual pudiera actuar. Pero sabía que había tenido estas cosas y se las habían arrebatado; estaba perdido y nunca volvería a ser nada ni nadie, estaba perdido porque nadie le conocía. ¿Dónde está el observador? ¿Dónde está el que me conoce? ¿Dónde está el que me nombra? Acabo de encontrarlo dentro de mí, ¿verdad? ¿Cómo pudo abandonarme?
No había dolor comparable con esa pérdida. No le había importado que lo devolviesen al cuerpo sufriente al que estaba ligado hacía unos instantes, porque era mejor sentir aquel dolor, con el observador juzgándolo, que sentir esta total falta de dolor, sin la mirada de nadie. Cuando sentía el dolor formaba parte de algo, ahora no era parte de nada.
¿Acaso no quería esto? ¿Ser sólo yo, sin responsabilidad ante nadie, sin recibir órdenes, sin control, sin expectativas, libre? Sólo ahora sé lo que significa no deber nada a nadie, no tener deberes porque no tengo poder de actuar. No comprendía que la independencia absoluta era el castigo más terrible.
Toda mi vida el Guardián estuvo dentro de mí, juzgándome. Pero ahora el juicio ha concluido. Yo no era apto para formar parte del mundo del Guardián.
Al saber esto, las razones de su conocimiento acudieron a su mente. Imágenes que se había negado a concebir acudieron a él en toda su crudeza. Una anciana cavadora atacada y golpeada por hombres humanos, altos y aterradores; como Akma estaba dentro de ella, los recuerdos de la mujer lo invadieron y él comprendió todas las facetas de ese momento. Cuando su comprensión de los padecimientos de la mujer fue total, pasó repentinamente a la mente de uno de los matones, y ya no era un matón, sino un hombre asqueado de sus propios actos pero todavía ávido de violencia, incapaz de expresar su autodesprecio porque entonces se avergonzaría frente a…
De repente Akma estuvo dentro del hombre cuya admiración el matón buscaba, y vio su orgullo y arrogancia por haber desencadenado los negros acontecimientos que aterrorizaban a los Guardados. Sentía hambre de poder, y adoraba poseerlo, pues ahora ellos tendrían que pensar en él cuando quisieran hacer algo, lo respetarían…
Y el «ellos» de la mente del conspirador cobró una forma, varias formas, hombres viejos y ricos que antaño habían sido influyentes en el reino pero que ahora sólo eran importantes en Darakemba, pues el reino había crecido escapando de su limitado alcance. Cuando Aronha sea rey, sabrá que mi influencia es valiosa. Puedo lograr cosas que son demasiado oscuras para que él las haga con sus propias manos. No seré despreciado cuando suba el nuevo rey.
Akma no necesitaba más explicaciones para entender. ¿Acaso él no había cautivado el corazón y la mente de los hijos de Motiak, no los había instigado contra la política de Akmaro y del rey? Su certidumbre era inconmovible. No habrían golpeado a aquella anciana si yo no les hubiera dado motivos para creer que obtendrían alguna ventaja siendo crueles con los Guardados. La cadena de acontecimientos era larga, pero no falsa, y lo peor era que Akma sabía que lo había sabido desde siempre, que en su odio y envidia por el poder del Guardián había ansiado actos violentos y crueles y que, en vez de realizarlos con sus propias manos, había lanzado su poder al mundo haciendo que otras manos hicieran lo que él deseaba.
Esto es lo que hace el Guardián; para realizar sus buenas obras lanza su influencia por el mundo y alienta los buenos impulsos de la gente. El observador que estaba presente en mí está presente en cada alma viviente; nadie está solo, todos oyen esas dulces palabras de afirmación cuando hacen lo que pide el Guardián. Bien hecho, hijo mío, mi fiel amigo, mi fiel servidor. Mi poder era una pequeña parte del poder del Guardián, una pálida sombra de su influencia, pero en vez de usarla para hacer a los demás un poco más felices, un poco más libres, lo usé para estimular la avaricia y la envidia en algunos corazones, que luego avivaron la llama de la violencia en otros. Yo estaba dentro de sus corazones cuando atacaban, y mi voz —aunque ellos no sabían que era mi voz— decía: Rompe, desgarra, hiere, destruye. Esta mujer no es parte del mundo que estamos construyendo. Expúlsala. Los que usé como mis manos en ese trabajo sucio también eran responsables de sus propios actos, pero eso no me absuelve. Pues los que hacen el bien, lo hacen con el Guardián dentro de sí, alentándolos, alabándolos por su bondad, pero no obligados por el Guardián. Las buenas obras les pertenecen, y también son del Guardián. Así las crueldades de estos hombres de corazón oscuro fueron suyas, pero también mías. Mías.
En cuanto hubo reconocido su papel en la paliza de aquella anciana, recordó una nueva crueldad: un niño que gritaba de hambre y no tenía nada que comer porque su padre había perdido sus ingresos con el boicot. Akma vio por los ojos del niño, y luego por los del padre, sintiendo su vergüenza y desesperación al ser incapaz de aliviar a su hijo, y luego Akma fue la madre en su rabia impotente y sus quejas contra el Guardián y los Guardados por haber provocado aquella calamidad, y de nuevo siguió la concatenación de sufrimiento y maldad. Los comerciantes que antes compraban las mercancías del padre y ahora se negaban a hacerlo, algunos por temor a una represalia, otros por un encono personal contra los cavadores ahora digno de respeto —más aún, patriótico— porque Akma se había plantado frente a la multitud afirmando que todos debían obedecer la ley y no boicotear a nadie y el público se había reído, entendiendo lo que él quería…
Quería que el niño llorase y que el orgullo del padre se quebrase, y que la lealtad de la madre de los Guardados se disipara en rabia impotente. Quería todo aquello porque deseaba castigar al Guardián por no haberlo escogido cuando él era un niño desesperado por salvar a su hermanita del látigo.
Una y otra vez, escena tras escena, vio todo el dolor que había causado. ¿Cuánto duró? Podría haber sido un minuto, o varias vidas. ¿Cómo medirlo, cuando no tenía contacto con la realidad ni sentido del tiempo? Lo vio todo, y cada momento fue eterno, porque su comprensión del mismo era total.
Si Akma hubiera podido emitir un sonido, habría sido un grito incesante. Era insoportable estar solo, y lo peor era que en su soledad tenía que estar consigo mismo, con sus aborrecibles y despreciables actos.
Mucho antes de que cesara el desfile de crímenes, Akma estaba deshecho. Ya no se veía encabezando el desfile de soldados conquistadores que arrasaban las tierras elemaki. Ya no soportaba la idea de que alguien le viera de nuevo, pues ahora sabía lo que era en verdad y nunca podría ocultarse de sí mismo ni de nadie. La vergüenza era demasiado grande. Ya no deseaba que le devolvieran lo que había perdido. Ahora sólo quería ser borrado. No dejes que me enfrente de nuevo a nadie. No dejes que me enfrente a mí mismo. Ni siquiera dejes que me enfrente a ti, Guardián. No soporto existir.