Lo que hice por amor
- Автор: Филлипс Сьюзен Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
– Has lanzado a Scooter Brown al olvido.
– Ésa era mi intención.
Georgie todavía no parecía haber captado su mensaje, así que Bram se lo concretó:
– El papel es tuyo.
En lugar de lanzarse a sus brazos, ella se dio la vuelta.
– Tengo que ducharme. Ponte cómodo mientras me visto.
Capítulo 25
Georgie se encerró en el lavabo y dejó que el agua resbalara por su cuerpo. Su buen nombre había sido reivindicado, pero eso no significaba nada para ella. Georgie ya sabía lo buena que era. ¡Menuda ironía! La única aprobación que realmente necesitaba era la suya propia. ¡Vaya lección de crecimiento personal!
Se puso los mismos pantalones cortos y blancos y la misma camiseta azul marino que había llevado por la mañana y se pasó el peine por el pelo húmedo. Había llegado la hora de encararse a Bram con toda la verdad que fuera capaz de revelarle, pero no podía hacerlo ella sola. Necesitaba la ayuda de su fiel compañera.
El pequeño y fresco salón tenía las paredes encaladas, el suelo embaldosado y sillas de mimbre oscuro con unos bonitos cojines azules. Todas las mañanas, Georgie abría las vidrieras correderas para que el patio se convirtiera en una extensión del interior permitiendo que, de vez en cuando, una lagartija entrara en la casa, pero a ella no le importaba. Había leído que algunas especies de lagartijas eran partenogenéticas, lo que significaba que las hembras podían reproducirse sin tener que aparearse. ¡Ojalá ella pudiera hacer lo mismo!
Bram había encontrado una jarra de té helado en la nevera y estaba sentado con los pies apoyados en la mesa auxiliar y un vaso verde de base gruesa en equilibrio sobre su muslo. Oyó los pasos de Georgie en las frescas baldosas de terracota, pero no dirigió la mirada hacia ella.
– No pareces tan contenta respecto a lo del papel como yo esperaba.
– Por lo visto, sólo tenía que demostrarme algo a mí misma -declaró con alegría Scooter, la fiel compañera de Georgie-. ¿Quién lo habría dicho?
– Ésta es la oportunidad que estabas esperando.
– Sí, pero…
Como titubeaba, Bram se dio la vuelta para mirarla. Georgie levantó una mano.
– Tengo algo que decirte. No te hará feliz, pero a mí tampoco me lo hace. Me dirás de todo, y no te lo reprocharé.
Bram se levantó del sofá y se acercó a Georgie con el mismo recelo que emplearía si fuera una maleta abandonada en un aeropuerto.
– No te quedarás en casa de Trev. Lo digo en serio, Georgie. ¡Yo he cumplido todos los pactos de este estúpido matrimonio, así que tú también puedes hacerlo!
– Tú no los has cumplido porque seas honrado, sino por razones egoístas.
– Es igual -contestó él-. Yo he cumplido mi parte y tú tienes que cumplir la tuya, o no eres la mujer que creía que eras.
– En principio, estoy de acuerdo, pero… -Georgie no era una persona superficial y había llegado la hora de soltar la verdad-. Pondré las cartas sobre la mesa, Skipper. -Enderezó una revista que había en un extremo de la mesa-. Siento que estoy empezando a enamorarme de ti otra vez.
– ¡Y un cuerno!
Bram ni siquiera parpadeó. Georgie continuó:
– Es ridículo, ¿no? Humillante. Embarazoso… Por suerte, la cosa no ha avanzado mucho, pero ya me conoces, siempre decidida a dispararme a la menor oportunidad. Pero esta vez, no. Esta vez voy a acabar con esta estupidez incluso antes de que empiece.
– Tú no te estás enamorando de mí.
– A mí también me cuesta creerlo. Afortunadamente, sólo es el principio. -Sacudió el dedo hacia Bram-. Es tu cuerpo. Tu cara. Y tu pelo… Estás buenísimo y, lamento decirlo, yo soy tan sensible como cualquier mujer.
– Ya lo capto. Se trata de una cuestión de sexo. Básicamente, eres una mujer chapada a la antigua que necesita creer que está enamorada para disfrutar del sexo.
– ¡Dios mío, creo que tienes razón!
Bram parpadeó y, unos segundos demasiado tarde, se dio cuenta de que ella lo había acorralado.
– Lo que quiero decir es que…
– Tienes toda la razón -contestó ella con énfasis-. Gracias. Ya no más sexo entre nosotros.
– ¡No me refería a eso!
– La alternativa es que vuelva a tu casa y me enamore por completo de ti. Seguro que los dos somos conscientes de cómo podría acabar eso: escenas violentas en las que yo lloraría y suplicaría… Tú sintiéndote como una mierda… Conociéndome, seguro que dejaría de tomar los anticonceptivos a escondidas. ¿Captas la idea?
– No puedo creerlo. -Bram se mesó el pelo-. No eres tan estúpida. Lo nuestro no es amor, es sexo. Me conoces demasiado bien para enamorarte de mí.
– Eso creía yo.
– Tú, por encima de todos los demás, sabes lo imbécil, egoísta y mujeriego que soy.
– Me odio a mí misma por esto. De verdad.
– Georgie, no lo hagas.
– ¿Qué puedo decir? De todos los líos en que nos he metido éste es el peor. -Bram no respondió y Georgie se humedeció los labios-. Curioso, ¿no?
– No es nada extraño. Eres tú siendo tú misma. Eres demasiado emocional. Utiliza la cabeza. Los dos sabemos que te mereces a alguien mejor que yo.
– Por fin estamos de acuerdo en algo.
Ella lo dijo esperando aliviar la tensión que había entre los dos, pero el ceño fruncido de Bram se acentuó.
– Aquella estúpida conversación que mantuvimos sobre si yo estaba enamorado… Creí que estabas preocupada por mis sentimientos, pero sólo me estabas tanteando.
– Por favor, no me lo recuerdes. Seguro que eres consciente de cuánto me cuesta tragarme el orgullo y admitir que estoy cayendo en esa vieja trampa.
– Es algo temporal. Estabas necesitada de sexo y yo soy un amante jodidamente bueno.
– ¿Y si es algo más que eso?
– No lo es. Piensa que últimamente he estado sacando casi lo mejor de mí. Ahora veo que he cometido un error. Recoge tus cosas y olvídalo. Te garantizo que no volverá a ocurrir.
– Lo siento, pero no puedo.
– Claro que puedes. Estás haciendo una montaña de todo esto.
– Ojalá fuera eso. ¿Cómo crees que me siento al admitir algo tan degradante? Sólo un hilo me mantiene unida a mi autoestima.
– Eso ocurre porque te estás comportando como una idiota.
– Y estoy decidida a ponerle fin.
– Por una vez estamos de acuerdo. -Bram enganchó los pulgares en los bolsillos del pantalón-. Está bien, llegaremos a un acuerdo. Puedes instalarte en la casa de invitados durante un tiempo. Hasta que vuelvas a sentar la cabeza.
– Resultaría demasiado extraño, con Chaz y Aaron por allí. Trasladarme a Malibú es una idea mucho mejor.
– Chaz ya sabe lo de Las Vegas y Aaron haría cualquier cosa por ti. La casa de invitados es el lugar perfecto para que pongas fin a tu locura. En cuanto a nuestra relación laboral… Cuando estés en el plató volverás a ser una profesional y yo volveré a ser un imbécil arrogante. No tardarás mucho en recuperar la razón.
Aquélla era la parte más difícil y, justo cuando más la necesitaba, Scooter desapareció para repartir su alegría en algún otro lugar. Georgie no podía mirar a Bram a la cara, así que salió al patio.
– Bram… No voy a aceptar el trabajo. No interpretaré a Helene.
– ¿Qué? Claro que la interpretarás.
Georgie miró acantilado abajo, hacia las tejas de las casas inferiores.
– No; lo digo en serio.
Oyó el furioso golpeteo de los pasos de Bram conforme se acercaba a ella.
– Eso es lo más estúpido que te he oído decir nunca. Ésta es la oportunidad que estabas esperando. ¿Y todo aquello de reinventar tu carrera? ¿Era mentira?
– En aquel momento, no, pero…
– ¡Maldita sea! ¡Voy a llamar a tu padre! -Bram se puso a su lado-. Tú eres una profesional. Uno no echa por la borda la oportunidad de su vida por una estupidez como ésta.
– Lo hace si esa oportunidad podría dejarte traumatizada durante años.