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Cincuenta Sombras De Grey

Электронная книга - «Cincuenta Sombras De Grey». Краткое содержание книги:

Cuando la estudiante de literatura Anastasia Steele acude para hacerle una entrevista al joven y exitoso empresario Christian Grey para el periódico universitario en el que colabora, se encuentra con un hombre que le resulta atractivo, enigmático y tremendamente intimidante. Completamente convencida de que su encuentro ha sido todo un fracaso, intenta olvidarse de Grey… hasta que a él se le ocurre aparecer por la tienda de informática en la que Ana trabaja a tiempo parcial.
La idealista e inocente Ana se queda asombrada cuando se da cuenta de que desea con todas sus fuerzas a ese hombre, y el que él la advierta de que se mantenga alejada sólo hace que su desesperación por estar con él aumente.
Incapaz de resistirse a la inteligencia y serena belleza de Ana y a su espíritu independiente, Grey termina por admitir que también la desea… pero con sus propias condiciones.
Consternada, aunque excitada, por las preferencias sexuales de Grey, Ana duda sobre si entablar con él una relación o no. A pesar de todos su éxitos -tanto en el ámbito profesional como en el familiar-, Grey es un hombre lleno de demonios interiores, dominado por la necesidad de tomar el control. Y cuando ambos se embarcan en una apasionada relación física, Ana se da cuenta de que está aprendiendo más sobre sus propias y secretas necesidades de lo que se imaginaba.
¿Podrá esa relación trascender de la pasión física? ¿Podrá Ana someterse a un Amo como Christian? Y, si lo hace, ¿le gustará?
[El argumento de «Cincuenta sombras de Grey» es una fantasía erótica de manual. Anastasia Steele una universitaria virgen y risueña, conoce al atractivo y multimillonario Christian Grey, y tras un intenso tira y afloja, inician una relación sadomasoquista descrita por la autora con pelos, señales, azotes y esposas a lo largo de tres volúmenes de unas 500 páginas.]
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Me subo a mi Audi A3 y me dirijo a casa, pero con tranquilidad. He reservado un vuelo nocturno con escala en Atlanta, pero no sale hasta las 22.25 h, así que tengo tiempo de sobra.

Cuando llego, Kate está desempaquetando cajas en la cocina.

– ¿Qué tal te ha ido? -me pregunta emocionada.

Solo Kate puede estar guapísima con una camiseta gigante, unos vaqueros gastados y un pañuelo azul marino en la cabeza.

– Bien, gracias, Kate. No sé si este conjunto era lo bastante apropiado para la segunda entrevista.

– ¿Y eso?

– Me habría venido mejor algo bohemio y elegante.

Kate arquea una ceja.

– Tú y tus bohemios elegantes. -Ladea la cabeza, ¡agh! ¿Por qué todo el mundo me recuerda a mi Cincuenta favorito?-. En realidad, Ana, tú eres una de las pocas personas que puede conseguir ese look.

Sonrío.

– Me ha gustado mucho el segundo sitio. Creo que podría encajar allí. Eso sí, el tipo que me ha entrevistado era un tanto inquietante.

Me interrumpo. Mierda, que estás hablando con Parabólica Kavanagh. ¡Cállate, Ana!

– ¿Y eso?

El radar de Katherine Kavanagh, detector de datos interesantes, entra en acción de inmediato en busca de ese dato que solo resurgirá en algún momento inoportuno y comprometedor, lo cual me recuerda algo.

– Por cierto, ¿podrías dejar de provocar a Christian? Tu comentario sobre José en la cena de anoche no venía a cuento. Es un tipo celoso. Lo que haces no está bien, ¿sabes?

– Mira, si no fuera el hermano de Elliot, le habría dicho cosas peores. Es un controlador obsesivo. No entiendo cómo lo aguantas. Pretendía ponerlo celoso, ayudarlo un poco a decidirse. -Levanta las manos con aire defensivo-. Pero si no quieres que me meta, no lo haré -añade enseguida al verme fruncir el ceño.

– Muy bien. La vida con Christian ya es bastante complicada de por sí, créeme.

Dios, sueno como él.

– Ana. -Hace una pausa, mirándome fijamente-. Estás bien, ¿no? ¿No irás a casa de tu madre para escapar?

Me ruborizo.

– No, Kate. Fuiste tú la que dijo que necesitaba un descanso.

Se acerca y me coge de las manos, un gesto impropio de Kate. Oh, no… Me voy a echar a llorar.

– Te veo… no sé… distinta. Espero que estés bien y que, sean cuales sean los problemas que tengas con el señor Millonetis, puedas hablarlo conmigo. Y que sepas que yo no pretendo provocarlo, aunque, la verdad, con él es como pescar en una pecera. Mira, Ana, si algo va mal, cuéntamelo. No te voy a juzgar. Procuraré entenderlo.

Contengo las lágrimas.

– Ay, Kate… -La abrazo-. Creo que me he enamorado de él de verdad.

– Ana, eso lo ve cualquiera. Y él se ha enamorado de ti. Está loco por ti. No te quita los ojos de encima.

Río tímidamente.

– ¿Tú crees?

– ¿No te lo ha dicho?

– No con tantas palabras.

– ¿Se lo has dicho tú?

– No con tantas palabras.

Me encojo de hombros, como disculpándome.

– ¡Ana! Uno de los dos tiene que dar el primer paso, si no nunca llegaréis a ninguna parte.

¿Qué, que le diga lo que siento?

– Me da miedo espantarlo.

– ¿Y cómo sabes que él no siente lo mismo?

– ¿Christian, miedo? No me lo imagino asustado de nada.

Pero, mientras lo digo, me lo imagino de niño. Quizá el miedo fuera lo único que conocía entonces. Solo de pensarlo, se me encoge el corazón de pena.

Kate me observa con los labios y los ojos fruncidos, como mi subconsciente… solo le faltan las gafas de media luna.

– Os hace falta sentaros a charlar.

– No hemos hablado mucho últimamente.

Me sonrojo. Otras cosas sí. Comunicación no verbal, y no ha estado nada mal. Bueno, ha estado más que bien.

Sonríe.

– ¡Por el sexo! Si eso va bien, tienes media batalla ganada, Ana. Voy a buscar algo de comida china. ¿Lo tienes ya todo listo para el viaje?

– Casi. Aún nos quedan un par de horas o así.

– No… vuelvo dentro de veinte minutos.

Coge la cazadora y se va; se olvida de cerrar la puerta. La cierro y me voy a mi cuarto, rumiando sus palabras.

¿Tiene miedo Christian de lo que siente por mí? ¿Siente algo por mí? Parece muy entusiasmado, dice que soy suya… pero eso forma parte de su yo dominante y obsesivo que debe tenerlo y poseerlo todo, seguro. Me doy cuenta de que, mientras esté fuera, tendré que repasar todas nuestras conversaciones y ver si puedo detectar algún indicio claro.

«Yo también te voy a echar de menos. Más de lo que imaginas.» «Me tienes completamente hechizado.»

Niego con la cabeza. No quiero pensar en eso ahora. La BlackBerry se está cargando, así que no la he mirado en toda la tarde. Me acerco con cautela y me desilusiona ver que no hay mensajes. Enciendo el cacharro infernal y tampoco hay mensajes. Es la misma dirección de e-mail, Ana, me dice mi subconsciente poniéndome los ojos en blanco y, por primera vez, entiendo por qué Christian quiere darme unos azotes cada vez que lo hago.

Vale. Bueno, pues le escribo un correo yo.

De: Anastasia Steele

Fecha: 30 de mayo de 2011 18:49

Para: Christian Grey

Asunto: Entrevistas

Querido señor:

Las entrevistas de hoy han ido bien.

He pensado que igual te interesaba.

¿Qué tal tu día?

Ana

Me siento y miro furiosa la pantalla. Las respuestas de Christian suelen ser instantáneas. Espero y espero, y por fin oigo el tono de mensaje entrante.

De: Christian Grey

Fecha: 30 de mayo de 2011 19:03

Para: Anastasia Steele

Asunto: Mi día

Querida señorita Steele:

Todo lo que hace me interesa. Es la mujer más fascinante que conozco.

Me alegro de que sus entrevistas hayan ido bien.

Mi mañana ha superado todas mis expectativas.

Mi tarde, en comparación, ha sido de lo más aburrida.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

De: Anastasia Steele

Fecha: 30 de mayo de 2011 19:05

Para: Christian Grey

Asunto: Mañana maravillosa

Querido señor:

También la mañana ha sido extraordinaria para mí, aunque te hayas mostrado raro después del impecable polvo sobre el escritorio. No creas que no me he dado cuenta.

Gracias por el desayuno. O gracias a la señora Jones.

Me gustaría hacerte algunas preguntas sobre ella (sin que vuelvas a ponerte raro conmigo).

Ana

Titubeo antes de pulsar la tecla de envío y me tranquiliza pensar que mañana a estas horas estaré en la otra punta del continente.

De: Christian Grey

Fecha: 30 de mayo de 2011 19:10

Para: Anastasia Steele

Asunto: ¿Tú en una editorial?

Anastasia:

«Ponerse raro» no es una forma verbal aceptable y no debería usarla alguien que quiere entrar en el mundo editorial.

¿Impecable? ¿Comparado con qué, dime, por favor? ¿Y qué es lo que quieres preguntarme de la señora Jones? Me tienes intrigado.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

De: Anastasia Steele

Fecha: 30 de mayo de 2011 19:17

Para: Christian Grey

Asunto: Tú y la señora Jones

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