Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » La justicia de los inocentes
La justicia de los inocentes - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La justicia de los inocentes

Электронная книга - «La justicia de los inocentes». Краткое содержание книги:

Aclamado como `el rey de la sordidez`, el editor de prensa Dennis Luxford está acostumbrado a desentrañar los pecados y escándalos de la gente que se encuentra en posiciones expuestas. Pero cuando abre una carta dirigida a él en su periódico, `The Source`(`El Manantial`), descubre que alguien más destaca en desentrañar secretos tan bien como él.
A través de esta carta se le informa que Charlotte Bowen, de diez años, ha sido raptada, y si Luxford no admite públicamente su paternidad, ella morirá. Pero la existencia de Charlotte es el secreto más ferozmente guardado de Luxford, y reconocerla como su hija arrojará a más de una vida y una carrera al caos. Además no únicamente la reputación de Luxford está en juego: también la reputación y la carrera de la madre de Charlotte.
Se trata de la subsecretaría de Estado del Ministerio del Interior, uno de los cargos más considerados y con bastantes posibilidades de ser la próxima Margaret Thatcher. Sabiendo que su futuro político cuelga de un hilo, Eve Bowen no acepta que Luxford dañe su carrera publicando la historia o llamando a la policía. Así que el editor acude al científico forense Simon St. James para que le ayude.
Se trata de un caso que a St. James llena de inquietud, en el que ninguno de los protagonistas del drama parecen reaccionar tal como se espera, considerando la gravedad de la situación. Entonces tiene lugar la tragedia, y New Scotland Yard se ve involucrado.
Pronto el Detective Inspector Thomas Lynley se da cuenta que el caso tiene tentáculos en Londres y en todo el país, y debe simultáneamente investigar el asesinato y la misteriosa desaparición de Charlotte. Mientras, su compañera, la sargento Detective Barbara Havers, lleva a cabo su propia investigación intentando dar un empuje a su carrera, intentando evitar una solución desalentadora y peligrosa que nadie conoce.
1 ... 82 83 84 85 86 87 88 89 90 ... 149
Перейти на страницу:

Por lo tanto, cabía que el sargento Stanley hubiera peinado la campiña para nada, y que el sargento Stanley hubiera desplegado más de un grupo de policías en busca del lugar de cautiverio de la niña para nada. Y también cabía la posibilidad, excelente, de que ella hubiera dado el visto bueno a la búsqueda de Robin Payne por locales de alquiler de barcas, aserraderos, esclusas, molinos y pantanos para nada.

«Qué desperdicio de material humano», pensó. Buscaban una aguja que probablemente ni siquiera existía. Y en un pajar del tamaño de la isla de Wight.

«Necesitamos algo para seguir adelante -se dijo-. Un testigo del secuestro que salga a la luz, encontrar una prenda de Charlotte, recobrar uno de sus libros de texto. Algo más que un cadáver con grasa debajo de las uñas.» Algo que pudiera relacionar el cuerpo con el lugar.

¿Qué sería?, se preguntó. Y en aquel inmenso paisaje, si estaba allí y no en Londres, ¿cómo demonios lo iba a encontrar?

El sargento Stanley, que la precedía, se detuvo en los peldaños. Inclinó la cabeza para encender un cigarrillo. Le ofreció el paquete, detalle que ella consideró una tregua tácita entre ambos. Hasta que vio el encendedor. Era una mujer desnuda, doblada por la cintura, y la llama salía por el culo.

«Puta mierda», pensó Barbara. Tenía el estómago revuelto, la cabeza le daba vueltas y su mente intentaba analizar los hechos. Y aquí estaba, obligada a soportar la compañía del señor Misoginia disfrazado de sargento Cortesía. Esperaba que se ruborizara y emitiera algún comentario ultrafeminista, para poder divertirse después con sus amigotes del DIC.

«Muy bien -pensó-. Te complaceré, capullo.» Cogió el encendedor de su mano. Le dio vuelta, dosificó la llama, lo encendió y lo examinó de nuevo.

– Notable. Increíble, de hecho. Me pregunto si se ha dado cuenta.

El sargento mordió el anzuelo.

– ¿De qué? -preguntó.

Y Barbara tiró del sedal.

– Que si se baja los pantalones y se queda con el culo al aire, este encendedor será su viva imagen, sargento Stanley. -Se lo puso en la palma-. Gracias por el cigarrillo.

Se encaminó hacia el coche.

Los edificios abandonados de George Street habían sido invadidos por miembros de la policía científica. Con sus cajas de herramientas, sobres, frascos y bolsas, recorrían el edificio que St. James y Helen habían explorado días antes. En el piso de arriba estaban enrollando la alfombra para analizarla en el laboratorio, y prestaban especial atención a recoger huellas dactilares.

A medida que espolvoreaban la madera, el pomo de la puerta, el antepecho de la ventana, el grifo del agua, los cristales de la ventana y el espejo con el polvo negro, las huellas iban surgiendo. Había cientos, y parecían las alas rotas y amputadas de insectos de ébano. Los agentes se encargaban de recogerlas todas, no sólo las que encajaban en la misma clasificación de la que St. James había descubierto en el compartimiento de las pilas de la grabadora. Existían muchas posibilidades de que más de una persona estuviera implicada en la desaparición de Charlotte Bowen. Una huella identificable podría conducirles a esa persona y convertirse en la brecha que estaban buscando, si el edificio demostraba tener relevancia en el caso.

Lynley indicó que prestaran especial atención a dos sitios: el espejo del cuarto de baño y los grifos de debajo, así como la ventana que daba a George Street, uno de cuyos cristales había sido limpiado por alguien que quería observar con comodidad los edificios de Santa Bernadette, en Blanford Street. El propio Lynley se encontraba en la cocina de las dimensiones de una caja de cerillas, donde inspeccionaba aparadores v cajones en busca de algo que St. James hubiera pasado por alto durante su exploración del lugar.

Había poca cosa, observó que St. James lo había apuntado todo en una lista, con su típica atención a los detalles, durante la conversación que habían sostenido la tarde anterior. En un aparador estaba la taza de hojalata roja. Un cajón contenía un tenedor de dientes doblados y cinco clavos oxidados. Dos jarras mugrientas decoraban la encimera. No había nada más.

Mientras el agua goteaba en el fregadero, Lynley se inclinó sobre la encimera polvorienta y la examinó de cerca con detenimiento, en busca de algo que hubiera pasado inadvertido sobre la fórmica moteada. Paseó los ojos desde la pared hasta el extremo exterior de la encimera, desde el extremo exterior hasta la franja de metal que sujetaba el fregadero. Entonces lo vio: un fragmento azul (no más grande que la astilla de un diente) estaba encajado entre el metal que rodeaba el fregadero y la encimera.

Con una hoja delgada extrajo el fragmento azul de su alojamiento. Tenía un olor vagamente medicinal, y cuando lo rascó con la uña sobre la palma de la mano, vio que se desmenuzaba. ¿Parte de una droga?, se preguntó. ¿Alguna especie de detergente? Lo guardó en un frasco, lo etiquetó y lo entregó a un agente de la policía científica, con la instrucción de que fuera identificado lo antes posible.

Salió del piso al asfixiante corredor. Como estaba entablillado, había poca ventilación en el edificio. El olor a roedores, comida descompuesta y excrementos impregnaba el aire, un olor exacerbado por el calor de la primavera. Fue aquella característica la que comentó el detective Winston Nkata cuando subía la escalera al tiempo que Lynley bajaba al piso de la segunda planta.

– Este lugar es una letrina -murmuró cubriéndose la boca y la nariz con un impecable pañuelo blanco.

– Mira dónde pisas -advirtió Lynley-. Dios sabe lo que hay debajo de la basura que cubre el suelo.

Nkata avanzó con cuidado hasta la puerta del piso mientras Lynley entraba.

– Espero que a esos tipos les den una paga doble.

– Un aspecto más del glorioso trabajo policial. ¿Qué has averiguado?

Nkata esquivó las pilas de basura más significativas que la policía científica estaba inspeccionando. Se acercó a la ventana y la abrió, de forma que entró una brisa anodina. Al parecer, bastó para satisfacerle, porque bajó el pañuelo, aunque dio un respingo al percibir el olor.

– Me he puesto en contacto con la policía de Marylebone -dijo-. Los agentes de la comisaría de Wigmore Street son los encargados de hacer la ronda por Cross Keys Close. Tuvo que ser uno de ellos el que vio al vagabundo del que el señor St. James le habló.

– ¿y?

– Fracaso total. Ninguno recordaba haber ahuyentado a un vagabundo de la zona. Han estado ocupados, con la temporada turística y todo eso, y no toman nota de a quién echan ni de dónde. En consecuencia, nadie quiere decir que no sucediera, pero tampoco quieren sentarse con uno de nuestros Picassos para hacer un retrato del tipo.

– Mierda -masculló Lynley, viendo cómo se desvanecían sus esperanzas de una descripción aceptable del vagabundo.

– Eso mismo pensé yo. -Nkata sonrió y se tiró de la oreja-. Por eso me tomé algunas libertades.

Nkata y sus libertades habían desenterrado más de un fragmento de información vital. El interés de Lynley aumentó.

– ¿Y?

El agente rebuscó en el bolsillo de la chaqueta. Se había llevado a uno de los dibujantes a comer, explicó meneando la cabeza, y Lynley comprendió que el dibujante era de sexo femenino. Se habían dejado caer por Cross Kevs Close de paso, y visitado al escritor que había proporcionado a Helen la descripción del vagabundo expulsado del laberinto de callejuelas el mismo día que Charlotte Bowen había desaparecido. Con la dibujante trabajando y el escritor aportando detalles, habían llegado a componer un símil del hombre. Nkata, que se había tomado una libertad más con una admirable dosis de iniciativa, había tenido la perspicacia de pedir a la dibujante que hiciera un segundo esbozo, esta vez sin el pelo enmarañado, los bigotes y la gorra de punto, que bien podían ser parte de un disfraz.

1 ... 82 83 84 85 86 87 88 89 90 ... 149
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)