Alguien te observa
- Автор: Роуз Карен
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Alguien te observa». Краткое содержание книги:
Lleva tiempo observándote. Conoce todos sus movimientos, todos sus pensamientos. Le envía cartas. Y ha empezado a asesinar, en su nombre, a los delincuentes y criminales que ella no logró meter entre rejas.
Abe Reagan acaba de incorporarse al departamento de homicidios de Chicago. Este es su primer caso después de cinco años de trabajar como agente encubierto. Ahora empieza una nueva etapa de su vida, intentando dejar atrás un pasado donde perdió lo que más le importaba.
Mientras Kristen y Abe empiezan a redescubrir unos sentimientos que creían olvidados, un asesino frío y calculador sigue actuando de manera implacable. Y ahora su sed de castigo ha convertido a Kristen en el blanco perfecto.
En su novela más elogiada, Karen Rose, la escritora que está subiendo con más fuerza dentro del género romántico con suspense, combina admirablemente una inquietante intriga y una conmovedora historia de amor.
– Según el letrero, está cerrado -observó Aidan.
– Nunca cierran al mediodía. -De pronto tuvo un presentimiento y el corazón se le aceleró-. Oh, no. Tendría que habérselo advertido. -Se dirigió corriendo a la barbería contigua y asomó la cabeza por la puerta-. Señor Poore, ¿qué le ha ocurrido a Owen?
El señor Poore levantó la vista del pelo que estaba cortando; su rostro surcado de arrugas expresaba dolor.
– Está en el hospital con Vincent, Kristen.
– ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? -preguntó, y el señor Poore se le acercó despacio mientras se secaba las manos con la bala blanca.
– Unos bestias han apaleado a Vincent en el callejón de detrás del local cuando ha salido a tirar la basura. Este era un barrio tranquilo, y ahora… -Alzó las manos en señal de derrota-. La cosa pinta mal, Kristen, muy mal.
– No. -Kristen flaqueó y notó que Aidan le pasaba el brazo por los hombros.
– Sí -dijo muy serio el señor Poore-. Owen ha salido a ver qué ocurría y también ha recibido algún golpe, pero no está tan mal. En cuanto he oído los gritos he llamado a la policía, pero esos hombres se han largado corriendo. -Sacudió su cabeza de bola de billar-. Vincent no tenía buen aspecto, para nada. Se lo han llevado al hospital.
– ¿Sabe a cuál? -preguntó Aidan. Su voz denotaba serenidad; había adoptado el tono de un policía formulando preguntas. Aquello le proporcionó a Kristen el ánimo suficiente para mantenerse en pie.
– La policía ha dicho que irían al hospital del condado.
Aidan atrajo a Kristen con fuerza y la obligó a erguirse.
– Vamos, Kristen.
Miércoles, 25 de febrero, 14.15 horas
Aidan entró con ella en el hospital y aguardó en silencio mientras Kristen le preguntaba a una enfermera dónde podía encontrar a Vincent. La siguió hasta el ascensor y pulsó el botón de la planta de cirugía sin pronunciar palabra. Cuando ella salió del ascensor y vio a Owen sentado solo en la sala de espera, Aidan se hizo a un lado y se limitó a observar.
Kristen avanzó hasta el extremo de la sala donde se encontraba Owen y ocupó el asiento contiguo. Se lo veía envejecido. Envejecido, cansado y súbitamente débil. La culpa que sentía se mezclaba con la ira y el miedo y no estaba segura de que fuese capaz de hablar.
– ¿Estás herido? -susurró. Él negó con la cabeza.
– Vincent… -Owen dejó la frase inacabada mientras trataba con todas sus fuerzas de tragar saliva. Apartó la mirada-. Él nunca le ha hecho daño a nadie; nunca. Era el hombre de mejor corazón que he conocido en mi vida.
Kristen le aferró el brazo.
– ¿Era? Owen, háblame. -Owen no reaccionó y Kristen le tiró del brazo con más fuerza-. Maldita sea, Owen, dime si sigue con vida.
Owen se volvió con lágrimas en los ojos.
– El cura ha estado con él.
Kristen sintió como si acabaran de propinarle un puñetazo en el pecho.
– Dios mío…
Ambos guardaron silencio. De pronto, Kristen oyó unos compases del Canon de Pachelbel procedentes de su bolso. Sacó el móvil y vio que no aparecía ningún número en la pantalla.
– Eh, señorita. -Una mujer que leía el Cosmopolitan la miraba con desagrado-. Aquí dentro no se puede utilizar el móvil. ¿Es que no ha visto el cartel?
Helada por el espanto, Kristen se llevó el teléfono al oído.
– ¿Diga?
– ¿Aún no tiene la respuesta? -Era la voz de un hombre.
Por dentro temblaba, pero por fuera parecía serena.
– ¿Quién es?
– Responda sí o no, señorita Mayhew -dijo la voz en tono burlón-. ¿Tiene la respuesta?
Owen le hacía señas a la señora del Cosmopolitan para que se callara.
– No -respondió Kristen-. No tengo la respuesta.
– Muy bien -dijo la voz-. Pues dese prisa. La próxima vez no nos ocuparemos de ningún viejo, iremos por alguien muy joven. -Y colgó.
«Alguien muy joven… Rachel.»
Kristen, aterrorizada, miró el reloj. Al cabo de un cuarto de hora las clases terminarían y Rachel se encontraría sola. «Porque Aidan está aquí, conmigo.» Dirigió la vista a la pared en la que lo había visto apoyado, pero ya no estaba allí. Frenética, lo buscó hasta encontrarlo junto a un teléfono, cerca de la zona de enfermería. Corrió hacia él.
– ¿Dónde está Rachel?
Aidan colgó el teléfono con calma.
– Con Sean. Está bien, Kristen.
Notó que le flaqueaban las piernas y Aidan la sujetó por los hombros.
– ¿Seguro? -La voz le temblaba pero le daba igual-. Me han dicho que la próxima vez irán por alguien muy joven. En la primera persona que he pensado es en Rachel y… -Se le hizo un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Aidan la atrajo hacia sí y le dio unas palmaditas en la espalda mientras ella se estremecía y trataba de contener lo que parecía un torrente de lágrimas.
– Llora si quieres -susurró él-. Ya sabes que tengo dos hermanas.
Kristen se aferró a su sudadera y se contuvo.
– Creía que eran ellas las que tenían tres hermanos -dijo entre dientes, y notó que Aidan se reía en silencio.
– Todo depende de cómo se mire. Desde mi punto de vista, has tenido una mala semana. Si quieres llorar, estás en tu derecho.
Ella apretó los dientes.
– No voy a llorar.
– Entonces no necesitarás esto.
Le puso un pañuelo de papel en la mano y ella se dio unos toquecitos en los ojos lo más furtivamente que pudo. Se retiró y respiró hondo.
– Gracias. ¿Cuándo has llamado a Sean? Has estado conmigo todo el tiempo.
– Cuando estábamos abajo, mientras tú hablabas con la enfermera.
– Pero ¿cómo es que no te he oído…?
Aidan sacó el móvil.
– Le he mandado un mensaje. También le he enviado uno a Abe, pero está fuera de cobertura. He llamado a Spinnelli desde el teléfono de la zona de enfermería para explicarle lo sucedido. Tiene un equipo dedicado exclusivamente a los casos de amenaza, Kristen. Cogerán a la persona que ha herido a papá y a tu amigo.
– Es cosa de Conti -dijo muy seria-. Estoy segura.
– Y yo también. Pero Abe tiene razón. Mientras no tengamos pruebas, estar seguros no nos sirve de nada.
Kristen se volvió con disimulo a mirar a Owen. Seguía sentado allí solo.
– Tengo que volver junto a él.
Aidan le respondió con una sonrisa y ella le dio un golpecito en el brazo con timidez.
– Gracias; de verdad.
Aidan enrojeció.
– No hay de qué. Ve con tu amigo.
– ¿Está bien la chica? -preguntó Owen cuando Kristen volvió a su lado.
– Sí.
Él se arrellanó en la silla, aliviado.
– Menos mal. Parece una buena chica.
– Owen, lo siento mucho. Tendría que haberos avisado a ti y a Vincent. Me siento responsable de lo ocurrido.
Owen frunció los labios.
– ¿A ti también te han amenazado?
– El domingo por la noche entró un hombre en mi casa. -Owen palideció y le cogió la mano-. No me hizo nada -explicó ella-. Estoy bien, Abe lo ahuyentó. Pero el hombre me dijo que si no entregaba al asesino, las personas que me importaban morirían. Tendría que haberos avisado. Lo siento.
– Podrían haberte matado -dijo él con gravedad-. Dios mío. ¿A quién más han agredido?
– Han amenazado a mi madre.
El rostro de Owen denotó sorpresa.
– Pensaba que tus padres habían muerto.
– Mi madre tiene Alzheimer. No… no me reconoce. Voy a verla tan a menudo como puedo, pero mi padre no me deja que la traiga aquí. No le han hecho nada. Solo la han amenazado.
– ¿Y a quién más, Kristen? ¿A quién más han agredido?
– Al padre de Abe. Le dieron una paliza, como a Vincent. -Los labios empezaron a temblarle y los apretó con fuerza-. Pero está bien. Pobre Vincent.