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Depredador Oscuro

Электронная книга - «Depredador Oscuro». Краткое содержание книги:

Un millar de años en un mundo gris han convertido a Zacarías de la Cruz en un experto ejecutor, un depredador tan oscuro y brutal como los vampiros a los que ha perseguido todos esos siglos. Su vida se ha convertido en un sinfín de batallas contra el mal que lo han convertido en un ser inflexible y inmisericorde de alma endurecida. Por fin, su salvaje travesía ha terminado. Zacarías ha conseguido proteger a su raza y todos sus hermanos disfrutan de la paz y la seguridad queél les ha procurado, incluso a riesgo de perder su propia cordura. Ahora Zacarías, que ya no tiene a quién perseguir, se pregunta, por primera vez en su vida, quién esél en realidad. La respuesta lo aguarda en Perú, su propia tierra, donde se encontrará con una traición inesperada, con la venganza de un viejo enemigo, con las inevitables consecuencias de un sanguinario legado familiar, y, quizás, con la compañera perfecta para el reposo del guerrero.
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Lea gritó y comenzó a sacarse la suciedad de su cabello. DS maldijo a Esteban y dio un salto, tratando de aferrarse a los bordes de la fosa. Esteban le rompió los dedos con la pala y siguió empujando histéricamente la tierra sobre todos ellos. DS, lleno de rabia, cogió a Lea envolviendo sus manos alrededor de su garganta y comenzó a estrangularla, cortando sus gritos, sacudiendo a medida que aumentaba la presión.

Margarita consiguió mover sus pies debajo de ella, hundiendo su mano en el profundo bolsillo de su falda, sacando el cuchillo. Arrojó la envoltura lejos, intentando no ver a las arañas arrastrarse por todas partes, corriendo por su brazo y aferrándose en su pelo. Ella tropezó hacia DS, sintiendo a las arañas crujir debajo de sus pies. Su estómago saltó. La tierra llovía sobre su cabeza y sus hombros. Tuvo que limpiar sus ojos para sacarse la arena. Se mantuvo centrada enteramente en DS, haciendo un túnel con su visión, sabiendo que tenía momentos antes de que él matara a Lea. Le tomó tres pasos, cerrar la distancia, insegura de donde hundir el cuchillo. Estaba de espaldas a ella y nunca había considerado tener que matar a otro ser humano.

Él es el mal.

La voz estaba totalmente en calma. Goteaban carámbanos. Ella se acercó más. Lea tenía los ojos desorbitados. Su rostro era de color rojo escarlata. Los dedos se hundieron profundamente, cortando aire. Otra lluvia de tierra se vertió sobre ellos, a la derecha sobre la cabeza y los hombros. DS no aflojó a su presa ni por un instante.

Margarita respiró hondo. La fuerza se vertió en ella. Hundió el cuchillo tan duro como pudo, con cada onza de miedo que había en ella, lo condujo a través de su piel y músculo, hasta el fondo en los riñones de DS.

Gire la hoja. La orden fue dada con una voz calmada.

Presionó los labios, e hizo lo que Zacarías le indicó. Fue mucho más difícil de lo que pensó que sería, incluso con tal poder atravesando su cuerpo.

Ahora sáquelo.

Ella sabía que la sangre se derramaría al sacar la hoja. Ella estaba matando a este hombre. Tragando saliva, obedeció. La sensación de la hoja cortando la carne era horrenda, sensaciones que sabía que nunca olvidaría, pero torcerlo y luego quitarlo era mucho peor. Ella dio un paso atrás, asfixiándose con la bilis.

DS se puso rígido. Sus ojos se agrandaron cuando volvió la cabeza para mirarla. Sus manos se alejaron de la garganta de Lea. Lea deslizó hasta el suelo cubierto de arañas del agujero, tosiendo, desesperada por aire. DS se tambaleó hacia atrás, dio media vuelta hacia Margarita. Alargó una mano hacia ella cuando Esteban lanzó otra palada de tierra sobre ellos.

Margarita caminó alrededor de DS, y tiró del brazo de Lea. Tenía que levantarla. Sabía que tenía que poner a Lea sobre sus pies o nunca saldrían de la tumba. No podía correr el riesgo de que la tierra las encarcelara.

Lea se tambaleó en sus pies en el momento exacto que DS se sentó bruscamente. Él alzó la vista a ambos con el shock sobre su cara. Margarita se dio cuenta que todavía tenía el cuchillo y casi abrió la mano para dejarlo caer. Guárdelo. Usted puede necesitarlo. Esteban intensificó las paleadas con tierra. Usted puede ayudarse a salir del agujero. Ella quería salir desesperadamente. DS se moría delante de ella. Las arañas fluyeron encima de su cuerpo, cubriendo cada pulgada de él hasta que ella no pudo ver su cara. Era como una escena de una película de terror. Ella no podría mirarlo-o las arañas. Ella miraba hacia arriba a Esteban. Tal vez Lea pudiera llegar a él.

Esteban parecía decidido a enterrarlos vivos, de enterrar a las arañas. Mirándolo, pensó que no había muchas esperanzas. Tenía una extraña expresión con la boca abierta y sus movimientos se había vueltos mecánicos. Lea abrió la boca para gritar, tosió y se agarró a la garganta.

Margarita negó con la cabeza, advirtiéndole que permaneciera en silencio. Algo estaba terriblemente mal con Esteban. No parecía que supiera siquiera lo que estaba haciendo. Mientras empujaba la tierra de nuevo al pozo, se encontró que si se ponía a un lado y permitía que la tierra se apilara más alta, creaba una salida para ellas. Temía que si Lea lo distraía, podría tratar de encontrar otra forma de matarlas.

Con el tiempo algunas de las arañas se dirigieron a la superficie. En vez de dispersarse, se arrastraron hasta Esteban. Él no parecía darse cuenta siquiera.

Llenó su pala y arrojó el polvo y regresó por más como un robot. Las arañas se movieron sobre sus botas y piernas, un flujo constante de ellas, silencioso y en sigilo, un número cada vez mayor. A su lado, Lea contuvo el aliento y agarró el hombro de Margarita.

"Tengo que advertirle," susurró ella, las palabras apenas audibles. Su voz sonaba ronca y de inmediato tuvo otro ataque de tos.

Margarita negó con la cabeza, temiendo que Esteban intentaría golpearlas en la cabeza con la pala. No podía imaginar tratando de apuñalarlo. El cuerpo de DS se vino abajo, una acción en cámara lenta que llamó la atención, a pesar de su determinación de no mirar. Las arañas parecían ser una manta en movimiento con una segunda corriente constante escalando el hueco para trepar sobre Esteban. Su estómago se sacudió y ella se alejó de la horrible visión.

Esteban de repente frunció el ceño y se miró a sí mismo. Las arañas ya estaban subiendo por su cuello y cara. Cada parte de su cuerpo estaba cubierto, sobrecargado por la enorme masa de cuerpos pequeños. Cientos o miles daban vueltas. Dejó caer la pala y gritó. En el momento en abrió su boca, las arañas se metieron, corriendo por su garganta, abarrotándose adentro, llenando sus ojos y su nariz. Esteban cayó de espaldas, su talones golpeando contra el suelo.

Detente. Tienes que parar. Lo estás matando.

Por supuesto que sí. Zacarías estaba tan tranquilo. ¿Creías que permitiría que un hombre así viviera?

Él es hermano de Lea.

Ella está mejor sin él. Tengo que descansar. Alerta a Cesaro.

Él ya había desestimado a Esteban de su mente. Sabía que era inútil discutir, pero lo intentó de todos modos. No tenemos el derecho de tomar su vida. Es un asesinato.

Él trató de matarlas a las dos. Permitió que su amigo las golpeara tanto a usted como a su hermana y él se habría mantenido al margen y permitido que su hermana-y posiblemente usted fueran violadas antes de ser asesinadas. No voy a discutir con usted.

Él se había ido. Ella sintió la pérdida de inmediato. Después de estar llena con él, el aislamiento, la sensación de estar completamente sola era abrumadora.

Afortunadamente, Esteban salió de la vista y el continuo golpeteo de las botas se desvaneció en el silencio. Las arañas habían abandonado tanto a Lea como a Margarita por los dos hombres, dejando a las mujeres un poco aturdidas, confusas y un poco enfermas.

"Tenemos que salir de aquí", dijo Lea con su voz ronca. Las lágrimas corrían por su cara hinchada. "Tenemos que ayudarlo".

Margarita limpió la sangre de DS de la hoja y puso el cuchillo en la vaina, metiéndoselo en el bolsillo por si acaso. Escupió para asegurarse de que no tenía arañas en la boca y inclinó la cabeza hacia abajo y la sacudió, pasando sus manos a través de la masa espesa para asegurarse que habían desaparecido de su pelo, también.

Ella se subió a la pila de tierra que Esteban había hecho. Había una pequeña raíz serpenteada justo encima de su cabeza y tiró de ella de forma experimental. Parecía aguantar. Ella la agarró y tiró con fuerza. Lea se movió y entrelazó los dedos para darle a Margarita un punto de apoyo. Margarita levantó la cabeza sobre el borde con cautela. El cuerpo de Esteban, estaba igual que el de DS, había una manta en movimiento pululando sobre él.

Se tragó la bilis y trato de encontrar un lugar en el borde del agujero para agarrarse. Le tomó un esfuerzo levantarse. No se había dado cuenta de lo débil que estaba después de que la adrenalina se había evaporado. Se sentía agotada, su cuerpo demasiado pesado para moverse. Se dejó caer sobre su estómago y se arrastró fuera del borde, luchando por no llorar. Ella y Lea tenían un largo día por delante y un montón de preguntas por responder. Había matado a un hombre. Todo lo que quería hacer, era llorar.

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