Un Puerto Seguro
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
La mordió gentilmente, forzándola una vez más fuera de terreno conocido a otro reino, los pequeños mordiscos causándole destellos de calor y flechas de dardos de placer recorriéndola ávidamente por todo el cuerpo. Sus muslos lo agarraron más fuerte a su alrededor y sus caderas empezaron a elevarse impotentes.
La agarró por la cintura y la levantó.
– Despacio esta vez, Hannah. Deslízate hacia abajo y cabálgame. -Se negó a dejar que se empalase con dureza y rapidez como quería, alargando el placer, forzándola a ir despacio.
– Jonas. Por favor.
Las suaves súplicas hicieron crecer su ya grueso miembro con pulsante sangre caliente. Sintió cada músculo sedoso mientras empujaba con torturadora lentitud entre sus calientes pliegues. Estaba tan apretada que lo tenía jadeando, las ondas de choque le recorrían el cuerpo, rompiendo a través de él, pidiendo la liberación, pero la sostuvo por las caderas, levantándola con exquisito cuidado y moviéndose en ella con un ritmo casi lánguido hasta que Hannah estuvo sollozando su nombre, rogándole más.
– Dime lo que quieres, nena -susurró-. Te gusta esto. Lo sé. ¿Quieres algo más?
Oh, Dios. Necesitaba. Lo necesitaba salvaje. Estrellándose contra ella, bombeando en ella hasta conducirla más allá del borde. Hannah necesitaba la liberación y cada pequeño golpe enviaba látigos de luz a través de su cuerpo, cada terminación nerviosa cantaba y ardía y se desesperaba por más.
– Por favor, Jonas, no puedo soportarlo más. No puedo. -Porque ardería en llamas antes de que tuviera oportunidad de romperse. O se rompería antes de estallar en llamas. De cualquier modo tenía que conseguir la liberación.
Sin advertencia, rodó sobre ella, deslizándola bajo él, fácilmente, suavemente, elevándole las piernas sobre los hombros, las manos en sus caderas para mantenerla quieta. El primer empuje fue un rayo de puro fuego, su pene duro acero, clavándose en sus pliegues hinchados y sensibles, entrando profundamente, tan profundamente que Hannah pensó que había alcanzado su matriz. Se oyó gritar, un desigual grito jadeante, pero él se estaba retirando y golpeando en casa otra vez.
No había manera de controlar el placer, se volvió loca, rindiéndose a él mientras Jonas empujaba en su cuerpo con golpes duros, desesperados. Le empujó las rodillas hacia atrás, acercándole más las caderas bajo él, dándole un mejor ángulo para entrar más profundo, dirigiéndose contra nudos de nervios que gritaban con sensaciones ardientes. Se retorció bajo él, las caderas elevándose, la cabeza moviéndose violentamente, los músculos apretándose alrededor de él, agarrándolo duramente.
Susurró contra su cuello, la boca rozó la suave piel, su voz era un gruñido áspero que dejaba más calor sobre ella. La tensión crecía y crecía, y todavía entraba en ella, tomándola en un vuelo interminable. Ella se movió, clavándole las uñas profundamente en los hombros, sus pequeños gritos volviéndose frenéticos. Jonas era implacable, impulsándola hacia arriba pero nunca por encima, llevándola hasta el borde hasta que ella le arañó, implorando otra vez.
Jonas apenas podía aguantar con su vaina pulsando a su alrededor, tan apretada y resbaladiza que se sentía como si se estuviera moviendo en una ardiente cama de seda. Lo estaba estrangulando, tan caliente que se estaba derritiendo, pero no pararía, no la llevaría sobre el borde hasta que ella supiera… hasta que estuviera segura.
– ¿A quién… -jadeó. Apretó los dientes mientras el cuerpo de ella sujetaba el suyo- perteneces? Dilo, Hannah. Dime que eres mía.
– Jonas. -Su nombre salió con un gimoteo. Trataba de levantar las caderas para encontrarse con él, pero sus manos la sostenían apretadamente, manteniéndola sujeta mientras su cuerpo torturaba al suyo con placer-. Tú. Tú, idiota. Nunca ha habido nadie más. -La mano se curvó alrededor de su cuello-. Oh, por favor, Jonas. No creo que vaya a sobrevivir.
La completa lujuria en su voz, sus gritos suplicantes, le condujeron tan lejos de su control que no se podría haber refrenado aunque hubiese querido. Se movió sutilmente, el movimiento meciéndola, mientras su miembro la llenaba, enterrándose profundamente, hinchándose, la fricción aumentando hasta el punto en que ella simplemente se fragmentó, su cuerpo se deshizo bajo él. Su propio cuerpo se sacudió con un duro tirón, el placer bordeando el dolor mientras se derramaba en ella con su liberación. Todavía sus músculos no le dejaban irse, no dejaban de agarrarlo, estrujando hasta la última gota.
Se desplomó sobre ella, enterrando la cara en su cuello, las manos encontraron las suyas y las mantuvieron en el colchón a ambos lados de su cabeza.
– Te amo, Hannah. No podré volver a casa por la noche sin tenerte en mi cama. -Frotó la cara sobre sus senos, acarició un pezón con la nariz y lo atrajo a su boca, sintiendo su cuerpo apretarse a su alrededor. Lo lamió, mirando su cara, mirando el placer derramarse sobre ella-. Quiero esto. Te quiero. Han sido tantas malditas noches, largas y vacías sin ti, nena, largos años esperándote. No quiero esperar más.
Era difícil pensar con claridad cuando su cuerpo estaba tan profundo en el de ella y su boca estaba sobre la suya, enviando dardos de fuego desde sus pezones a su ingle. Le daría cualquier cosa, haría cualquier cosa. Él tenía que saber eso. ¿Por qué no lo sabía?
– Quiero estar contigo también, Jonas. Todo está confuso ahora, pero…
– No habrá peros, Hannah. -Jonas chupó el tierno montículo de su curva, justo encima de su pezón.
– ¿Qué estas haciendo? -Trató de levantar la cabeza para ver, pero la estaba sujetando y su cuerpo estaba demasiado relajado para moverse. Más que nada no quería que se saliera, adoraba la sensación de él enterrado en su interior. Entrecerró los ojos suspicazmente-. Será mejor que no pongas otra marca en mí.
La besó en los labios, metiéndole la lengua en la boca.
– Odio ser el que te lo diga, nena, pero tienes marcas por todas partes. Mis huellas y mi boca están en el interior de tus muslos y tus pechos, y tu vientre. -La besó otra vez-. Mía.
– Eres tan posesivo. -Le devolvió el beso. Mordió su labio inferior-. He dejado unas pocas marcas propias para demostrarte a quién perteneces.
Jonas le lanzó una pequeña sonrisa y rodó fuera de ella poniéndose de espaldas, reteniendo la posesión de su mano. La atrajo a su boca y mordisqueó las puntas de los dedos.
– No quiero una gran boda elegante como la que tus hermanas están planeando. Quiero hacerlo rápido, enseguida, sin periódicos ni revistas merodeando.
Giró la cabeza para mirarlo, su corazón latía fuertemente.
– ¿Crees que me voy a casar contigo?
– Maldición, claro que lo harás. No soy ningún juguetito, Hannah.
Se echó a reír ante su tono arrogante.
– Y yo que pensaba que iba a tener tanta diversión. -Se inclinó y le pellizcó el lóbulo de la oreja-. La mayoría de los hombres preguntan.
– Acabas de decir que no. Ya has dicho que no.
– No lo hice. Dije más tarde, no es lo mismo. -Se puso de lado y le pasó los dedos por el pelo-. Cuando iba a tu casa y jugaba a disfrazarme, tu madre y yo hablábamos sobre bodas. Las niñas pequeñas adoran las bodas y yo no era la excepción. Dijo que si alguna vez te casabas, la celebraría aquí, en esta casa, y todos vendrían vestidos como en los años 20. Pondría una sala de baile clandestina [1] para la recepción, en tu salón de baile. Me mostró los vestidos y entonces nos disfrazamos y tomamos el té. Deberíamos hacer eso.
[1] Se refiere a las tabernas clandestinas de los años 20 durante la prohibición de venta de alcohol en Estados Unidos.